En medio de mi angustia, conmocionada y con las emociones agitando mi interior, decidí darme la vuelta, cabizbaja, deseando estar sola. Pero, sin darme cuenta, choqué de frente con Vicent, y no estaba en el mejor estado para hablar con nadie.
—Disculpa —le dije, evitando mirarlo a los ojos.
Iba a seguir mi camino cuando él me detuvo.
—¡Gail! ¿Estás bien? —preguntó, notando mi aura tan apagada.
No le respondí y me dirigí rápidamente al baño. El mundo parecía haberse detenido en el instante en que vi a Richard y a la señorita Lucre mirándose como si el universo solo existiera para ellos. La impotencia me invadía, y al mismo tiempo, me preocupaba mi reacción. «¿Por qué me molesta tanto...? No puede ser que me esté pasando esto. Richard me gusta cada vez más, estoy perdida...», me repetía mentalmente, con la cara enrojecida y mis manos inquietas y frías.
Era horrible tener esa escena grabada en mi mente, como si estuviese fijada en un bucle. Ambos me habían dicho que eran cercanos, y ahora podía comprobar que había más que cenizas en lo que tal vez fue un incendio de sentimientos. Me sentía tan tonta, enamorada en silencio, sintiéndome miserable mientras ellos se miraban con el deseo más intenso del mundo.
Me lavé las manos con impotencia, respirando hondo para liberar algo de esta carga tan pesada que llevaba sobre mis hombros.
Cuando casi salía del baño, Merrie entró, curiosa y llena de energía, preguntándome por qué me había tardado tanto.
—¿Gail? —dijo—. ¿Qué sucede? Te estamos esperando para que nos cuentes todo sobre tu querido crush.
Al escuchar eso, mis ojos se cristalizaron y solté un pequeño gemido.
—¡Merrie!
Ella, al verme así, se acercó y me abrazó.
—¿Qué sucede, Gail? ¿Qué tienes?
Después de desahogarme un poco, sentí la necesidad de contarle todo lo que me estaba sucediendo.
—El hombre que me gusta trabaja aquí, es mi mánager... Y él y la señorita Lucre son muy cercanos, de hecho, más de lo normal. Justo ahora los vi tomándose de las manos, mirándose como un par de enamorados... Merrie, me sentí fatal, se me vino el mundo encima. Jamás me había sentido así porque... nunca había gustado de alguien como él me gusta. —Mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas.
—Ya, cariño, ya. Esto es serio... ¿Justamente con la coache? Qué ironía y desgracia. Pero, ¿cómo sabes que tuvieron una relación?
—Ambos me lo dijeron, Merrie. Pero ese no es el caso. El caso es que no soy correspondida y me siento estúpidamente miserable. ¿Qué hago? No sé cómo miraré a la coache ahora...
Merrie me miraba con compasión, tratando de ayudarme.
—Mira, tú no eres ninguna perdedora, y ahora que eres mi amiga, mucho menos. —Me limpió la cara y me soltó el cabello. Sacó un labial de su cartera y me pintó un poco los labios—. La mejor manera de vencer la tristeza es con un cambio de look radical. Así que, mientras —me mostró el labial— solo esto, pero al salir de aquí te ayudaré a quitarte un gran peso de encima.
No me atrevía ni a sonreír; parecía que me pesaban toneladas los labios. Merrie, con sus dedos, formó una sonrisa en mi rostro y me animó.
—Ahora vamos, esto va a pasar. Y recuerda, algo que sirve para atraer nuevamente la atención de un hombre es la competencia. Así que... es momento de empezar la competencia. —Ella alzó una ceja con una mirada retadora.
—No entiendo a qué te refieres, Merrie...
—Se llama Vicent Lauder. Sé que eres un poco tímida, pero no necesitas acercarte tanto. Solo harás lo que te diré...
