No se supone que sea así.

1253 Words
─¿Qué es exactamente lo que quieres?. ─se voltea. Evelyn se cubre con las manos su pecho ya que está del todo desnuda. Esto sonroja a los dos, lo cual a Alejandro le parece extraño de ella, y para ella es tierno verlo sonrojado. ─No lo sé. Apenas empiezo la universidad, no se si me gustan los niños o no. Es solo que jamás me plantee si estaba lista o no. Se voltea nuevamente y baja la mirada. ─Hablaremos después, aún tienes que descansar y mejorarte. ─Mi teléfono. ¿Podrias conseguirme un cargador para mi teléfono? Por favor, necesito hablar con mis padres y que sepan que estoy bien. ─Bien. Tomate tu tiempo, yo me encargo. Vuelve a cerrar la puerta, Miriam trae su móvil y este envía textos enseguida. No sé qué pensar de él, me confunde tanto que es imposible hablar de algo en concreto, se supone que deberíamos hablar de este embarazo y él no habla de nada en concreto. Cada vez que intento hablar con el del embarazo el da vueltas y vueltas, es desesperante. Posa sus manos sobre su plano y suave vientre. ─¿Se supone que aquí hay un bebé? ─susurra casi inaudible. ─perdóname ─deja caer unas lágrimas. ─¿Estas bien? ─pregunta tocando sutilmente la puerta Alejandro ante el aparente silencio. ─Ya voy a salir. ─limpia sus mejillas. Con sumo cuidado se levanta y toma la toalla, seca su rostro y se queda un par de segundo mirando su reflejo en el espejo. En cuanto abre la puerta, Alejandro está allí esperándola, cuando ella sale la toma del brazo con cuidado. ─¿Te sientes mejor? ─Pregunta y ella asiente, tras un par de pasos, ve la mesa de noche con una jarra de agua, medicinas en orden alfabético, vitaminas en orden de estatura y un calendario exacto de cada uno. ─¿En qué momento hiciste todo esto? ─pregunta con asombro. ─Tomaste tu tiempo y yo lo aproveche. ─responde avergonzado. ─Sabes que puedo caminar y llegar a la cama sola, ¿porque te preocupa tanto? ─Solo quiero protegerte... ─No tienes trabajo, eventos sociales... ─Los negocios los puedo hacer desde casa, los eventos... ─Bien. ─se sienta sobre la cama. ─quieres jugar al "Ahora somos una familia" bien. ─Toma la ropa que Miriam le ha dejado sobre la cama. Aun con la toalla puesta empieza a vestirse tras la puerta del armario. ─¿Qué crees que haces? ─ La mira sin detenerla. Se sienta sobre la cama mientras se coloca los tenis. ─Iré a la universidad. Tu seguirás tu vida y yo la mía, cuando decida que hacer o no con el bebé, te avisaré, hasta entonces, no habrá boda, ni casa, ni nada de esto. ─No puedes... ─Según sé, secuestrada no estoy, ni casada, ni comprometida, ni tengo novio. Así que estoy soltera y soy mayor de edad, lo que quiere decir... Es que soy libre de hacer con mi vida de lo que haré. ─No puedes... ─¿Eso crees?, mírame hacerlo ─dice levantándose de la cama. ─¿Mi móvil? ─tiende su mano. El camina hasta fuera de la habitación y ella va tras él. ─Gracias. ─dice en cuanto ve a Miram. ─y continúa tras el hasta la mesa donde esta el movil cargando. ─Deberías quedarte, o por lo menos lleva los... Ella toma su móvil. ─gracias. ─te haré saber mi decisión, hasta entonces... sigue tu vida. ─dice y camina al ascensor. Miriam desaparece por arte de magia, alejándose lo más posible de ellos para no estar en medio del conflicto. ─¿Podemos hablar de eso? ─intenta detenerla. ─¿Hablar de que? ─se voltea molesta. ─De la familia que no quieres, del matrimonio que aborreces. ¿de que? ─se acerca a él. ─De que