Él entró, la miró durante un rato, se agachó y Rayra abrazó su cuello. —Bésame, princesa. Rayra le ofreció un beso en los labios. —Necesitas saber que no puedo estar calmado en la cama, y que no te trataré como la princesa que eres, porque no puedo. Ella rió. —Me parece genial, Rudá. Trátame como una princesa fuera de la habitación. Aquí puedes tratarme como quieras, estoy ansiosa. Él la besó, Rayra metió la mano en su cabello. —Me hiciste una promesa —le exigió Rayra. —La hice. ¿Estás segura, Rayra? —Mucho. Es mi mayor certeza. He esperado por ti desde que tenía 15 años. Él se levantó, y Rayra se quedó sentada. —¿Puedo, Ruda? Él permaneció en silencio por un rato. —Puedes, princesa, puedes. Puedes. Ella bajó la sunga que él llevaba puesta, Rudá cerró los ojos y recordó que l