Al salir del baño, íbamos del brazo mientras me susurraba que aprovechara el interés que Vicent tenía en mí para hacer que Richard sintiera que ya no le daba atención, y así se fijara más en mí. Según Merrie, eso sería infalible. Me dijo que no necesitaría acercarme y hablarle a Vicent, solo dejar de evitarlo. Cuando nuestras miradas se cruzaran, debía sonreírle y, si me hablaba, responder amablemente. Así hasta conseguir el objetivo.
Aunque me sentía un poco mal por Vicent, no quería que confundiera las cosas, pero... solo estaba siendo amable. Así lo hice, y según Merrie, no me fue nada mal. Aunque, cuando nos sonreíamos, sí me ponía un poco nerviosa. Se suponía que esos actos debían ser con Richard, no con Vicent. Sin embargo, al finalizar la clase, Merrie y Derain me dejaron salir al mismo tiempo que Vicent para ver si él se acercaba a hablarme.
Richard saldría para que nos fuéramos juntos, así que esperaba que Vicent me invitara a irme con él, y solo rogaba para que así fuera.
Cuando llegamos a la salida, estaba esperando a que Verónika se despegara de Vicent para irse. Me fui a una esquina y me quedé allí esperando hasta que... ¡Sí! Vicent venía hacia mí.
—Gail, ¿todo bien?
Asentí sonriente, pero recordé que Merrie me había dicho que debía responderle amablemente.
—Sí, todo bien. ¿Y tú?
Él sonrió, mostrando una linda dentadura.
—Yo excelente. Me quedé un poco preocupado cuando te chocaste conmigo. Si pasa algo, puedes contar conmigo, ¿de acuerdo?
—Tranquilo. Gracias por tu preocupación.
—Y bien... —jugaba con las llaves de su auto—. ¿Vas a casa ahora?
La conversación iba por buen camino. En ese momento, Richard salió, viniendo hacia nosotros.
«Es ahora o nunca», pensé.
—Sí, voy a mi casa.
—Si quieres, puedo llevarte. ¿O esperas a alguien?
—No, bueno —traté de no acelerarme, pero era que Richard se estaba acercando—. Si no es ninguna molestia.
—Para nada, Gail. Ven, este es mi auto. —Él lo señaló y caminamos hasta él.
En eso, escuché mi nombre exclamado por Richard.
—¡Gail!
Temblé internamente.
Volteé sin ningún afán y, al verlo, solo me despedí con la mano.
—Nos vemos luego, me voy con Vicent.
Él me abrió la puerta y podía sentir la voz de Merrie felicitándome, muy orgullosa por haberlo hecho tan bien.
Richard parecía anonadado; su expresión era un poema total, no se esperaba para nada esto.
«Jaque mate, Richard Anderson».
Estaba tan sumergida en mis pensamientos y en la reacción de Richard que olvidé que Vicent iba a mi lado conduciendo.
—Gail —repitió, atrayendo mi atención.
—¿Ah? Perdón, a veces me voy a otro planeta.
Él soltó una risa, que se contagió a mí.
—Te preguntaba cómo es que conoces a Richard... Él tiene muchos años trabajando aquí.
—Somos casi vecinos... y, pues, somos amigos —dije un poco titubeante, sin saber qué más agregar.
En ese momento, la incomodidad y la timidez volvieron a mí. Tuve que inflar mis mejillas de aire para poder seguir la plática con Vicent.
No podía creérmelo ni yo misma; estaba en su auto, yendo hacia mi casa... Esto era inédito.
—Oh, ahora que recuerdo. Merrie dijo que nos veríamos en el centro comercial La Floresta. ¿Podrías dejarme ahí? Perdón, lo había olvidado.
Él colocó música en el reproductor. Estaba tan sumergida en lo que le había hecho a Richard que ni cuenta me di de lo lujoso que era el auto de Vicent; todo nuevo y reluciente, así como su apariencia. ¿Cómo hacen para ser tan ricos? Y pensar que me siento millonaria y feliz cuando me compro un par de medias en oferta... Y cuando trabajaba, porque ahora estoy desempleada.