quieres irte, cuando solo quiero protegerte. ─suspira rendido. ─Mis padres me han protegido toda mi vida, y acabaré defraudando cuando se enteren de lo ha pasado. No quiero que me protejas. Yo decidí ir a ese yate, yo consentí que tuvieramos sexo, yo soy responsable de lo que pasó... ─No es así... ─Y seré yo, quien decida que hacer, ya que claramente no es algo que tu quisieras y no te voy a obligar a fingir estar de acuerdo, así que ... ─No quiero que te vallas ─la toma del brazo. ─¿Por qué? Su corazón late muy fuerte, su piel se eriza hasta la última partícula, el aire es denso, la tensión se podría cortar. Ella lo mira fijamente a los ojos, a él le cuesta mantener la mirada, tensa su mandíbula y se resiste a morder su labio inferior al ver los de ella temblorosos y rosados. ─Por qué... Yo, no... ─¿Qué...? ─lo ve con esperanzas, todas puestas sobre él. ─Quiero protegerte. ─Bien. ─se aleja de él, presiona el botón del ascensor. ─Nos vemos después. ─sonrie y entra en el ascensor antes de que este cierre sus puertas. En cuanto las puertas se cierran ella se deja caer al suelo y estalla en llanto. Él, tras unos segundos de silencio, va a la puerta de las escaleras y empieza a bajarlas a toda prisa, para alcanzarla. Sabía que no podía confiar en él, quería creer que podría hablar, que por fin decidiera ser sincero conmigo, pero está claro que no, pensé que me detendría, ahora ¿que supone que haga? Trata de levantarse del suelo prendiéndose de la pared, pero presiona un botón del ascensor y abre las puertas por accidente. ─¡¡mierda!! ─reniega para ella sola y vuelve a presionar los botones del ascensor para cerrar las puertas, cuando ve a Dorian. ─¿Dorian? ─¿Evelyn? ─pregunta corriendo a ella. ─¿estas bien? Alejandro en cuanto llega al final de las escaleras, con sus pulmones a punto de estallar, sin aliento, se incorpora y corre a la entrada, pero no la ve por ningún lado. Mira a todos lados, sale y la busca por los alrededores del edificio, pero no da con ella, se queda fuera esperado encontrarla. Entra al ascensor antes de que se cierren las puertas. ─¿Dime, estas bien? ─revisa visualmente. ─No sabia que vivias aqui, o tu... ─Vivo en este edificio desde que se construyó. Alejandro es dueño de gran parte de el edificio y yo de los departamentos comerciales, somos socios. ─explica con un sonrisa. ─No lo sabía, yo creí que... ─Casi nunca estoy aqui, pero pase a revisar unas cosas y... El rostro de ella empieza a variar de color. ─Pensaba salir a comer algo, pero no me gusta comer solo. ¿me quieres acompañar? ─pregunta en cuanto se abren las puertas. Alejandro voltea al escuchar un grito sutil, pensado que es Evelyn, sin embargo ella está saliendo del edificio con Dorian. ─¿Te gusta el sushi? ─caminan a dos pasos tras ella. ─No lo he probado jamás. ─responde algo avergonzada. Se tropieza, y aunque él quiere tomarla del brazo y ayudarla no lo hace, solo ve como ella se reincorpora. ─En ese caso... ¿qué te gustaría cenar? ─pregunta tropezando a propósito, pero este se deja caer al suelo. ─¡Oh por Dios! ¿Estás bien?. ─pregunta inclinándose a él. Dorian empieza a reír sin parar, mientras se levanta y sacude su ropa, levantándose y riendo sin parar ella también. Había pasado mucho tiempo en el que ella no había reído de esa manera y eso le daba un alivio a él. ─Lo siento, suelo ser despistado. ─sonrie caminando como si nada hubiese pasado.
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