Me doy una buena ducha y opto por un traje azul marino, corbata del mismo color y camisa blanca. Daniel y yo nos reuniríamos en uno de los restaurante más lujosos para seguir hablando sobre la empresa y quería ser un buen anfitrión con el mientras este por acá. Angelo también iría con nosotros para conocerle, además estaba feliz con el trabajo que había hecho Mía en Tailandia y debo admitirlo es una mujer capaz y eficiente en su trabajo. Durante el desayuno nos platicó sobre los planes que se tenían previsto en Tailandia, Daniel iba con tantas ideas por llevar para abrir la primer franquicia allí en ese país. La comida se extendió hasta dos horas y después se marchó, Angelo se quedó un rato más e hizo unas preguntas bastante extrañas a mi parecer.
—Parece que ese joven está bastante interesado en Fiore —sonrió mientras tomaba un sorbo de café.
— ¿Por qué lo dices? —alce la ceja extrañado.
—Cuando le llame para reunirnos, quería saber si Mía seguía siendo tu secretaria.
—Lo mismo me pregunto cuando llego a mi oficina, no sé porque lo dice.
—Bueno… te vio en el viaje con ella… pensaría eso.
—A lo mejor —dije para cortar la conversación además no me importaba lo que quisieran hacer con sus vidas.
Fue extraño los siguientes días, Daniel decidió quedarse otra semana más, creí por un instante que quería seguir recabando ideas para la franquicia en Tailandia pero creo que me equivoque con ello, llegue una tarde al bufete para hablar con Angelo y decidí quedarme un rato más, al lado estaba la oficina que mis padres ocupaban, veía en uno de los estantes una fotografía nuestra, mi madre lucia hermosa con esos cabellos rizados y enormes ojos grises, mi padre… me veo en él, somos idénticos, mismo color cabello n***o y ojos grises, sonrió con solo recordar que a pesar de tanto trabajo siempre procuraron el dedicarme el tiempo de mayor calidad. Salgo de la oficina y ya bastante tarde, escuche algunas voces en uno de los pasillos por lo que decidí acercarme para ver que sucedía y allí estaban ellos…
— ¿Podríamos hablar en otro sitio? —decía Daniel queriendo tomar del brazo a Mía.
—No quiero y no me interesa—su respuesta era tajante, vaya no solo conmigo se porta asi pensé.
—Mía podemos aclarar tantas cosas… —seguía insistiendo, pero era más que evidente que ya se conocían y eso me hizo recordar en nuestra estadía en Tailandia y su comportamiento.
—No Daniel, no es NO y por favor vete que estoy en mi lugar de trabajo —su mirada sobria permanecía sobre él.
— ¿Hay alguien entonces? —ahora Daniel mostraba una mirada fría.
—No tengo porque darte explicaciones mi problema será si estoy o no con alguien, eso no te incumbe asi que por favor vete.
—No me iré hasta que me digas lo contrario.
—Entonces llamare a seguridad para que te saque —vaya que esta mujer tiene carácter dije.
—Mía…
—Buenas noches —dije y ambos voltearon a verme helados.
—Buenas noches Sr. Ricci —saludo ella y su rostro empalideció al verme. —Alessandro… ¿no espere verte acá? —dijo Daniel sorprendido.
—No te había platicado, este es el bufete de mis padres —respondí y observe a Mía callada, su mirada no la dirigió ni un instante hacia mí, parecía apenada por ello.
—Que sorpresa, bueno… me voy, te veré mañana y a Angelo en tu oficina —se marchó sin decir más y solo volteo a ver con rapidez a Mía pero no obtuvo respuesta absoluta de nada.
— ¿Trabajando hasta tarde Srita. Fiore?
—Ya iba de salida Sr. Ricci —carraspeó para reponerse de nuevo, no entendía nada aun, será que Daniel intentaba seducirla me preguntaba.
— ¿La llevo a algún lado?
—No se preocupe, mi auto está afuera —respondió de manera firme y volvía esa Srita “Contestona” dije. —Otra cosa… —dijo y entro de nuevo a su oficina. —Su abrigo —lo había olvidado por completo pero ella no, extendió sus manos y me lo entrego pero al mismo tiempo sus mejillas se sonrojaron, era la segunda vez que la veía asi de vulnerable.
—Gracias —supe contestar sin más, extendí mi mano hasta tomarlo, asintió con la cabeza y se despidió. Aunque aún me intriga saber porque Daniel muestras tanto interés y no solo eso, si no que pareciera como si la conociera de alguna parte. De regreso en mi departamento me acomodo en el enorme sillón de la pequeña sala y relajarme con una buena taza de café y leer un libro asi soy, una persona quizás aburrida y antisocial.
—Buenos días Sr. Ricci —saluda mi secretaria al llegar a la oficina.
—Pendientes —contesto de manera irritable como casi todas las mañanas.
—Oh, si —su tono de voz indiferente me hizo voltear a verla. —En la sala de juntas lo espera el Sr. Daniel Thomas y… la Srita Fiore —pronuncio con tono despectivo, esto se me hizo bastante extraño por lo que me dirigí de inmediato a la sala de juntas.
—Señores buenos días —salude de manera directa. Ambos se voltearon a verme, Mía estaba sentada de brazos cruzados al otro lado de la mesa y Daniel estaba frente a ella mirándola de manera fija y dominante. Esto no me está gustando ya, pensé.
—Sr. Ricci —saludo ella poniéndose en pie y Daniel me da la mano.
— ¿Por qué una visita tan repentina?
—El Sr. Angelo me envio para dar legalidad a… —Daniel la interrumpe.
—Quiero abrir una franquicia en Toronto, mis socios están de acuerdo puesto que he vivido casi toda mi vida acá, asi que decidí volver de nuevo a mis raíces y quizás encontrarme con cosas del pasado —apenas dice esto lanza una mirada atrevida hacia ella. Volteo de reojo y su mirada es indiferente para con él. Parece que Daniel quiere provocarla quizás han pasado algo similar como cuando ella y yo nos conocimos esa noche en el supermercado.
—Me parece perfecto, entonces procedemos Srita Fiore —sugerí señalando los asientos para comenzar. No tardamos más de dos horas entre charlas y cerrar los negocios hasta despedirnos, de pronto Daniel lanza de nueva una mirada juguetona hacia ella y sé que está loco por la Srita. “Contestona”.
—Un placer hacer negocios contigo Ricci —dice entre risas dándome la mano.
—Lo mismo digo.
—Hasta una nueva ocasión madam —se dirige a ella y esa mirada indiferente sigue en ella y quizás le desagrade Daniel es lo que pasa por mi cabeza.
—Buen trabajo Srita Fiore —me dirijo a ella al quedar solos.
—Un placer Sr. Ricci —asiente con la cabeza y una mínima sonrisa se forma en su comisura lo que me pareció lindo de su parte.