No me llames Reich, me llamo Raquel Gutierrez, así es como me tienes que llamar. Lo de Reich es solo para amigos. - Con la mala leche que se me está poniendo mi miedo se mitiga.
- Vale, si quieres que te llame así, tú me vas a llamar Señor Bocenati o Don Nero, de momento, porque como gran hombre de negocios que soy tienes que empezar a mostrarme un poquito de respeto, ojitos de gata y ya veremos como te obligo a llamarme más tarde. - “¿Cómo parece tener ese temperamento tan maduro si solo es un niñato? Se pasa de listo y de fanfarrón el moreno de ojos profundos.”-Españolita, ¿me oyes? – Me he quedado mirando más de lo normal y creo que no le he escuchado bien. “¿Me ha llamado españolita? ¿Y ojitos de gata? ¿Quién es este tío, Ned Flanders?” – No contestaste a mi pregunta. ¿Cómo llegaste a Mi fiesta? – Nero recalca mucho la palabra MI y veo que a su espalda hay más hombres trajeados, aparte de Andrea que hace por no mirarme.
- Te he oído perfectamente, pero no quiera dignificar con una respuesta tus tontos motes y preguntas hacía mi. - Hago un gesto con los dedos como de entrecomillarme.- Y a la fiesta entré simplemente acompañando a una amiga.
– Deberías tener cuidado al hablar con los hombres de la mia Familia, Occhi carini- Es él ahora el que hace el símbolo de las comillas con los dedos al decir la palabra familia.
- ¿Pero qué puto cliché es este? ¿italiano de la mafia? ¡Venga Ya! - Me sale una pequeña carcajada. “Se está tirando un farol, ¿no?” Pero a él no le hace gracia mi contestación, a decir por la cara de pocos amigos que pone.- ¿No? - Su actitud es tan intimidante que me hace dudar sobre mis propias palabras.
En un segundo la música baja hasta un nivel que no dañaba los oídos y las luces se quedan fijas, dejando el ambiente de la sala tranquilo, pero eso es el detonante para que el enjambre de adolescentes hormonados y vestidos para la fashion week comiencen a correr despavoridos y todo entre en caos. Andrea, Nero y los otros hombres trajeados que teníamos delante desaparecen de nuestra vista tan rápido que se pierden entre la multitud, nosotras también nos movemos llevadas por esa misma multitud y llegamos a la barra junto a Carol, que ha tenido que dejar a Jota que ha vuelto tras la barra, él está ayudando a los camareros a meter botellas de licores, que parecen carísimos, entre botellines vacíos de refresco, los van cargando y llevando hacia una puerta lateral. Por el rabillo del ojo veo en el fondo de la sala, que ahora está un poco más iluminada y con música más suave a Nero, junto a los otros hombres, comienzan a andar, mientras que Andrea va hacía la puerta por donde salen las bebidas que Jota saca, el resto parece que se acerca a la puerta de entrada cercana a nosotras. Siento a Nero pasar junto a sus amigos y noto un gesto con su brazo, casi rozando mi pelo, creo que va a tocarme, pero no hace nada más, siguiendo su camino y su marcha sin detenerse. Abro un poco más los ojos y le veo alejarse, me da un poco de pena, pero siento un gran alivio al verle salir. Bea me da un codazo y mira a los ojos, sabe lo que estoy pensando.
–Ni lo imagines. Él es realmente peligroso, no es como nuestros colegas, no parece un tío cualquiera. - Sé que tiene razón, rezuma peligro por cada poro, así que trato de no mirar a la puerta. Ella se refería a que nuestros amigos hacen pequeños chanchullos y se creen los reyes del mambo por unos cuantos cientos de euros. La ropa que llevan estos hombres no creo que pudiera pagarla ni con 6 meses de mi sueldo de mierda, estos negocian con algo más que con simples onzas de Costo.
“Céntrate y habla con Bea, no mires”, me digo a mi misma, pero por un descuido de un milisegundo lanzo una mirada hacia afuera y mis ojos se encuentran con los de Nero. –“Mierda”- Bea me hace un gesto de reproche, se ha dado cuenta, hay algo, quizás algo más de lo que yo misma me he dado cuenta.
Jota nos busca desde la puerta lateral y nos dice, casi a gritos, que tenemos que salir para ir con Carol, que la policía ha localizado la fiesta y que al ser ilegal podemos acabar todos detenidos. Haciéndole caso nos dirigimos a la puerta de entrada casi corriendo, allí Nero y los hombres que le acompañaban parecen esperar algo, vemos como esconden cosas y mueven bolsas junto a los gorilas con acento ruso de la puerta. No puedo ver mucho más, pero al pasar a su lado para salir Nero estira de nuevo su brazo y vuelve a rozarme en pelo. Esta vez si noto sus dedos en mi nuca, pero es leve y ni yo me detengo, ni él hace nada más. Cuando salgo atravesando la puerta un azote de aire frio me sacude la cara y necesito darme un abrazo a mí misma. Un policía está en la misma puerta y nos indica a las tres que nos apartemos de la puerta. Nos hace a un lado y nos mira de arriba abajo. Creo que está pensando que con esas pintas de pobretonas no encajamos aquí, yo misma lo pienso. Justo cuando le poli va a empezar a hablar noto movimiento en la puerta y miro hacía allí, vuelvo a encontrarme con la mirada de Nero. El policía nos aparta aún más de la entrada y hace de barrera entre nosotras y el grupo de hombre en el que está Nero. La mayoría de policías que estaba tomando datos de la gente de la fiesta deja lo que está haciendo al escuchar la voz de una mujer y se dirigen a la entrada, por donde están saliendo los italianos. Los policías los rodea y los hacen ir junto a la pared, apuntándoles con sus armas, los ponen de cara a la misma, les piden que apoyen los brazos contra ella y las piernas abiertas y les buscan por todo el cuerpo, un policía termina de cachear a Nero y este me mira, me da media sonrisa mientras me guiña un ojo y es llevado a trompicones por un policía uniformado que le acaba de esposar hasta un coche patrulla. Aún tengo mi bolso en la mano mientras la adrenalina de mi sangre baja rápidamente y hace que tiemble como un animalito indefenso. A nosotras, mientras solos nos piden los DNI y nos dejan marchar sin más, Bea ha estado atenta y ha gestionado todo ella con destreza. El resto de hombres de Nero siguen rodeados por la policía mientras Bea me devuelve mi monedero con mi documentación al bolso. Creo que estoy en shock.
Cuando miro hacia atrás veo que otro coche n***o llega y un hombre se baja y va directo hacía los esposados y la policía, del mismo coche sale Andrea, tras el hombre. No puedo ver más porque el Uber que ha pedido Carol mientras esperábamos a ser identificadas por la policía ha llegado. Nos montamos y el conductor vuela por la corta calle que da a la antigua carretera general. Mi cuerpo tiembla sin control, no sé si es miedo, frio, rabia o frustración. Las voces de las chicas me sacan de mi estado y no me dejan mirar atrás. “Esto ha sido demasiado para mí en una sola noche”.
Miro por la ventanilla del Uber que ya está lejos de la nave de la fiesta. El Uber primero deja a Carol a un par de calles de la carretera, Jota está allí y Carol se va a ir con él. Bea y yo nos colocamos en la parte de atrás y nos miramos al ver a Carol tontear con Jota, es un poco de envidia sana. El Uber continua y nos lleva de vuelta al centro del pueblo, la casa de Bea es la más cercana y toma su camino, mientras vamos por la antigua nacional, el conductor chatea un par de minutos con su móvil y de repente nos indica que tiene que parar a repostar. Yo no suelo coger Ubers, pero Bea si, y cuando paramos me dice que es muy raro, que a ella nunca le ha pasado lo de parar a repostar, me dice que en cuanto llegue a casa le mande un mensaje. No controlamos cuánto tarda en repostar, pero es bastante más de lo que yo suelo tardar, tras eso seguimos viaje hacer casa de Bea, donde la dejamos, retomando la marcha para que me lleve a casa. Como si nada el conductor comienza a interrogarme, me pregunta si tengo frio, si me lo he pasado bien, si he trabajado hoy porque parezco cansada. Me pongo alerta y aunque trato de ser amable, no le estoy dando muchos datos y trato de desviar la conversación sobre mi. En quince minutos estamos entrando por mi calle y el conductor se detiene un poco alejado del portal, y en otro momento me hubiera quejado por lo lejos que pare y lo que voy a tener que andar, pero ahora no me importa, quiero salir corriendo de allí, me sentiré más segura fuera del coche. Se despide con un “Hasta luego, y suerte” y me bajo tan rápido como puedo diciendo adiós. Camino rápido mientras veo las luces del Uber salir de mi calle, suspirando al verlo. Puedo relajarme, estoy en casa. Comienzo a caminar más tranquila por mi calle, con los tacones haciendo eco, cuando en mi camino repentinamente se interpone alguien que acaba de salir de un coche que estaba aparcado. Se me hiela la sangre. Es mucho más alto que yo y está en mitad de la acera, no puedo correr, no con estos zapatos. La luz de tono naranja de la farola más cerca me revela el rostro de Nero, no me hace sentir menos miedo que hace un momento.
