Capítulo — Bajo el mismo techo Martín entró al monoambiente con pasos silenciosos, como si temiera interrumpir un sueño sagrado. La penumbra lo envolvía, apenas cortada por la lámpara de la mesita de luz. Sus ojos buscaron enseguida a Clara. Allí estaba: recostada, plácida, con una mano sobre su vientre como si ya protegiera ese pedacito de vida que crecía dentro de ella. Su rostro, iluminado por la respiración tranquila, parecía casi ajeno al peso de los días que habían pasado. Martín sintió un impulso casi incontenible de inclinarse y besarla, pero se detuvo en ese instante. No quería despertarla. Esa calma era tan frágil que cualquier movimiento brusco podía romperla. Se quedó unos segundos en el umbral, con el corazón latiendo fuerte. Sus hijos dormían también, arropados contr

