Capítulo — Promesas en Voz Baja Mi hermano Mateo seguía ahí, en cada detalle que podía. Desde que había llegado a nuestra casa, no solo se convirtió en el tío preferido de los niños, aunque fuera el único,sino también en mi sostén silencioso. Había cosas que yo ni necesitaba pedir: él ya estaba ahí, atento.Me di cuenta que muchas veces lo veía mirando el cielo en silencio y eso me preocupaba. Una mañana, después de acompañarme a una de mis consultas médicas, fue él quien aceptó hacerse un chequeo a pedido mío. Lo vi sentarse serio en la camilla, como un hombre que carga años de silencios. Cuando el médico le tomó la presión y le dijo que estaba perfecta, hasta baja, suspiré con alivio.Por lo menos el no heredó al parecer la presión alta de papá. —Viste, hermanita, yo lo que tengo es a

