3. A los chismosos se le corta la lengua.

2808 Words
Tengo la necesidad de hablar con Bluee, aquel chico que al parecer me odia, pero es el único que me puede sacar de esta olla de secretos. Necesito que él me diga qué es lo que me pasó. Sé que lo sabe y haré lo que sea para que me lo diga. Necesito respuestas, saber con exactitud por qué no debe hablar conmigo, por qué no debe decirme nada, por qué se comportó así aquel día. Hoy tengo de nuevo terapia, es decir que visitaré la clínica y hablaré con él a como dé lugar. No me importa qué deba hacer, pero no saldré de allí sin respuestas. —Faith, ¿estás lista? Tu mamá te espera —me sobresalto al escuchar la voz de Eva. Me doy la vuelta en la silla y entro de nuevo a la habitación, cerrando la puerta del balcón de paso. Estaba recibiendo el aire fresco desde el balcón. Necesitaba respirar y despejar mi mente. —Claro, vámonos —ella sonríe y me empuja hasta el ascensor. Bajamos las dos hasta la sala y veo bajar a mi padre por las escaleras mientras se hace el nudo de la corbata. Le sonrío. —¿Me acompañarás? —pregunto entusiasmada. Víctor baja la cabeza, apenado y sé que no lo hará. Mi sonrisa se desvanece. Últimamente deseo que estén cerca de mí, deseo que me acompañen a cualquier lugar. Los necesito. Es como si la conexión fuera más fuerte ahora. —Lo lamento, Faith. Ni siquiera Bárbara podrá hacerlo. —¿Qué? —Tengo una junta muy urgente en Seattle y el vuelo tarda un poco y tu madre debe arreglar un problema en la sucursal. ¡Eva te acompañará! Se llevan muy bien —termina de bajar las escaleras y llega hasta mí. Se agacha hasta mi estúpida altura. Trata de despedirse, pero me niego. —Ya vámonos, Eva. Sé que estoy exagerando, que están ocupados, que deben ocuparse de su trabajo, que no pueden dejarlo a la intemperie, pero también soy su hija, también los necesito, también soy importante. Soy su única hija, atrapada en una maldita silla de ruedas y a la cual no pudieron hablarle por un año. La misma me empuja hasta el porche. Me baja por la nueva rampa y me lleva junto a mi madre que habla con alguien. —Faith, debes saber que... —Sí, no me acompañarán —la interrumpo. La mujer que hablaba con mi madre, emite un sonido con su garganta para hacerse notar. Es alta, bien parecida y todo en ella grita lujo. Me mira demasiado, lo cual es extraño. —¡Oh, Faith! Ella es Katherine, una muy buena amiga. De hecho, vive en uno de los vecindarios vecinos. Katherine me sonríe reluciendo su blanca dentadura. —Ya nos conocemos, pero por obvias razones no me recuerdas. Estoy realmente feliz al saber que estás bien. —Es un gusto —me limito a decir—. Creo que ya debo irme. Eva por favor, ayúdame a subir. Aunque amaría hacer amigos —de mi edad— no estoy de ánimos para socializar. Así lo hace hasta que con ayuda del chofer logran subirme al auto. Cuando éste va a arrancar me despido de mi madre y veo cómo Katherine me mira suplicante. Es totalmente extraño es como si temiera por mí, pero la pregunta es ¿por qué? No la conozco, al menos no la recuerdo, ¿a qué le teme ella? —¿Te encuentras bien, Faith? —pregunta Eva a mi lado. Había olvidado por completo su presencia. —Sí, nada importante. —Sé que no esperabas mi compañía, pero debe entender que es mi trabajo. —No eres tú, Eva. Sabes que me caes muy bien. La cosa es que estoy empezando a caminar, en cualquier momento puedo hacerlo completamente y quisiera que ellos estén ahí cuando pase —explico refiriéndome a mis padres. —Lo sé, pero dale tiempo. En serio ellos están felices de estar contigo, pero son personas muy ocupadas. No digo que nunca tendrán tiempo para ti, pero comprende. Con un suspiro finalizo la conversación y me limito a mirar por la ventana. Sé que son personas ocupadas, sé que tienen que