Capítulo 5— El lugar donde empezó todo

1243 Words
Capítulo 5— El lugar donde empezó todo La primera que se despertó fue Martina. Se sentó en el colchón con el pelo enredado, los ojos achinados por el sueño y el peluche apretado contra el pecho. Miró alrededor como reconociendo el lugar .Tardó en ubicarse. —¿Mamá? Clara ya estaba levantada ,Lucía ya se había ido y la medicación le hizo bien ,por lo menos no le explotaba la cabeza como antes. Sentada en el rincón, con una taza de té frío entre las manos. —Acá estoy, mi amor —dijo con voz suave.En un monoambiente de 25 metros cuadrados , se iban a ver si o si . Martina se frotó los ojos y miró todo con atención. —¿Vivimos acá alguna vez? Clara la miró. Sonrió, aunque se le rompiera el pecho por dentro. —Sí, amor. Cuando eras muy chiquita. —¿Este lugar es nuestro? —Sí —respondió mientras tragaba saliva—. Este monoambiente lo compré yo cuando todavía trabajaba como fotógrafa. Antes de que nacieras. Martina dejó caer la cabeza sobre sus piernas y cerró los ojos otra vez. Parecía tranquila, como si en ese espacio pequeño su cuerpo sintiera algo familiar. Benjamín se removió en la manta y abrió los ojos poco después. Murmuró algo entre dientes, buscó a su madre con los brazos y volvió a dormirse apenas la sintió cerca. Clara los miró a los dos. Y entonces, llegaron los recuerdos. Ese monoambiente, ahora con humedad en las paredes y olor a encierro, fue su primer refugio de libertad. Lo había comprado con su primer trabajo grande como fotógrafa.Es decir hizo la entrega después vinieron las cuotas . Fue una oportunidad, un reto para ella con un esfuerzo inmenso y una alegría que todavía podía sentirle el eco en el pecho. Tenía veintitrés años, una cámara prestada y todo por delante. Ahí vivió sola por primera vez. Ahí aprendí a hacer arroz sin que se pasara. Ahí lloró después de la primera pelea con Martín. Y ahí, también, fue donde le contó que estaba embarazada. Lo recordó como si hubiese sido ayer. Martín había llegado de la empresa que apenas estaban intentando levantar. Él hacía todo: logística, compras, distribución. Ella lo ayudaba con ideas de marketing, contactos, imagen, y con el poco dinero que podía generar con sus fotos de eventos. No tenían nada. Solo un sueño. Ese día, Clara le puso una taza de café delante, se sentó frente a él y le mostró el test de embarazo. Martín se quedó mudo. Luego la abrazó tan fuerte que la dejó sin aire y al día siguiente, su padre fue quien lo enfrentó. —Esa chica quiere atraparte con un hijo. Tené cuidado, no seas ingenuo. Vos tenias que casarte con Julieta cuando volviera de estudiar. Clara lo escuchó de casualidad. Estaba en el baño y el corazón se le cayó al piso. Los padres de Martín no me querían. Pero Martín no se quedó callado. —No vuelvas a hablar así de Clara —le gritó—. Vos no la conocés. Si vas a opinar, primero conocela. No necesitás aprobar nada, pero no te atrevas a ensuciarla y no me jodas con esa mina que ni la conozco. Esa noche, volvió al monoambiente, la abrazó y le dijo: —Si vos querés, nos casamos. No por el bebé .Porque sos la mujer con la que quiero compartir mi vida contigo.Te amo le dijo. Clara acarició el borde de la taza, volviendo a ese momento como si lo estuviera viendo en una película vieja. La boda fue sencilla. Solo por civil. Ella con un vestido blanco prestado por Olivia, su suegra, que en ese entonces le tendió la mano cuando Carlos su suegro le dio la espalda. Nunca imaginó que ese vestido le iba a quedar tan bien. Era como si hubiese sido hecho para ella. Y el día de la ceremonia, cuando Martín la vio entrar, lloró. Mis padres no vinieron,ellos eran dueños de unos tambos pequeños en campaña,tenían varias vacas lecheras y había llovido y los arroyos no daban paso . Faltaron pero siempre la apoyaron querian mucho a Martín. Ya nos habíamos reunido antes en el campo. —¿Mami, por qué no seguimos viviendo acá? —preguntó Martina desde el colchón, rompiendo el recuerdo. Clara tardó en responder. —Porque un día pensamos que necesitábamos más espacio para que vos tengas tu dormitorio y nos mudamos a esa casa grande. —¿Vos querías mudarte? Clara se quedó en silencio. —No lo sé, Marti. En ese momento… creí que sí. Pero ahora… no estoy tan segura. Martina asintió como si entendiera más de lo que debería. Luego se recostó junto a su hermano y le acarició la frente. —A mí me gusta estar acá —dijo bajito—. Aunque sea chiquito. Porque estamos con vos. Clara no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas. Ese monoambiente no tenía lujos. Pero había sido testigo de todo lo que alguna vez los unió. El lugar donde soñaron con una empresa. Donde se prometieron que todo sería “mitad y mitad”. Donde Martín le decía que no importaba el tamaño del lugar, mientras estuvieran juntos. Y ahora… estaban separados. Y ella, de nuevo ahí. Con sus hijos. Con sus miedos. Con sus fuerzas rotas… Pero con una promesa nueva: No va a permitir que ese lugar se convierta en un refugio de derrota. Va a hacerlo su nuevo comienzo. Aunque duela. El sonido del celular la sobresaltó. Clara lo tomó rápido, con el corazón acelerado. Por un segundo temió que fuera Martín. No quería escucharlo. Pero no. En la pantalla aparecía un nombre que no esperaba pero sabía que después de aquella charla su trato hacia ella cambió y para bien .Antes de nacer su nieta, Carlos le pidió perdón y ella hizo borrón y cuenta nueva. No es bueno llevar rencor en el corazón.Eso pensaba antes . Carlos. Se quedó mirando la llamada unos segundos. Carlos nunca se metía. Nunca llamaba por impulso. Si marcaba su número, era por algo. Respiró hondo, se pasó una mano por el pelo enredado y atendió. —¿Hola? La voz de Carlos llegó del otro lado, pausada, con esa calma que él usaba incluso en los peores momentos. Preguntó cómo estaban. No pidió explicaciones. No la presionó. Solo preguntó si estaba bien. Si los chicos estaban bien. Clara tragó saliva. Miró a Benjamín. Martina jugando con una botella vacía como si fuera un barco en el mar. No sabía cómo estaba,pero estaban juntos. Y eso, por ahora, era suficiente. —Estamos bien, Carlos —le dijo con la voz cansada, pero firme—. Estamos juntos. Eso es lo importante. Hubo silencio. Uno de esos silencios donde no se necesita decir nada más. Él le ofreció ayuda. Comida, dinero, lo que hiciera falta. —Gracias. De verdad —respondió ella—. Si necesito algo… voy a avisarte. Y cortó. Dejó el celular sobre la mesa, cerró los ojos y se dejó caer un segundo contra la pared. No había rabia en su corazón hacia Carlos. Ni siquiera hacia Olivia. Con ellos, nunca tuvo una guerra al revés. Pero esa llamada… esa voz paterna, tranquila, respetuosa… Le hizo doler el alma. Porque aunque no lo dijera, sabía que en esa casa también se habían roto cosas. Y ella… no pensaba volver.
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