Las semanas se hacían cada vez más cortas, nos encontrábamos a la dulce espera del nacimiento de nuestros gemelos. Su vientre había crecido mucho, sus pies se sentían cada vez más cansados y es que se hinchaban casi a menudo, los tomaba entre mis manos para masajearlos. Me quedaba en vela para cuidarla y es que los antojos pasaban incluso a las dos de la madrugada, a estas instancias ya teníamos el nombre a nuestros hijos, Emiliano y Valentina serían sus nombres. Cuido de ellos con mi vida, cada tarde se recuesta en el sofá mientras yo acaricio su vientre y le hablo a mis gemelos. —¿A dónde va la hermosa Sra. Ricci? —digo adormitado aun cuando veo que se levanta de la cama con cuidado para no despertarme. —Se me antojo una pedazo de pastel de chocolate —dice sonriendo. La miro con ternur

