Capítulo 13– Lo que duele, no se olvida Martín estaba sentado en el suelo del comedor. Con la espalda apoyada en la pared y las piernas estiradas frente a él. El café que se había servido una hora atrás seguía intacto sobre la mesa, frío como el ambiente de esa casa que ahora no tenía ni risas, ni pasos chiquitos, ni la voz de Clara corrigiendo a Martina. El silencio… Ese maldito silencio que se le metía en el pecho y lo ahogaba. Desde que habló con su padre, algo en él se había encendido. La esperanza, quizás. O la locura de querer revertir un desastre cuando ya estaba todo demolido. Pero entonces, sonó el timbre. Un timbre seco. De esos que no suenan como una visita… sino como una advertencia. Se levantó despacio. El cuerpo le pesaba. Abrió la puerta sin pensar. Un hombre de traj

