Phoebe tenía un vestido en la cama, era largo, pero ajustado. Henry tomó el vestido y lo levantó. —No... —Eres irritante, ¿sabías eso? —Es justo... Phoebe. El vestido es justo. —Pero es mío y lo usaré. Él le entregó el vestido. —Puedo quedarme aquí... follándote. —Me debes un baile. —Y tú me debes una mamada. Ella no entendió. —No sabes el significado... —No sé, Henry... —Prometiste que me la harías. Ella rió. —Entonces eso es una mamada. Me había olvidado. Recibirás tu mamada, pero necesitas comportarte. —Te amo. —Yo también... —Phoebe, ¿entendiste por qué te llamo atrevida? —Entendí, Henry, porque me solté en la cama... Él la abrazó. —Eso, cuando te llamo atrevida, te estoy llamando sinvergüenza y estoy amando tu manera sin reservas. —Es porque te quiero. —¡Entonces

