¿Enamorado de ella?

1246 Words
Me quedo observando a la pared por largo tiempo, pensando en todo y más sobre llevarme ese trato cerrado a Toronto. Suena la alarma y despierto a la primera como siempre pero con dificultad el cambio de horario es mi reto ahora. Tomo una ducha y me visto para poder ir por ella y salir a desayunar algo antes de ver a los inversionistas. Toco la puerta de su habitación y sale con un vestido ejecutivo y un blazer que la hacen verse bien, su cabello está en una moña baja dándole prioridad a sus intensos ojos azules. — ¿Esta lista? —trate de reponerme, en verdad es muy atractiva. —Si señor —respondió, no sé pero no me está gustando que me llame asi. Caminamos hacia el elevador para poder bajar al primer piso e ir al restaurante del hotel. La noto con porte rígido pero no dice nada ni me dirige una mirada y no entiendo porque, ¿Acaso no le doy miedo?. Saliendo de la comida en la cual no hubo nada más que un sepulcral silencio llegamos a nuestro destino, marque en el elevador el último piso donde está la sala de reuniones de los inversionistas. —Buenos días Sr. Ricci, Srita. Fiore —saluda amablemente una de las secretarias y asistentes quienes nos guían al lugar. Nos acomodamos para poder esperar por ellos, al plazo de un par de minutos aparecieron, eran tres, nos saludamos y agradecí el cordial recibimiento y asi fue como comenzó la reunión, todo lo que se planteaba en ambas partes nos parecía y veía pronto cerrar el fabuloso trato, por un instante observe a uno de ellos que permanecía sentado y con la mirada puesta sobre ella, sus intensos ojos grises la miraban de reojo, ella parecía incomoda por el momento, su respiración se veía agitada, ambas manos jugaban con un bolígrafo lo que me parecía extraño en ella. No quise prestar más importancia ya que era evidente que con su belleza cautivaría al más joven de los inversionistas. —Trato cerrado Ricci —menciono uno de ellos para luego salir de la habitación, asentí con la cabeza en señal de satisfacción. Por último se acercó el más joven de ellos. —Felicidades por cerrar el trato —hablaba y por un breve instante su mirada se posó sobre ella —estaré viajando en los próximos días a Toronto para poder conocer más de las franquicias. —Sera un placer, te estaré esperando, avísame a tu llegada —ambos nos tomamos de la mano para despedirnos. —Asi será, señorita… —su mirada buscaba la de ella, pero no obtuvo respuesta favorable. —Sr. Ricci —asintió con la cabeza y se marchó, el ambiente se tornó un tanto extraño por un breve instante. Salimos de la empresa puesto que los dos siguientes días tenía planeado atender otros asuntos para lo que también había venido al viaje. La señorita “contestona” permanecía callada, pareciera que un ratón le había comido la lengua, desde nuestra visita con los tailandeses quedo extraña. A nuestro regreso en Toronto no la volví a ver durante los siguientes días, ella en el bufete atendiendo asuntos y yo en la empresa trabajando día y noche como siempre. Pero para mí desgracia tenía que aparecerse de nuevo… —Sofía —me puse en pie, el simple hecho de verla parada frente a mí, hace que mi sangre hierva. — ¡Pero que recibimiento amorcito! —su sonrisa de oreja a oreja era más que notoria y lo sé por sus intenciones. —Llamare a seguridad —dije tomando el teléfono. —No sé porque me tratas de esa manera, vengo en son de paz y me tratas así… —Si vienes por lo mismo ya te lo dije, no quiero nada contigo ni con nadie. —Eso lo tengo muy claro —su mirada permaneció fría por un instante —ya sé que no quieres nada conmigo, pero es que comenzamos muy mal… que te parece… —No me parece nada, si sigues molestando recuerda que tengo un buen abogado para meterte presa por acoso —hable molesto. —Ya lo sé… un hombre como tu tiene hasta resguardada la sombra —se expresó sarcásticamente alzando una ceja. —Sr. Ricci —interrumpe mi secretaria, volteo a verla y por el ceño fruncido sabe que me acaba de enfurecer el que se haya atrevido a interrumpirme. —Lamento interrumpir pero el Sr. Thomas acaba de llegar. —Hazlo pasar de inmediato. —Vaya, eso significa que estarás ocupado —habla Sofía con coquetería. —Puedes marcharte tengo mil cosas que hacer…. ¡ah! y antes de que quieras seguir buscándome ya lo sabes, estas perdida que no quiero saber nada de ti mujer —resople con más molestia. En ese instante entra Daniel, saluda a Sofía pero aunque ella sea atractiva no le presto tanta importancia, los ojos de Sofía en cambio brillaron al ver semejante hombre frente a ella. Nos miró a ambos y salió moviendo las caderas con mucha sensualidad hasta dejarnos solos por completo. — ¿Era tu novia? lamento haber interrumpido —habla mientras se sienta en el sillón. Le ofrecí una bebida y opto por un whisky. —No —respondí firme —es… alguien sin importancia. —De esas —sonrió —las conozco bien, son de esas tóxicas e intensas que te aparecen hasta en los sueños. —se toca la barbilla con diversión, tal parece que ha salido con varias. —Exactamente, pero cambiando de tema hablamos sobre… —dije sentándome de nuevo. —Antes de… creí que tu secretaria seria… —lo que me impresiono, quizás espero que Mía fuera quien estuviera afuera de la oficina. —No, no lo es… — ¿Estaba a prueba? —cuestionaba insistente. —No, pero cambiemos de tema —dije, no quería dar explicaciones de nada y más si eran sobre la Srita. “Contestona”. Dimos algunos recorridos en la empresa y en algunas de las franquicias que tenemos a lo largo de la ciudad, parecía encantado con todo lo que se le mostraba y rectifico por qué cerramos el trato. El día asi nos la pasamos fue exhausto y al final solo quería irme a mi departamento a descansar y darme una ducha relajante. Llegue al departamento, Silvia había dejado una nota en el microondas, cocino lo que tanto me gusta, Lasagna, recalenté lo demás y me encerré en mi habitación a ver alguna película, leer un poco antes de dormir. Suena la alarma pero para entonces ya estaba despierto, me dirigí a la habitación de al lado donde tengo un pequeño gimnasio hice algo de ejercicio, me encanta mantenerme en forma y es algo que me desestresa de mi día a día, oigo la puerta abrirse y sé que es Silvia quien grita desde el otro lado. —Buenos días Alessandro —saluda con voz tierna y cariñosa a la vez. —Silvia, buenos días — tomo una toalla para secar el sudor de mi frente y ponerme una camisa antes de que me vea “sin nada” como suele decirlo Silvia. —Ale… —No te preocupes por el desayuno de hoy, tengo una reunión en unos momentos asi… —Comerás fuera, lo se hijo, lo sé —sonríe con ternura. Silvia es lo más cercano a un familiar que tengo por lo que el cariño es reciproco.
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