Cap.4

1192 Words
—¡Papá! —grito fuera de mí y la puerta de mi habitación se abre de golpe. Mi respiración es un asco, pero cuando me fijo en cómo va, empeora. —¿Qué pasó? —pregunta realmente preocupado, entrando a mi habitación y viendo a los lados. Saboreo mis labios, luchando con no bajar la mirada de su pecho, pero fallo y me toca morder mi labio inferior para no jadear por la vista. —Un mal sueño —miento, porque no puedo decirle que lo contrario a un mal sueño es haber soñado con que, esta vez, en lugar de follarse a una de mis amigas, a la que le estaba comiendo el coño era a mí. —¿Quieres que me quede? —pregunta, sentándose a mi lado en la cama. Ay, por Dios, soy la peor hijastra del mundo. Asiento porque aunque preferiría que se vaya porque acabo de tener un orgasmo por mi sueño con él, nunca digo que no cuando propone acompañarme a dormir después de haber tenido una pesadilla. La realidad es que tengo muchas pesadillas desde pequeña. Mi mente es muy imaginativa y malvada, porque casi nunca me da buenos sueños, siempre son malos, pero nunca había tenido un sueño erotico. Me hago a un lado y él se mete en la cama conmigo, levantando la manta para arroparse. Mi cuerpo tiembla al pegarme a él y por instinto mi pierna viaja a su cintura, rodeándolo, pero en el proceso toco algo más y gruñe bajo. Contengo la respiración, pero no puedo dejar de temblar por las caricias que reparte en mi brazo, intentando calmarme, cuando la realidad es que me está empeorando. Es mi padre. Él me ve como una hija. Cree que está consolando a su hija para que vuelva a dormir en paz. Pero no. Lo que está haciendo es encender más mi cuerpo que está ansioso por otro tipo de toque de su parte. Gruño furiosa con las chicas por hacer insertado en mi cabeza, la posibilidad de verlo como hombre. Es horrible. —Shh, estás bien, mi amor. Estoy aquí —susurra, besando la cima de mi cabello. Me va a dar un infarto, lo juro. —No puedo dormir —admito bajito. —¿Qué soñaste? Ya sabes que si me lo cuentas, no se volverá realidad. Nadie va a lastimarte mientras yo esté contigo —promete. Cierro los ojos, mordiendo mis labios porque no puedo decirle. No puedo decirle que soñé que estaba en la sala, con mis piernas abiertas y mis rodillas sobre sus hombros, mientras él estaba arrodillado delante de mí, comiéndome el coño como nunca antes lo hicieron. No puedo decirle que me tenía restregándome contra su boca maravillosa por los movimientos que hacía, el cómo me penetraba con su lengua y al mismo tiempo, me chupaba, tiraba y soltaba de mis pliegues a su antojo. No puedo decirle que me corrí por primera vez con un hombre y que él se degustó todo mi orgasmo con su hbilidosa boca, hasta que ya no quedó más que limpiar, pero que no se detuvo y siguió lamiendo, probando, provocando más y más de mis fluidos hasta que el segundo orgasmo fue el demoledor y grite su nombre con todas mis fuerzas. Dios, estoy enferma. —Ya no lo recuerdo —miento y él me presiona más contra él, tomando con su otra mano, la mía y haciendo que rodee su estómago con ella. Moriré en cualquier momento por aguantar tanto la respiración, lo sé. —Ya pasó, vuelve a dormir, no voy a irme —promete. Alzo la cabeza, haciendo que baje la suya y me mire. —¿Alguna vez me has visto de otra forma? —pregunto bajito y él arruga el rostro. —¿Qué? —¿Alguna vez me has visto como algo más que tu hija? —insisto, sintiendo mi corazón bombear sangre frenéticamente. Necesito dejar de sentirme como una enferma. Si me dice que no me ve como su hija, podré dejar de culparme por no verlo como un padre. O bueno, por verlo más como hombre que como padre, mejor dicho. —¿A qué viene esa pregunta? —replica. Muerdo mi labio inferior y me fijo en que sus ojos se clavan en mis labios. —Quiero saber si me miras como mujer —explico casi en un jadeo porque sus ojos no dejan de ver mis labios y eso me está calentando todo el cuerpo. —Eres una mujer, Babe. No tienes edad, pero sé que ya eres una mujer —admite, sin embargo no responde mi pregunta. —Eso no fue lo que pregunté —me quejo y sonríe, viendome a los ojos ahora sí. —¿Por qué estás tan preguntona hoy? —replica. Entrecierro los ojos, viéndolo mal. —Es normal que tenga preguntas, ¿no? —Sí, pero no es normal que tus preguntas vayan dirigidas a mí en específico. Puedo responder cualquier cosa que quieras, pero ¿por qué te interesa saber ahora sobre mi vida s****l y gustos? —cuestiona. Saboreo mis labios, queriendo decirle que porque estoy fantaseando con que mi vida s****l va ligada a la suya. —Porque los chicos de mi edad son unos tarados —confieso y él ríe con ganas, moviéndonos para quedar de lado, pero toma mi pierna y la deja sobre las suyas, con una muy mínima separación de nuestros cuerpos. El calor me está calcinando viva, lo juro. —¿Y quieres que yo te diga cómo enseñarles a ellos a coger o es para decirles a tus amigas cómo cojo en realidad? —pregunta. Suspiro, tragandome un jadeo al acariciar mi pierna Creo que ni siquiera se ha dado cuenta de que me está acariciando, pero yo sí que lo noto. Y mucho. —Quiero saber si me miras como mujer —insisto. Por fin parece entender mi pregunta porque baja su mirada a donde mis pechos se elevan por mi respirar tan errante y clava sus dedos en mi pierna. —¿Cómo me miras tú? —revira. —Eres un hombre —resuelvo, omitiendo el hecho de que es un hombre de toda mi liga, mucho mejor que cualquier chico de mi edad que haya conocido. —Lo soy, pero ¿solo soy un hombre para ti? —insiste. Sé que quiere que diga que es mi padre y sé que debo decirlo, porque lo es. No importa que no haya sangre de por medio, no puedo simplemente decirle que no es mi padre, después de haberme críado casi toda mi vida. No es justo. Sin embargo, ¿cómo le explico que más que mi padre, es el hombre que estoy deseando que me folle ahora mismo, porque estoy segura de que él sí sabe cogerme y dejarme saciada? ‍​‌‌​​‌‌‌​​‌​‌‌​‌​​​‌​‌‌‌​‌‌​​​‌‌​​‌‌​‌​‌​​​‌​‌‌‍
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD