II. Fiesta privada

1477 Words
El Bar Gallego está lleno. Tiene un patio trasero con más mesas, aparte del salón interior, y allí sí que tenemos una mesa libre. Es el bar donde solíamos cenar antes de ir de bares o a la disco cuando éramos jóvenes. Nos hemos encontrado allí con otros amigos y hemos pedido unas raciones para cenar, el patio está todo alicatado al estilo andaluz, en un poco contradictorio teniendo en cuenta como se llama el bar, pero también la carta es ecléctica, tiene desde las típicas tapas, pasando por hamburguesas y perritos hasta Samosas y Kebabs. La música de ambiente va desde rap a flamenco. Carolina, una de nuestras amigas que está allí, no hace más que chatear por el móvil, extrañada Bea le pregunta viendo lo distraída que está: ¿Se puede saber que es tan importante que no estas a la conversación? – Es que me están invitando a una fiesta. - Contesta Carolina dudosa. - Me da un poco de palo ir sola. Si digo que voy acompañada, ¿venís conmigo? - Justo cuando lo pregunta sale al patio del Gallego un grupo de hombres al que apenas les prestamos atención hasta que me doy cuenta que entre ellos está Raul. Meses sin verlo y hoy tengo que cruzármelo dos veces. “Tengo que salir de aquí”. – Venga, ya que estamos, vamos a esa fiesta- digo alegremente, en contra de mis propias pocas ganas de juerga, apartando mi vista del grupo que acaba de entrar en un intento de huir, como siempre. – Ni siquiera ha dicho donde es, ni de qué va, ni nada. ¿Te pasa algo? - Interroga Bea. Ella tiene idea de que he tenido una historia rara con una persona, pero ni sabe quién es, ni que pasó exactamente. La miro y miro al grupo de hombres con los ojos muy abiertos. Bea es muy viva y enseguida ata cabos. – ¡No me jodas! - Me mira con los mismos ojos abiertos. – ¿Es uno de esos? ¿Cuál? - No pienso responder, esto se va a la tumba conmigo. Bueno, y con él. Carolina,mientras tanto, habla de forma muy seria al grupo: -Vamos a la fiesta, pero no deis la nota porque es un sitio donde habrá gente muy joven, muy fashion, haciendo cosas poco legales. Es una fiesta itinerante, se hacen en naves y van cambiando cada fin de semana. Me ha invitado el que suministra la bebida, que también las lleva a mi curro, así que portaos bien. Me dice que es en el Polígono Industrial Viejo, en la Antigua Carretera Nacional, en la primera calle, donde se quemó una nave el mes pasado. - Lo dice tan alto que el grupo de Raul puede escucharlo. Yo sólo quiero salir de allí, así que recojo nuestras cosas y pedimos un Uber para Bea, Carol y yo. Los demás irían en otro. No tardamos mucho en llegar, pero ya en la zona, solo llegamos nosotras. Esperamos veinte minutos cerca de la fiesta, pero no aparece su Uber. Nos impacientamos, pero no nos extraña que tarden,solemos cambiar de planes de un momento a otro y mientras esperamos en la puerta llegan dos BMW negros imponentes, con ruegas grandes, los ocupantes parecen gente VIP. Los ocupantes entran directamente a la nave, sin esperar cola ni dar su nombre en la entrada. Les rodeaba un halo de peligro y misterio y las tres nos miramos entre nosotras con muecas de no entender, pero no nos fijamos detalladamente en ellos porque seguimos esperando al resto del nuestro grupo. Llegan más personas con coches llamativos y deportivos, pero todos paran en la puerta y dan su nombre al entrar. Más de media hora después de estar en la puerta, llega un mensaje al chat grupal, el resto han decidido volver a casa, a tener una fiesta más tranquila, no vendrán a la nave. Así que solas las tres, nos acercamos a la puerta para ser atendidas por un enorme hombre rubio, calvo con acento balcánico y muchos tatuajes. –Sus nombres - es su saludo. Está claro que no tenemos mucha pinta de encajar aquí, pero Carol enseguida dice que es la persona que está esperando Jota, el encargado del catering, y con miradas raras nos deja pasar. Justo