2- Un simple honor.

1229 Words
Pov: Bruce Wallace Leo el mensaje de Coraline el cual dice: “Mañana asistiré a la junta, debiste avisarme, Bruce, también soy dueña de Wevery & Co” Chaqueo la lengua y bebo mi Whisky de un tirón. Dueña, sí como no, solo es una trepadora como todas las mujeres. Doy una barrida buscando la afortunada de esta noche. Siento que no hallaré nada que me agrade hasta que la veo. Castaña, trae un vestido entallado, está sentada en la barra y sus curvas llaman mi atención, mucho. Con mi mano le hago seña al camarero que se acerca con una sonrisa, por supuesto sabe quién soy y también que se ganará una buena propina si hace lo que le digo. — Quiero que le informe a la señorita de la barra, que tiene el honor de ser mi compañera esta noche —señalo a la atractiva castaña, tomo unos billetes y se los pongo en la solapa del chaleco al camarero. — En un momento, señor Wallace. — Y tráeme otro whisky en las rocas —me recuesto en el cómodo sillón que compone la mesa de mi reservado. Observo a la mujer esperando que el camarero la invite. Esto es así, siempre que necesito liberar estrés, alguna mujer tiene la fortuna de acompañarme a un carísimo hotel, beber champaña cara, follar toda la noche como nunca antes y ganar unos cuantos billetes, mejorar una noche de su vida. El camarero se acerca y me deja el whisky sobre la mesa. — Aquí tiene, señor Wallace —observo al camarero y me extraña que no haya vuelto con la mujer—. La señorita de la barra, no desea hacerle compañía, ella… dice que se vaya al infierno —frunzo el ceño molesto. — ¿Le ha dicho mi nombre? —asiente. — Así es y ella me ha vuelto a repetir, el mensaje exacto fue: ¡Váyase al infierno! —esto es completamente insólito. — ¿Qué me vaya al infierno? ¿Quién se cree? —dejo mi lugar para enfrentar a la insolente mujer. Nadie me ha rechazado, jamás lo hacen, no sabiendo mi nombre. Todas las mujeres desean pasar la noche con uno de los hombres más ricos de Los Ángeles, por favor, mi joyería es el sueño de toda mujer. Llego hasta la barra y me paro detrás de esta mujer que se ha atrevido a hacer algo que nadie hizo conmigo: Rechazarme. — ¿Acaso usted sabe la oportunidad que está perdiendo? Señorita váyase al infierno —lanzo sin dudarlo buscando una buena explicación para que ella… Es hermosa. Su mirada se clava en mí, dejándome cautivado por su belleza, la mujer más hermosa que he visto alguna vez, su ceño fruncido luego de verme por un rato no le quita perfección. Estoy cautivado. Sus ojos son grandes y verdes, se ven tristes, verla a los ojos se siente como ver su alma. Ella es cautivadora. — Oh ya veo, eres el cretino que no sabe ligar —suspira y vuelve su vista a su trago—. Hombres, nada hacen bien —resopla muy molesta. — Eres hermosa —se ríe irónica—. Lo siento, he sido un cretino, solo que debo discrepar contigo, sí puedo hacer algo bien, al menos quitarte esa mirada triste —vuelve a mirarme y estoy… fascinado. Me siento a su lado impulsado por las enormes ganas de hablar con ella, quizás sea el alcohol o la forma en que ella parece desganada y una mujer tan hermosa no debería verse así. — ¿Mirada triste? Por favor, yo estoy perfecta —chasquea la lengua y bebe de su vaso. — No lo parece, te ves enojada y… — Soy una mujer que lo tiene todo, ¿por qué estaría enojada? —sonrío de lado. — No lo sé, me gustaría saber, si aparte de mi persona existe alguien más que la haga enojar, señorita… — Connie —un hermoso nombre para una hermosa mujer—. Se supone que hoy es el día más feliz de mi vida, recibí un ascenso, yo tendría que… —sus ojos se cristalizan—. Estoy ebria. ¡Mierda! Él nunca quería que bebiera, nunca quería nada y me deja, no lo comprendo, ¿qué tengo de malo? —parece hablar de un novio. — Nada, absolutamente nada, eres hermosa, con carácter y… ¿tu novio te ha dejado? —una risa ronca y llena de agotamiento sale de sus labios, mientras bebe lo último de su licor. — Mi estúpido novio me ha dejado por ser más lista y más exitosa que él, para que un tonto que no sabe ligar se crea que el honor es mío —lanza una carcajada. Se ríe y se siente como si todo alrededor vibrara. — Lo siento, no fue la mejor forma, déjame remediar esto —acerco mi butaca a ella—. Haré lo que quieras para remediar mi mala educación, Connie, y quizás hasta te hago olvidar a ese tonto que te dejó ir —sus ojos barren mi rostro y sus cejas se elevan. — Bruce Wallace, ya no me caes tan mal, hasta ganas de darte el honor de salir conmigo de aquí me dan —a mí de tenerlo. Algo en ella, no sé qué es, me tiene completamente perdido, como una fuerza de atracción. — Sería muy dichoso de tener el honor de que una mujer tan hermosa, tan exitosa, me invite a acompañarla —no tengo idea de qué estoy haciendo. Solo sé, que quiero tenerla. — ¿Tú crees que tienes lo que necesitas para sacarme de aquí? —me inclino hacia ella. — Tengo todo lo que necesitas y más, Connie, salgamos de aquí y déjame mostrarte lo mucho que podemos divertirnos, solo los dos —susurro en su oído. Un suspiro sale de sus labios y puedo sentir como su piel se eriza a la vez que su delicioso perfume invade mis sentidos. — Salgamos de aquí, entonces, Bruce Wallace —no lo dudo y me levanto de mi asiento ayudándola a tomar sus cosas. — Te llevaré a un lugar muy bueno —se carcajea. — Lo bueno no garantiza la calidad de la atención que vayas a darme —sonrío y la ayudo a subir, aunque no estoy tan sobrio como para ser yo la ayuda. — ¿Quieres algo de beber? —ya dentro de mi auto hay muchas botellas. — Cuanto alcohol, yo tomaré esto, por mí, por mi éxito, porque merezco más que alguien que me abandona en mi mejor momento —toma una botella de un whisky muy caro. No me niego al estar hipnotizado por esta mujer. Lo destapa y bebe de la botella. — ¡Dios mío! Está muy bueno, tienes que tomarlo de aquí, sabe mucho mejor que en un maldito vaso, tan fino y costoso —tomo la botella siguiéndole el juego, bebiendo como dos incultos. Saboreo el whisky y le vuelvo a extender la botella a lo que bebe otra vez. — Hace calor, eres el hombre más sexy que he visto y hoy quiero que todo se vaya al diablo, quiero divertirme —sonríe bebiendo más y extendiéndome al final la botella a mí. Estoy tan jodidamente ebrio que no puedo dejar de mirar lo encantadora que es.
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