—Te llevaré a un lindo restaurante, la comida es exquisita. Yo invito —afirmó Tomas con una radiante sonrisa. —No es necesario —contestó Alexa de inmediato. —No acepto un no, Ale —espetó Tomas, empezando a caminar hacia su auto. Alexa iba a protestar, pero sintió una mirada clavada en la espalda. Miró por encima del hombro y se encontró con los ojos oscuros, fríos y odiosos de Marcus, que estaba justo al lado del hombre con el que Tomas hablaba antes. La pelirroja decidió ignorarlo y subió al auto con su amigo. Tomas tenía razón: el restaurante era precioso, y la comida, deliciosa… aunque Alexa estaba segura de que era costosa. —¿Qué tal tu primer día en Golden Group? —preguntó Tomas, curioso. —No va mal —respondió Alexa. —Me alegro, Ale. No te voy a mentir, me preocupé un poco cua