cuando caminamos dentro de la nave nos envuelve la oscuridad y el ruido. Puedo ver fuera, dentro de un coche, a Raul junto a sus amigos cerca de la puerta. No parece que vayan a bajarse del coche y entrar, lo que me hace suspirar y calmarme. “Aquí dentro estaré tranquila”. Ya dentro, destacamos sobre el resto, solo hay gente muy joven, con ropa muy llamativa que cubre poca carne, bailando y bebiendo. Las tres nos acercamos discretamente a la barra y Carol llama a su amigo Jota, que nos pregunta que bebemos. Carol pide Gin-tonic, Bea una Cerveza y yo un Mojito. En dos minutos estábamos servidas y Carol tonteando con Jota, es tan evidente que Bea y yo sonreímos. –Nos arrastra a esta verbena para ligar con el chico, ¿ya la vale? - me dice Bea, agarrándome la mano y alejándonos un poco comenzando a bailar. Desde la oscuridad, mucho más adentro de la nave, al otro lado de la pista de baile, sale un hombre alto y fibroso, con el pelo del color del trigo y los ojos de un azul que no puedes decir si son o no de ese color por los tonos que parecen tomar con los reflejos de las luces. –Perdonen señoras- “uf, mal empezamos”, que vale que me digan señora porque lo soy, pero un poquito de cortesía no vendría mal- ¿Quién la incluyó en la lista de invitados? – Dice, y a pesar de lo malicioso de la pregunta no suena hostil. Bea le mira de arriba abajo y la veo levantar su ceja, “malo, esa ceja significa problemas” – Vamos con ella- señala a Carol que sigue tonteando con Jota al lado de la barra. – Sus nombres- no pregunta, y tiene un tono de voz que pone los pelos del cogote como escarpias. – Yo Bea y esta Reich, ¿por? - “y no baja la ceja, ya verás tu”. El hombre se acerca me toma la mano y la sacude mientras se presenta. –Soy Andrea, encantado de conoceros- me aprieta fuerte y es un apretón más largo de lo que me gustaría, luego mira a Bea y hace lo mismo, pero el apretón dura unos pocos segundos, y añade, señalando su pelo rosa: -Bonito color. - Antes de acabar la frase, del mismo lugar tenebroso del que salió Andrea sale otro hombre. No puede tener más de 35 años, es más joven que Andrea que tiene pinta de Sugar Daddy cincuentón, pero el hombre nuevo es moreno y alto, se ven su tatuajes que llegan hasta su mano derecha, mientras tiene un vaso que parece lleno de alguna bebida espirituosa con la izquierda. Es bastante grande, más alto y ancho que Andrea, yo lo soy para ser mujer y él me saca más de una cabeza, es bastante intimidante, sobre todo los dos hombres juntos, con trajes caros en una cálida noche de otoño. –Andrea, que haces jugando con niñas- dice con marcado acento italiano. - ¿Niñas?¿Pero niñato, cuantos años crees que tengo? - Estoy confundida con su impertinencia, pero no quiero mostrar miedo, y no me voy a dejar pisotear. - Da igual, podemos jugar a que eres mía. ¿Tienes móvil? Dímelo. - Me dice arrogante. Estoy un poco contrariada, miro a Bea y ella está igual, no sabemos qué hacer. - Tengo móvil. - Le enseño el aparato y afirmo con la cabeza. Siempre me sale la chispa graciosa cuando me pongo nerviosa, pero creo que no le ha hecho gracia porque frunce el ceño, y aprovecho para da un paso hacia atrás alejándome de los hombres. - ¿Me tienes miedo? - me dice le italiano, astuto- No te voy a morder… si no quieres. Me llamo Nero, soy de Italia y me estoy encargando de este negocio, tu eres ¿Reich? – “Que insolente, ni que fuera un hombre lobo de las novelas que me leo cuando estoy triste”. Frunce el ceño - ¿Qué clase de nombre es ese? - Bea me mira y sonreímos, ella suelta enseguida: - Se llama Raquel, pero la incordiamos llamándola Reich, porque suena muy nazi. - “y se ríe la muy puñetera”. – Encantado Reich, ¿Cómo os habéis colado en Mi fiesta? - también coge mi mano, pero la besa en vez de sacudirla como Andrea. “Pero que descaro, creo que no me cae bien.”
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD