La pérdida comenzaba a ser un tema constante en mi cabeza que rara vez me dejaba descansar. Me preocupaba, una parte de mi afirmaba una y otra vez que tenía que detenerme y hablarlo con alguien, pero las palabras no me salían. Desde que salí del albergue con la cachorra en mis brazos no dejaba de darle vueltas a cómo esa pequeña criatura debía de sentirse. No solo asustada, sino que también sola. Alguna vez en la vida todos solemos pensar en que se sentiría perder a un padre. Muchas veces la respuesta es demasiado desgarradora como para materializarla y otras veces es un pensamiento lúgubre que logra cambiar tu estado de ánimo. A todos nos explican que ese es el ciclo de la vida pero igual se espera que cuando uno sea mayor se pueda entender mejor y afrontar mejor la situación. Rara ve