trabajar, pero son mis padres, son mi familia, son todo lo que me queda. No recuerdo nada, no sé nada de mí y tenerlos cerca me ayudaría un montón, sobretodo en esta transición. —Señorita Faith, su madre quiere que de regreso hagamos una pequeña parada —escucho la gruesa voz de Arturo, el chofer así que salgo de mis pensamientos. —¿A dónde? —pregunto. —Quiere que haga algunas compras, claro, con la compañía de Eva. —¿Por qué haría yo las compras? —pregunto extrañada mientras lo miro por el retrovisor. —No sé, tal vez para salir del encierro —esta vez es Eva quién habla. —Está bien. Arturo asiente y sigue conduciendo. —Es un verdadero placer volverte a ver, Faith —el saludo del doctor Jason me hace sacar una sonrisa. —Gracias. He estado muy ansiosa por venir, como la última vez logré caminar unos segundos... —Sí, debes estar emocionada. —¡Oh! Ella es Eva, trabaja para la familia. Me acompaña pues mis padres no pudieron asistir —Eva saluda al doctor con un estrecho de manos. —¡Comencemos! —exclama el doctor. Empieza a hacer lo debido, a darle movimiento a mis piernas y masajes como método para estimular el movimiento. Cuando lo hace no siento nada, es como si no estuvieran allí, es un vacío que hay en mi cuerpo, pero sé que en el fondo sí están allí y pronto las utilizaré, al menos eso espero. Al cabo de una hora terminamos, el doctor me recomendó unas vitaminas para fortalecer mi cuerpo y junto a Eva salimos del consultorio. Al salir veo a varias enfermeras con un pequeño lazo n***o en sus uniformes y con flores, ¿qué está pasando? —Eva, ¿qué es todo esto? —No lo sé, Faith. Juntas bajamos a la primera planta donde hay aún más alboroto. Hay una especie de mesa con flores y fotografías que no estaban allí cuando entré, también hay velas. Es como un santuario o algo así, además el ambiente se siente pesado y tenso. —Creo que alguien murió. Eva me sigue empujando hasta llegar a la mesa. Mi corazón se paraliza y mis ojos se abren de par en par al ver al hombre de la foto. Es blue. Justo debajo de la foto están las iniciales RIP. ¡Oh por Dios! Murió, Blue murió, justo cuando me dice que soy peligrosa y sin embargo insistí en acercarme a él, muere. Justo cuando yo llego. Justo después de hablar conmigo, justo después de no valorar su vida. —No puede ser... No puede estar pasando —susurro e inexplicablemente los ojos se me llenan de lágrimas. Eva se agacha a mí altura y me mira aterrada. —¿Era tu amigo? ¿Quién es él? —pregunta aterrada. Por qué ahora, por qué cuando me había decidido a sacarle la verdad. Era el único que podía ayudarme. El único...Escucho pasos acercarse y me doy cuenta que es Cesar, mi viejo amigo Cesar. El hombre de seguridad del lugar. —¿Faith, te encuentras bien? —Cesar agarra mi mano y le da un suave apretón en forma de apoyo. —No puedo creer que esté muerto... No él... No. Ni siquiera puedo hablar fluido, además de que no sé por qué me ha afectado tanto. Siento un apretón en el pecho como si le faltara oxígeno a mí cuerpo. Necesito salir de aquí. El lugar se está haciendo más pequeño, las paredes se están cerrando y el aire me falta, definitivamente el aire me falta. —Lo sé, Faith. Él era un buen muchacho. —¿Qué le pasó? —Lo mataron, de la peor manera. —Perdón que me meta, pero si era un buen muchacho, ¿quién querría hacerle daño? —la voz de Eva se vuelve a escuchar después de un tiempo. —No lo sabemos. Fue muy horrible. Lo acuchillaron cómo a un animal y le cortaron la lengua. Mi mano cubre mi boca para evitar que salga un gemido de asombro. ¡Dios mío! —Quiero irme de aquí, Eva, vámonos. Siento la silla moverse y yo sólo pienso en los ojos extremadamente azules de Blue y cómo debieron salirse de órbita al estar cortándole su lengua. Cómo debió suplicar para