V. Las luces de luces de la ciudad

1621 Words
- ¿Asustada? - “Tiene huevos de preguntarlo…” - No- “Acojonada”, pienso a la vez, pero no se lo voy a decir. Veinte minutos estamos así, sin hacer o decir nada más, creo que Nero sabe que estoy muerta de miedo. Es el mismo tiempo que tardo en dejar de tener el corazón a mil por hora y centrarme en todo lo que acaba de pasar. - ¿Tomamos el aire? - me dice, sube la música y abre su puerta del coche, sale con movimientos raros y al darme cuenta que le duele, salgo corriendo para ayudarle, pero solo coge mi mano y nos apoyamos en el capo del coche. - No vas a preguntar, ¿verdad? - suena con más acento italiano que nunca y niego con la cabeza, ni se de que habla, ni quiero saber más sobre sus asuntos. Sé muy bien, por donde me he criado, que no hay que saber de más de ciertas cosas para mantenerte a salvo y si he llegado a mi edad, es por saber dónde debo estar en cada momento y callar lo que sé. Pero si hay algo que me preocupa. - ¿Andrea? - Trato de sonar firme pero mi voz sale casi como un lamento. Nero me mira y me da una sonrisa extraña. - ¿Te importa?... Él estará bien, un poco de sudor y sangre le ayuda en su redención. - No entiendo, así que le miro con desconcierto. -Ohh, señorina, no se ha dado cuenta, él se fijó en ti antes que yo. O quizás me fije en tí porque él lo hizo, ¿quién sabe? – No creo lo que dice. Puede que sea cierto y este diciendo la verdad porque se me da bien ver cuando hay algo entre los demás, pero yo nunca he sido muy buena en darme cuenta de mis propios asuntos amorosos, o simplemente no me interesaban. - Lleva cuidando de mí mucho tiempo, aunque no lo haya dicho puedo leer su interior como si fuera un libro abierto. A veces es tan evidente como si yo fuera el pastelero y el estuviera mirando el dulce más exquisito desde fuera del escaparate y no quisiera que lo tuviera. - Se ríe y tose. Trato de ayudarle, pero retira mi mano y la devuelve sobre el coche. - Esperaremos aquí a que vengan por nosotros, Andrea estará en buenas manos. - Dice respirando profundamente. Más tranquila me recuesto más sobre el coche y él se acerca más a mi. - ¿Sabes?, me encanta ese dicho vuestro que dice de esa agua no beberé ni ese cura es tu padre…. Sobre todo, porque yo muchos años pensé que tenía eso. - Me lo dice con media sonrisa y no sé a qué viene el comentario. - ¿Un padre cura? – Reacciono al fin y miro arrugando la nariz. El afirma y continua. - Hasta los doce años lo creí. Mi madre había sido monja y vivíamos en un apartamento que pertenecía al Vaticano, los rumores en el barrio eran constantes, así que lo creí. Pero a los doce un par de chicos mayores me metieron en sus líos. Resultaron ser mis dos medio hermanos y pasé varias noches en el calabozo. Después de eso mi madre me mando a un internado cerca de Ámsterdam, en ese colegio hacíamos muchas excursiones a un pueblo llamado Urk, era una isla hasta que los holandeses desecaron esa zona y ahora está en la costa. Me encantaba mirar el Mar del Norte. - se gira sobre el capó del coche y me mira a los ojos. Se hace un pequeño silencio y el reproductor del coche toca a bastante volumen “Cradles” de Sub Urban. - Tus ojos me recuerdan ese frio mar, unas veces azul cielo y otras casi gris. - Cambia su posición y está justo delante de mí, tan cerca que puedo oler su aroma y sentir su respiración en mi mejilla. Me sigue intimidando por cercano y dulce que parezca, y tiemblo, aunque no quiero, es totalmente involuntario y no sé si es por el miedo o por el frio que comienza a surgir en mitad de septiembre en plena madrugada. Me lleva mirando como si fuera el postre más rico de la vitrina de un restaurante desde que hemos salimos del coche, me estoy dando cuenta, pero no se reaccionar. - Oye Nero, emmm…- Comienzo a decir dubitativa pero no puedo seguir, sus labios se lanzan contra los míos. Su mano tatuada se posa en el capó, junto a mi cuerpo y su mano izquierda se posa en mi cuello inmovilizándolo. “Esto no está bien, nada bien. Madre mía, ¿Qué hago? Me estoy metiendo yo solita en la boca del lobo. Y me gusta”. Tardo unos segundos, pero le respondo al beso, me debo haber vuelto loca, esto no es normal en mí, pero cierro los ojos y no pienso en nada, sólo vuelo. De repente todo para, acabo de estrellarme contra el suelo. Él ríe al mirarme a la cara, tengo miedo y ganas de él, pero estoy paralizada. - Era sólo un beso, ojos de gata. - Posa su mirada en mis ojos como si no acabara de pasar nada, pero yo estoy sin palabras. Me han parecido segundo, pero no hay música, el único ruido son los coches de la autopista que está a kilómetros de nosotros. Siento mi respiración pesada. “¿Qué coño pasa ahora?”