Capítulo — Sombras en el Silencio El alta de Clara llegó con la suavidad de un amanecer distinto, como si el hospital se hubiera convertido en un sitio de tránsito entre el miedo y la esperanza, y regresar a casa fuese una promesa cumplida. Ella tenía los brazos ocupados con Milagros, y aun así sentía que su corazón se estiraba para abrazar también a Martina y a Benjamín, que la esperaban con ansias. La bebé, diminuta y frágil, respiraba con la paz de quien no conoce todavía las tormentas del mundo, y ese simple sonido era el alivio más grande. Pero mientras Clara intentaba centrarse en el presente, había algo que no podía apartar de su cabeza: el video que había recibido de Mateo. En la pantalla, su hermano aparecía con el pie vendado, explicándole que no había podido estar en el nacimi