- ¿Qué hace aquí? - es casi un susurro lo que ha salido de mi boca. Él se acerca y me da dos besos en las mejillas.
– No te pude decir Buona notte a la salida de Mi fiesta. – Creo que me acabo de derretir con esas palabras que supongo que significan buenas noches. Se posiciona a mi lado y me da un leve empujón con su mano en mi espalda para que siga andando. – Supongo que vives aquí- Señala mi portal. “¿Cómo “cajones” lo sabe? Esto empieza a darme miedito”. Nero me acompaña hasta la misma puerta del portal donde para y se gira hacia mí.
- Mañana por la tarde paso a recogerte, a las nueve debes estar en esta puerta, bien vestida y dispuesta tener una cita romántica con el hombre de tus sueños. Buona notte. - Me da otro par de besos, se da la vuelta y anda con paso firma, rápido y decidido al coche del que salió. No he podido decir nada, aún estoy flipando cuando me suena el móvil.
Un mensaje de Bea, preocupada porque no avisé que llegue entra en mi móvil y solo se le ocurre decirle que aún no estoy en casa, así que me llama y mientras paso por el portal y entro en casa le cuento el encuentro que acabo de tener con el italiano y la cita de mañana. – ¿Pero no habíamos quedado que el tío era peligroso? ¿y aceptas una cita?¿Que locura!¡ Menuda yankilada! - ahora que lo dice, tiene razón, una cita como los yankies.
– No me dio tiempo a negarme ni a protestar. Te dejo que ya estoy en casa. - La cuelgo mientras uso mis llaves para abrir la puerta de entrada del piso.
Metida en la cama repaso todo el día. De un viernes normal paso a reencontrarme con mi amor platónico de la adolescencia y acabo de concertar una cita con un joven italinao que, a saber lo que quiere de mí.
Al final he dormido bastante bien, pero el día se me hace eterno y me pone nerviosa, más que nunca en mi vida, arreglarme para “La cita”.
A las nueve menos cinco estoy en la puerta del portal. “¿Qué mierda es esta?”, es lo primero que mi cabeza da a pensar cuando veo aparece un coche n***o, grande y carísimo por el final de mi calle. Lo de la discreción, no va con él, ¿no? Si se abriera un pozo justo bajo mis pies y la tierra me tragara en este momento sería genial. Pero no solo eso, no conduce él, trae conductor. Hay veces que no se me da bien controlar mi expresión, y evidentemente debe ser el caso.
- ¿Qué pasa? – mi gesto debe ser peor de lo que creo, Nero me habla sin ni siquiera saludar.
– Esto no es precisamente discreto, en este barrio canta por soleares.- Le digo señalando el coche. - Todo el mundo nos mira. - Yo vestida con un pantalón corto, una camiseta de estampado en flores y sandalias planas no estoy precisamente glamurosa a su lado cuando veo que al bajar del coche viste unos pantalones de sastre tan apretados como su camisa blanca arremangada hasta los codos, también obscenamente entallada a sus músculos. “Creo que me va a dar algo” Sin apartar la vista de él, creo que me he puesto como un tomate.