X la Marca de tus labios

1259 Words
Suena el despertador. No puedo con la vida. Ayer cené los restos de la comida familiar que tuvieron en casa, me duché y me tumbé en la cama, no tenía intención de dormir ya, pero caí fulminada, y ahora no me siento con fuerzas para levantarme y afrontar la mierda de universo en el que vivo. Miro el móvil en la mesilla de noche. Una luz parpadea. Se me está haciendo tarde, y por desgracia soy demasiado pobre como para no ir a trabajar. Me levanto, me aseo y me visto. Hago mi desayuno y la comida que me llevo al trabajo y la meto en la tartera, que va a mi bolsa. Hoy hace calor en la calle, aún quedan los últimos coletazos del verano. Me encantaría poder ir a la playa, a estas alturas el mar tiene que estar caliente y las playas vacías, pero no puedo. ¿Cómo podría si apenas gano para vivir? Dejo a mi madre aún acostada y trato de que gatito no se escape cuando abro la puerta para irme. Salgo y cierro corriendo la puerta. Tras media hora conduciendo, salgo del barrio y llego a la puerta del trabajo, llego un poco tarde, pero no tengo fuerza de levantarme del asiento. Miro el móvil y recuerdo que tenía un mensaje que no leí al despertar. Desbloqueo el movil, abro la aplicación y hay un mensaje nuevo, de Raul. “No me has dejado ni saludarte cuando nos hemos cruzado. A lo mejor deberíamos hablar, comenzar a ser amigos. Al fin y al cabo, hace años que nos conocemos.” Esperé años un mensaje así, media vida para ser exactos, ¿y tiene que llegar ahora que quiero olvidarme de él? Lo borro, aunque guardo su número. Entro saludando al vigilante y voy a mi puesto, estoy en modo crucero, navegando en piloto automático. Miro la pantalla del ordenador por minutos, sentada en mi puesto de trabajo, sin darme cuenta que me entran correos. Paro a la hora de la comida y vuelvo a mi puesto a trabajar. Todo lo que me rodea es irreal, ¿cómo es posible que mi vida siga siendo tan igual que antes habiendo cambiado tanto? Hora de salir. Recojo sin emoción, miro el teléfono, no hay mensajes ni llamadas. Salgo despidiéndome del vigilante y vuelvo a mi coche. No me había dado cuenta pero justo al lado está parado el coche de Nero, una leve sonrisa se dibuja en mi rostro, pero solo veo afuera a Andrea fumando, y al volante a Eduard, ni rastro de Nero. La leve sonrisa se borra. Eduardo sale del coche y me da un pequeño paquete, miro a Andrea que se encoje de hombros. – Te lo manda Nero, dice que no pude verte hasta el jueves, que le piace que lo pusieras. - Eduard no habla tan fluido castellano, pero le entiendo. No le veré hasta el jueves y quiere que me ponga lo de la cajita. – Vale. - Digo lacónicamente. Sé que ellos solo siguen ordenes, pero no me sale sonreír. Doy la vuelta y abro mi coche, tiro dentro mi bolso, mi comida y el paquete. Me monto en el asiento del conductor y me voy. Por el retrovisor veo a Andrea terminando su cigarro, mirando como me alejo. En casa, tras la ducha, en mi habitación, pongo un poco de música, un cd de la Motown, Marvin y Tammi siempre me animan. Me tumbo en la cama y cierro los ojos. Subo mi mando acariciando la colcha y choca contra algo que me hace abrir los ojos. Es el paquete que me han dado al salir del trabajo. Lo abro sin mucho miramiento y compruebo que es un lápiz de labios. Es de Carolina Herrera, con estampado de cebra y lleva un colgantito con una R dorada y un corazón rojo. Al abrirlo, la barra es de un rojo mate intenso. Esto es lo que quiere que me ponga el jueves, ¿los labios rojos? Lo dejo a un lado y me levanto para cenar algo. No le entiendo. Tampoco quiero entenderlo, yo solo quiero estar tranquila y ser feliz. Aunque solo sea por una vez en mi vida. El martes y el miércoles son peores aún que el lunes. No tengo mensajes de nadie, ni Raul, ni Nero, ni Bea. Estoy comenzando a caer en la misma mierda de rutina de antes. El miércoles al salir del trabajo me entra un mensaje, es raro porque no pone número ni nada, únicamente en mi pantalla sale un mensaje “Ya deseo tener la marca de tus labios” y al llegar a casa comienza a sonar, el nombre de Nero aparece en la pantalla y descuelgo rápidamente. – halo Bela. - Me alegro de oír su voz y se me pasa todo el mal rollo de los días atrás. Hablamos un par de hora y quedamos en vernos mañana en una terraza del centro de pueblo y luego haremos algo especial. Duermo genial, mejor que días anteriores, y voy a trabajar el jueves con una sonrisa. Hoy es un día especial, salgo del trabajo corriendo, no como estos días atrás. Me apetece verme bonita. Me ducho. Me peino. Me maquillo. Me pongo un vestido n***o un tanto ajustado, unas sandalias de tacón y de su caja, saco el pintalabios rojo. Con mucho cuidado pinto mi labio de arriba, haciendo la forma central de corazón. Repito de la misma forma en el de abajo intentando que parezcan apetecibles. Cierro el pintalabios y lo guardo en el bolso que voy a llevar, no pega mucho, pero no tengo otro. Se supone que en media hora tengo que estar en La Terraza del Reloj, es justo lo que voy a tardar andando, es tontería conducir hasta allí para luego no tener donde aparcar, así que me pongo en marcha. Me cruzó con mucha gente del barrio que conozco, los saludos al pasar. Incluso me cruzo con el vecino del quinto. Estoy contenta, no voy a pensar en cosas triste, como Raul. Sigo andando y llego a la zona del centro. Justo delante de mi veo el coche de Nero, el que conduje aquella noche, en la calle que corta con la calle de La Terraza. Está aparcado en una zona reservada. “Que morro tiene”, pienso para mí y sigo mi camino hacia La Terraza. Estoy muy feliz de encontrarme por fin con él, cuando le veo. Esta sentado junto a una chica rubia, joven, muy guapa y delgada. Se acerca y la besa, y es él el que la besa a ella con ganas. Mi corazón se queda parado por unos segundos. Camino hacia atrás sin apartar la vista de ellos. El tacón de mi sandalia se tuerce y se rompe y me hace agacharme justo cuando deja de besar a la chica y mira hacía donde estoy. Muy despacio, agachada, salgo de su campo de visión y voy hacia su coche, saco la barra de labios y la abro. Me repaso los labios y los estampo contra la ventanilla del conductor del coche de Nero, mientras pienso “aquí tienes la marca de mis labios, cabrón” y no tengo más idea que dibujar con el pintalabios unas grandes pollas en las ventanillas del coche. Dejo la barra sobre el limpiaparabrisas. Saco mi móvil y bloqueo su número, no pienso dejar que me humille más, no quiero sufrir más. Comienzo a caminar como puedo de vuelta a casa tragando mis lágrimas y mi orgullo.
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