Capítulo — Bajo la misma noche Clara ya estaba acostada cuando Martín entró en la habitación. El aire estaba tibio, impregnado todavía con un vago aroma a humo del parrillero. Ella se había duchado, se había secado apenas el pelo y sobre la mesa de luz descansaba el tensiómetro. Esa sola imagen lo inquietó. —Clara ¿Te duele algo? —preguntó en voz baja, con un nudo en la garganta. —No, Martín —respondió ella, girando apenas el rostro—. Es que comí un poco de picante y quiero controlar la presión, nada más. Él frunció el ceño, acercándose un poco más. —Clari, por favor, decime si te pasa algo y nos vamos directo al hospital. Ella negó despacio, sin apartar la vista del aparato. —Está todo bien —insistió, serena. Martín asintió y se fue al baño. Se dio una ducha rápida para quitarse e