que dejaran de acuchillarlo. Cómo se debió aferrar a la vida mientras agonizaba. Inexplicablemente mis manos empiezan a temblar, pero por alguna razón no puedo dejar de pensar en sus expresiones y sus movimientos al morir. Nos subimos al auto y arrancamos. No creo que pueda volver a esta clínica por ahora. Miro los autos pasar por la ventana. Las personas hablar por teléfono o incluso discutir con otras en la calle. Houston es un lugar donde el crimen es bastante movido, sin embargo, se vive bien, pero la muerte de Blue me está matando a mí también. Cierro los ojos para tratar de olvidar esas espeluznantes imágenes de mi cabeza. Por obvias razones no hicimos tales compras. No logro relacionar el chico delgado y guapo que era Blue con las imágenes atroces de él que ahora están en mi mente y que no puedo sacar. ¿Qué debió hacer tan malo para tener que pagar esas "consecuencias”? No puedo olvidar su rostro descompuesto por la ira al verme en el área de odontología, aquel día. Fue muy aterrador. Vi una cara completamente distinta a la de él. Como si debajo de sus ojos azules y su rostro pálido, pero bello se escondía un hombre cruel, buscando oportunidades para salir a la luz y desgraciadamente fui yo quién lo vio en la luz. El auto se detiene en un semáforo, así que me quedo observando las personas en la acera, dispuestas a cruzar la calle. Me llama la atención una niña, de aproximadamente cinco años, es de baja estatura para su edad, su cabello es n***o, como la noche y en él descansan dos coletas, una a cada lado de su cabeza. Lleva un vestido color rosa pálido y unos pequeños zapatos que parecen de muñeca. Está de la mano de alguien, pero ninguno de los dos, cruza la calle. Al verme me sonríe sin mostrar sus dientes. Me permito observar a la persona que la acompaña, deslizo mi mirada desde su mano entrelazada con la de la niña, hasta su rostro, el cual no deja ver. Me sorprendo al ver al hombre. Está vestido completamente de n***o y una capucha cubre su cabeza. En su cara hay una máscara, completamente blanca y unas letras descansan en la frente de ella. ¿Pero qué mierda es eso? Se me queda mirando fijamente por lo que parecen horas. Me doy cuenta que nadie más se percata de aquel hombre, es como si fuera completamente invisible. Mi corazón vuelve a palpitar fuertemente y mis manos vuelven a temblar. Estoy consciente de lo aterrada que estoy, pero no puedo despegar mis ojos de los suyos. El hombre levanta su mano y me saluda con ésta de forma macabra. ¿Por qué me saluda? ¿Por qué tiene a esa niña?. Debo hacer algo, tal vez la niña está con él en contra de su voluntad, pero las palabras no me salen de la boca para que hagan algo al respecto mis acompañantes. Se agacha a la altura de la pequeña, le dice algo y me señala. Esta vez se me paraliza el órgano en mi pecho. Me ha señalado, a mí. ¿Acaso me conoce? ¿Por qué carajos me ha señalado a mí? La niña me vuelve a sonreír dejándome ver su dentadura faltante. Me asusto aún más al ver que no tiene ni un sólo diente. ¡Dios mío! En ese instante el auto arranca. Rápidamente volteo a ver a Eva, la cual ni se inmutó de lo que pasó. Está perdida en sus pensamientos. El chofer tiene su vista fija en la carretera sin prestar mucha atención a lo que pasa a su alrededor. ¿Quién era ese hombre? Y por qué me saludó. Fue tan macabro y espeluznante que aún tiemblo. Es una sensación tan aterradora que no quiero volver a sentir. Al cabo de diez minutos más puedo observar el letrero de mi exclusivo vecindario. Ahora me permito observarlo mejor puesto que debo recorrerlo todo hasta llegar a mi alejada casa. Ahora me siento en paz y protegida. Estoy más tranquila. Las casas son muy bellas y todas son estilo victoriano, además de que todas están