Elena Los siguientes días pasan en una extraña neblina. Vasili está… diferente. El destello de humor que una vez me mostró ha desaparecido y, en su lugar, está callado y taciturno. Incluso sombrío. Al principio, agradezco el descanso. Es agotador seguirle el paso a sus estados de ánimo y demandas, y al principio me gusta que me dejen a mi aire. Unas pocas veces me lleva a la biblioteca a leer mientras él trabaja en su computadora, pero me ignora hasta que termina, luego me hace subir con él. Esto se repite una y otra vez. Ni siquiera me da de comer en su regazo como lo hacía al principio, sino que empuja platos de comida frente a mí y me ordena comer. Incluso decido desobedecerlo una vez, para probarlo, para ver si puedo sacarlo de la melancolía en la que ha caído. Cuando empuja el plat

