Willow.
Encuentro a Kilian con un cigarrillo en los labios, con la mirada perdida y las manos temblando, su cabello esta despeinado.
“Mierda”
Me abro paso entre los enormes gorilas, pronto capto su atención.
-¿Dónde estabas?
Después de mi fatídico encuentro con el enfermo mental me quede esperando a que la brisa me tranquilizara, era definitivamente un tipo extraño, entonces, ¿Por qué me sentía tan viva? Como si de pronto toda la energía que había perdido despertara en mi interior.
Paso a lado de mi hermano ignorando su pregunta, es decir, no soy una niña, puedo ir y venir a mi antojo.
Lo escuché venir detrás de mí con pasos pesados, abro la puerta de mi apartamento y entro dejando las llaves y mi abrigo en el perchero.
-¿Dónde carajo te metiste?.- pregunta con más rudeza.
Saco mi móvil y comienzo a teclear.
-Tenía hambre y tardaste demasiado.- no tengo razones para mentir, si le dijera a mi hermano como me ha tratado ese maldito imbécil le quitaría la licencia sin ninguna pena, se encargaría de destruirlo por el simple hecho de tocarme.
¿Pero dónde está mi fuerza entonces? ¿Qué puedo hacer por mí misma?
Lo escucho suspirar pasándose una mano por el cabello, no debería hacerle esto, la tortura se filtra por sus poros, me siento terrible, me siento culpable.
Me acercó tomando su brazo, lo tranquilizó con una sonrisa y vuelvo a mi móvil.
-No haré nada imprudente Kil, te lo prometí,
Sus músculos se relajan y me envuelve en un abrazo, pero todo lo que siento es el puro caparazón, no hay vida en el, hace mucho que perdí a mi hermano.
Me alejo sintiéndome incómoda, se da cuenta de que necesito espacio.
-La próxima vez ¿podrías al menos llamarme si te vas?
No lo haré, pero si se lo digo no se irá, así que muevo la cabeza afirmando.
-Bien.- toma mi rostro entre sus manos y me mira con los ojos helados.- no podré venir regularmente durante un par de… semanas pero haré que alguien te acompañe.- se despide saliendo de mi casa dejándome en el silencio ensordecedor, no quiero que nadie esté cerca de mi, todavía no me niego porque es lo que lo mantendrá tranquilo, enciendo el iPod en la encimera de la cocina me quito los zapatos mientras Harleys in Hawaii de Katy Perry suena en mi apartamento, saco los brazos de mi sudadera y rebusco entre mi ropa, opto por una blusa asimétrica negra, tiene una sola manga y cubre la fea cicatriz en mi espalda, me pongo un par de jeans ajustados rotos de las piernas y me meto en mis botas de tacón.
Preparo un poco de café para sobrevivir la noche poniéndolo en un termo, reviso el reloj en mi móvil, respiro largo y profundo y salgo de casa camino al trabajo.
***
Abro los ojos con el estruendo de algo golpeando.
Mi respiración se agita, mi frente tiene una ligera capa de sudor.
Mi móvil vuelve a vibrar con el anuncio de un mensaje, eso fue lo que debió despertarme.
Me paso una mano por el rostro y levantó el aparato, es apenas medio día joder.
El mensaje es de Liam, mi psicóloga recordándome que esta tarde tenemos una cita, tiro el móvil a un lado y me levantó sabiendo que estoy tarde, me meto en la ducha y me cambio, usando ropa cómoda, un par de pantalones deportivos y una playera de gran tamaño, mis dedos se deslizan en mis Nike Dunk favoritos, seco mi cabello al terminar pongo un poco de maquillaje en mi rostro.
Emprendo el largo camino es una ruta larga, pero no me molesta, no lo detesto porque me hace sentir menos excluida, me hace pensar que estoy recuperando el tiempo que perdí hace años.
Empujó las puertas de cristal de la clínica mental, mis pies rechinan en las baldosas, la recepcionista me sonríe, camino directamente al consultorio de Liam, entro sin mirarla, simplemente me siento en mi lugar habitual.
-¿Cómo estás hoy Will?
Estoy harta de esto, respiro profundo, muevo la cabeza con un asentimiento.
Escribe algo en su iPad luego mira a un costado y vuelve a mí, sigo su mirada, me congelo inmediatamente en mi lugar, algo extraño se cocina en mi pecho, como si estuviera anticipando lo que hará.
Él está aquí, de nuevo, con la máscara perfectamente colocada, no me di cuenta de su presencia porque estaba escondido en una esquina.
-Will, él es el médico del que te hable, nuestra última esperanza.
Rechinó los dientes, mis manos sudan, ¿Qué demonios me pasa? Además, ¿nuestra última esperanza? Ella nunca se rinde maldita sea.
-Hola Willy, soy el doctor Callum Galli.
Puedo ver a través de sus ojos siniestros, sé que no ha venido a ayudar.
“Es Will, no Willy, idiota”
Me mantengo quieta, creo que incluso me hago un ovillo lentamente, el maldito doctor Callum ocupa todo el espacio en la habitación, cada rincón le pertenece incluyéndonos a todos los que estamos en ella, exige ser el centro de todo lo que existe aquí y ahora.
-No tienes que temer Will, confío en él.
“Yo no, no confío en nada que salga de su boca”
Lo que me asusta de este hombre no es su perversión, no… es que sé que podría matar a alguien con sus propias manos y nadie lo creería capaz, conozco a los tipos como él es un manipulador y me asusta caer en su juego porque ahora está obsesionado conmigo, he visto muchas cosas que no le gusta aceptar los hombres como él no pueden permitirse ningún error y eso es lo que soy, se lo qué hay debajo, eso pone en peligro la mierda de vida que tiene, a nadie que finja le gusta ser expuesto.
-¿Podrías dejarme hablar con ella Li?
Mi psicóloga sonríe levantándose en su estiletos, me da un apretón en el hombro, esta tan obsesionada con mi recuperación que ni siquiera pregunto si estaba bien con dejarme sola con él.
La puerta se cierra lentamente sus ojos queman sobre mi piel. El doctor Callum se acerca confiadamente, toma un pedazo de papel y lo estira en mi dirección con un Montblanc en la mano, lo empujo lejos de mí, no quiero nada de él.
No lo necesito.
Inclina su cuerpo sobre mí, sus manos se quedan en los reposabrazos de la silla, siento su aliento enviando un escalofrío por mi cuerpo, no habla, simplemente me mira, tan intenso que siento que podría apretarme el cuello en cualquier momento, sostengo su mirada traspasando cada capa de mi alma, de nuevo hay un atisbo de reconocimiento en él, se aleja respirando profundamente, me da la espalda y aprovecho para poner mis pies en el suelo me preparo para irme, mi instinto de supervivencia es más fuerte que cualquier otro de mis sentidos.
-No te atrevas.- advierte escupiendo veneno, su tono es tranquilo, pero no pasó por alto su tono de advertencia, ni siquiera está mirándome.
No había notado que mis dedos se aferraban a la silla y mi cuerpo estaba rígido.
Se da la vuelta volviendo a mirarme, pero nada, ni una gota de amabilidad chorrea de su cuerpo.
-Vas a escucharme antes de irte y después de eso tomarás la mejor decisión.
Odio que me ordenen, ni siquiera dejo que Kilian me maltrate, tal vez esa sea la razón de mi desprecio por este hombre, porque cree que tiene el derecho a amenazarme e intimidarme, piensa que soy débil porque no puedo hablar para defenderme.
Es una lástima para el, me críe entre serpientes y lobos, se perfectamente cómo pelear.