cerradas y no hay ninguna persona afuera en el jardín o paseando su perro. No, no hay nada así, es como si cada quién viviera su propia historia por separado sin tener en cuenta las personas que lo rodean o simplemente quieren su privacidad y yo sólo exagero. Sea lo que sea, no me gusta tanta soledad. Poco a poco me vuelvo a conocer a mí misma. Como aquel día cuando descubrí que no soy muy amante de los vegetales y las verduras o que realmente detesto el color amarillo. El auto se detiene frente a la casa. Hacen el mismo proceso, el cual me está cansando, para bajarme y me empujan hacia adentro. Al entrar, silencio me recibe, sólo se escuchan vagos sonidos en la cocina y nada más, además de que la casa está en penumbra, de nuevo. —Faith, debo hacer mis quehaceres así que me retiro, ¿la llevo a su habitación? —No, Eva, estoy bien. Puedes irte. Al quedarme sola decido inspeccionar mi hogar en la incomodidad de mi silla. Decido acercarme a ese pasillo oscuro que está justo más adelante. Esperándome. No lo había visto, sino hasta dos días después que llegué puesto que pasé en mi habitación, pero cuando lo vi, no me gustó para nada, aunque una parte de mí, una pequeña parte quería adentrarse en él. Dejar que los escalofríos y la oscuridad me llenara por completo. Me dirijo hasta él y lentamente me desplazo. En las paredes hay fotografías, de mi madre y algunos cuadros decorativos. Me detengo al ver una donde estamos todos juntos. Mi padre tiene una mirada cálida mientras agarra la cintura de mi madre. Ella, en cambio tiene una mirada imponente y regia. Yo, me veo feliz acompañada de mis padres, llevo puesta una ropa que no pensé que me podría poner y me sorprendo al tener, de cierta manera, la misma mirada de mi madre. Sigo avanzando ignorando aquel cuadro, hasta llegar a una puerta. Es de madera y está completamente cerrada. La abro, dejándome ver una espectacular biblioteca. Es inmensa y está llena de grandes estantes con muchos libros. Es impresionante, por lo que puedo observar. Acabo de darme cuenta que se ha convertido inmediatamente en mi lugar favorito de la casa. Mi corazón latió frenético y emocionado apenas abrí esa puerta. Fue una sensación que quiero volver a experimentar. Poco a poco me estoy volviendo a conocer. Me gustan los libros y eso me agrada. La puerta es un poco chica, pero con esfuerzo entro a la habitación. Tiene un escritorio con una laptop sobre él y varios papeles. Una silla y varios muebles para leer. El lugar está bien cuidado y limpio, aunque se nota que nadie entra aquí, pero eso se terminó. Quiero que este lugar sea más que la puerta al final del pasillo, la cual nadie abre. Quiero que sea valorada como todas las habitaciones de esta casa. Quiero que sea mi rincón secreto. Luego de rebuscar libros de mi interés, ahora estoy saliendo de aquí, con algunos libros para leer y adornar en mi habitación. Subo el ascensor y a los segundos ya estoy abriendo mi habitación. Como es sabido, está justo cómo la dejé esta mañana, pero hay algo distinto. Una caja pequeña descansa en mi cama. Me extraña puesto que no estaba allí antes. Dejo los libros en la mesa de noche y me acerco a ella. Es pequeña y un lazo la recorre para finalizar en un moño. La cinta es de color azul, un azul muy especial y distinto. La abro y el grito que de mi sale es bastante fuerte. ¡Por Dios! ¡Es una lengua! Y es completamente real, se nota. Se ve babosa y asquerosa y comienza a tener un olor realmente desagradable. —¿Qué es esto, Dios? —susurro para mí. Justo al lado de ella hay una nota. A los chismosos se les corta la lengua. Escucho pasos acercarse, pero no hago amague de ocultar tal atrocidad. Sólo pienso en alguien; Blue.
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