. La música vuelve a sonar dentro del coche y puedo bajar la mirada y sonreír. Nero suelta una carcajada y coge mi mano, rodeando el coche abre la puerta trasera para que monte. Hace frio y lo agradezco, aunque va a ser un momento incómodo. Dentro del coche, sentados en la parte trasera, sin edificios cercanos y con solo las luces del reproductor de música dentro del coche todo parece tranquilo. Nero cambian y baja la música. Y vuelve al asiento. La humanidad parece dormida desde allí arriba a esas horas de la noche. Nunca había visto tan bonitas las luces de mi ciudad al fondo, con sus rascacielos sobresaliendo de su perfil. Nero se levanta la camisa y mis ojos recorren su abdomen, “anda que no debe pasar horas en el gimnasio”, pero además tiene un moratón en el costado, unos cuantos arañazos que han sangrado, pero parece que ya no lo hacen y puedo ver que solo tiene tatuajes en su lado derecho, hasta el pecho. Me mira, no sé si me ha pillado babeando, creo que cuando le he visto sin camisa los colmillos me han crecido y he notado la lujuria recorriendo mi ser, aunque luego he visto el moratón y las heridas y he vuelto en mí. Saco de mi bolso un pequeño paquete de toallitas húmedas y se las doy. - ¿Estás loca, españolita? Eso esscocee. - Me hace gracia que casi le matan, pero le de miedo el escozor. Abro el paquete, saco una y la extiendo con cuidado en mi mano mientras la acerco a sus cortes. - No, no, no – Grita, pero es tarde, y gime con el frescor del alcohol de la toallita en su piel. Me agarra la mano para apartarla, pero se me ocurre acercar mi boca a su pecho y soplar por donde he pasado la toallita. Ni yo misma me creo lo que acabo de hacer. Él me mira a los ojos y sonríe, quitando su mano de la mía. - Si lo haces así, puedes torturarme hasta la muerte- Acaba de encender el Gusiluz en que me ha convertido sus palabras mi cara, pero ya está hecho, que el cielo nos coja confesados. Saco otra toallita y limpio otro arañazo, la canción acaba y comienza “play with fire” de Sam Tinnesz. Su mano agarra otra vez la mía con la toallita y me acerca a su cuerpo -Ahora calma el fuego - dice con una baja y ronca. Soplo sobre la herida como antes, pero sube mi cara con la otra mano -No, el fuego de dentro – sus labios chocan contra los míos que estaban un poco abiertos al oír sus palabras, con lo que no le cuesta introducir su lengua en mi boca, intento separarme, pero no puedo, me ha abrazado tan fuerte que no puedo separarme, me rindo y le devuelvo el beso, el más tórrido y sensual que me han dado en toda mi vida. Sus manos bajan por mi espalda mientras me atraen tan fuerte contra su cuerpo del que puedo sentir el calor que desprende. Creo que le duele, porque ahoga un gemido en mi boca cuando le devuelvo el abrazo y paso mi mano por su costado. -Dame tu móvil- Me separo de él creando la distancia suficiente para mirarle a los ojos y negarle con la cabeza. –Dámelo a mí, o mis hombres te lo van a quitar sin pedírtelo cuando lleguen. – Lo hago y el intenta desbloquearlo. Me lo enseña en señal de que lo desbloquee y lo manipula unos segundos. Luego se lo guarda en el bolsillo del pantalón. No me ha gustado nada que me quite el móvil, por lo que me siento correctamente en mi asiento y cruzo mis brazos sobre mi pecho. –Oh bambina, no encabrones por mí, solo quiero que estemos a salvo. – Le miro con todo el instinto animal que me sale de dentro, pero él solo se acerca, me quita los brazos de delante y vuelve a besarme, justo cuando unas luces y el sonido de coches se acercan a donde estamos aparcados.
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