—¿Todo bien? — sonríe amable abriendo la puerta de regreso.
—no tengo el valor de decirle a mis padres que estoy embarazada. —suspira con angustia.
—Tomalo con calma, lo que sea que decidas tus padres seguramente lo entenderán.
—Mi madre me protege demasiado, y mi padre me ama, pero...
—¿pero...?
—Mi padre convenció a mi madre de dejarme ir a la universidad, él quería que yo viviera mi vida. ¡Un bebé lo cambia todo!
—Pero te ama, y uno tiende a comprender y proteger lo que ama.
—Mi madre aceptó que entrara a la universidad con el único propósito de estudiar administración de empresas, y dirigir el negocio de mi padre y expandirlo... es lo que ella quiere... ella ha
—¿Y que es lo que tú quieres? —interrumpe teniendo una idea clara ya.
—¿Qué?
—Que es lo que tú quieres hacer? —repite —¿qué es lo que a tí te gustaría estudiar, o hacer?
Evelyn sonríe y niega con la cabeza.
—Es tonto, no ...
—vamos, ánimo. —insiste con entusiasmo.
Ella lo mira un par de veces algo avergonzada, nerviosa y con una sonrisa latente.
—La literatura es fascinate, contar historias... es indescriptible —deja escapar un suspiro.
—Y porque no estudias eso?
—Mis padres no pagarían por ello, y la carrera no es fácil, ya que de hacerlo seguiría dos carreras al mismo tiempo.... No, es imposible.
Ella no se lo había planteado, había estado tan cerrada bajo la mentalidad de su madre que jamás se planteó seguir dos carreras, aunque también tenia que ver el hecho del dinero, otra carrera significaba más gastos y ahora apenas y podría cubrir la mensualidad del departamento.
Él revisa su móvil, aunque la pantalla de este no se a encendido.Sin intención de ser indiscreta, ella mira a otro lado, lo que él aprovecha para fingir estar en una llamada.
—Yo me encargo. —dice dejando su móvil con la pantalla hacia abajo.
—¿Está todo bien? —pregunta ella al verlo algo preocupado, y solo quiere ser amable.
—Mi asistente renunció, justo ahora que... —se gira a ella —¿conoces a alguien que quiera trabajar revisando escritos y corrigiendo palabras o cosas así?
—No lo sé, talvez...
—El trabajo no es difícil, si es alguien de tu universidad tendría un horario accesible y la paga es muy buena. —insiste con desespero.
—Podria preguntar, seguro debe haber alguien que necesite el empleo... —dice tratando de ayudar.
Él saca una tarjeta de su billetera y se la entrega.
—Con está tarjeta pasará directo a recursos humanos y le darán un gafete. En serio me urge, tenemos gran demanda y apilar escritos no me conviene. —insiste.
Ella ve la tarjeta con disimulo, mientras él empieza a conducir.
"Editorial. Dreame a Star"
—Va a llover otra vez —mira el cielo que oscurece antes de lo normal.
—Supongo que debo correr a mi edificio antes del diluvio —bromea en cuanto se acercan al edificio.
—Seré yo quien debe correr de regreso, aunque la lluvia suele ser divertida.
—¿Eso crees? —pregunta curiosa, ya que no parece el tipo de hombre que juega bajo la lluvia.
—De niño siempre me prohibían jugar bajo la lluvia, así que, mientras para muchos la lluvia es sinónimo de café, libros y una manta caliente, para mí es diversión, juego y felicidad.
—Si tienes una editorial, ¿como es que no disfrutas un día de café, un buen libro y una manta?
—Lo hago en los días fríos, nublados o nevados. La lluvia es mi parque de diversiones. —sonríe cual niño.
—Es aquí —señala la entrada de su edificio.
—Espera un momento. —Dice quitándose el saco, se lo entrega a ella y sale del auto, corre del otro lado y abre la puerta.
Ella sale y el, la cubre lo mejor que puede llegando a la entrada del edificio.
Sacude su cabello de manera graciosa y al levantar la mirada, ella sonríe y el sonríe aún más.
—Espero haya sido un buen día —hace una reverencia.
—El mejor en mucho tiempo. —suspira entre risas.
—En ese caso, que te parece si... Me invitaron a una firma de libros, podrías venir conmigo si quieres.
—¿Lo puedo pensar?
—Claro que sí, será mañana en la tarde, habrá más diversión y juegos bajo la lluvia, y si queda espacio del banquete, pasaremos por pizza. —sonrie haciendo una reverencia.
Ella le sigue y juego y responde a esta, como solo lo haría alguien de la realeza.
—Duerme bien y abrígate, o el próximo lugar donde leeremos libros será en la biblioteca del hospital —sonrie y ella igual.
Ella le entrega su saco y este lo toma en su brazo, camina al auto en una especie de baile bajo la lluvia, hasta llegar allí.
Él sube al auto y se queda hasta que la ve entrar en el edificio, tras un par de minutos se va.
Ha sido un día increíble, no puedo creer lo diferente que es Dorian, jamás lo habría imaginado en realidad. Es divertido, es gracioso, ¿es bailarín?. Su novia debe sentirse muy afortunada de tenerlo, ¡Y su hermana! Estar en la milicia, arriesgar tu vida por otros, realmente es admirable.
Camina por las escaleras con una gran sonrisa, su estómago lleno, duele de tanto reír, sus costillas le duelen de tanto reír.
Al llegar al departamento mira la puerta con recelo, es el mismo piso, misma puerta, pero solo hasta ahora se da cuenta que todo el edificio se ve diferente.
Su puerta ahora es celeste.
Mira las llaves en sus manos y duda por un segundo si abrir o no. Tiene miedo aunque intenta engañarse así misma que no es así.
Mete las llaves en el cerrojo, y trata de girar pero está no gira, aún así la puerta se abre.
Abre la puerta por completo antes de poner un pie dentro, cuando ve a Alejandro sentado en el sillón mirando a la puerta.
Su mirada es fría y apagada, su mandíbula tensa, su respiración apenas se nota.
La sonrisa de ella desaparece por completo.