Capitulo —El Abrazo Después del Susto El pasillo del hospital estaba cargado de un silencio que pesaba más que cualquier palabra. Solo se oía el golpeteo de los pasos de las enfermeras, el tintinear metálico de alguna bandeja y el leve crujido de las sillas cuando Olivia o Carlos se movían inquietos. Martina y Benjamín, abrazados a sus abuelos, esperaban con la ansiedad inocente de los niños que aún no comprenden del todo lo que ocurre, pero sienten en el aire que algo grande está pasando. El reloj de la pared parecía avanzar más lento que nunca. Martina, con sus ojitos claros fijos en la puerta del quirófano, no dejaba de apretar fuerte la mano de Olivia. Benjamín, en cambio, guardaba entre sus deditos un pequeño objeto que no había mostrado a nadie todavía. Cuando por fin la puerta se