—Ja, ja, no te preocupes. Igual necesito comprar unas cosas, así que también me bajaré ahí.
Volteé hacia la ventana para no ver su cara y ponerme más nerviosa.
—Gail, ¿entonces te veré mañana? Empieza a las 7. Te va a gustar, todo será maravilloso...
No sabía de qué hablaba hasta que recordé... ¡La invitación que me hizo para su casa! Me sentí apenada porque ni siquiera recordaba aquella invitación.
—Bueno, ¿y cuál es la dirección? —pregunté.
Llegamos al centro comercial, y al aparcar, apagó el auto y tomó una libreta, anotando, supongo, la dirección.
—Aquí es. De igual forma, si no sabes llegar o te pierdes, llama a ese número. Es el mío, yo puedo ir a buscarte, no tengo ningún problema.
«Pero yo sí, y se llama Verónika White. Si me llega a ver junto a él, me termina de hacer papilla en la academia... Así que mejor no, querido Vicent».
Nos bajamos del auto y él se despidió de mí.
—Bien, entonces nos vemos mañana. Ten bonita tarde. —Se fue por las escaleras, y yo lo veía tan inalcanzable. Vicent es muy lindo físicamente y, por lo poco que he visto de su personalidad, también lo es. Sin embargo, alguien lindo, talentoso y adinerado es tan diferente a mí que, ni siquiera me siento cómoda estando a su lado. Es como si una gallina anduviese con un cisne... Es un poco loca la comparación, pero una gallina de granja sería yo.
Quizás Merrie tiene razón y debo mejorar mi autoestima...
Me acerqué a los asientos frente al salón de belleza Fanny Estilos para esperar a Merrie y Derain, quienes seguramente no tardarían en llegar.
Así fue; solo pasaron cinco minutos cuando aparecieron los dos, luciendo como un par de cantantes de música Pop Rock. Parecían rockstars; los admiraba.
—¡Gail! ¡Eres toda una perra!
—¿Qué? —solté, impactada, preocupada por lo que pudo haber pasado.
—Quiero decir que lo hiciste excelente, que eres una diva. Ahora bien, ¿el hombre te vio?
Resoplé aliviada.
—Se llama Richard, y sí... me vio —dije, cubriendo sutilmente mi boca con la mano.
Ella dio unos brincos de emoción y me dijo:
—Bien, Richard se morirá cuando te vea llegar a casa.
—Merrie... Perdón, pero no puedo —respondí, sintiéndome incómoda—. No tengo dinero para gastar en un salón de belleza...
Ella empezó a reírse con Derain, e ignorándome, me tomó de la mano y entramos todos al salón.
Merrie tomó uno de los catálogos y estaba viendo junto a Derain varios estilos de cortes y peinados. Una de las estilistas se acercó a nosotros y ella le ordenó lo que me iban a hacer.
Me sentía más que perpleja, pero ella prácticamente me estaba obligando.
—Quiero volumen en la parte de abajo y algo de ondas despeinadas. Un corte de puntas sutiles. También quiero un lifting de pestañas y limpieza en las cejas. Será todo. —Merrie finalizó con una sonrisa mientras la estilista me indicaba que me sentara.
Estaba tan nerviosa, dudando de cómo iba a quedar y cuánto iba a salir todo esto que me estaban haciendo.
Derain grababa todo y sacaba fotos, lo que me ayudó a relajarme un poco. Agradecí a Dios por haberlos conocido.
Cuando por fin terminaron con mi cabello, me llevaron a la camilla para proceder con las pestañas y cejas.
El resultado fue increíble... Parecía otra.
Sin embargo, me sentí demasiado avergonzada cuando Merrie fue quien pagó todo.
—Gail, cállate. Esto no es nada. Después tú serás millonaria y me comprarás un salón entero. Tranquila, te daré una lista de cosas para el futuro, ¿okay?
Solo podía reírme y asentir agradecida, más porque ellos creían en mí.