Después de ordenar pizza, no podía concentrarme en mi habitación para dormir. Solo tenemos un TV en la casa y está en la sala, así que decidí bajar, pero sigo sin concentrarme una mierda.
La película no está interesante y el no querer hablar con las chicas me tiene molesta. Estoy molesta porque se quieren follar a mi padre, pero me molesta más que a ellas no les importe mi molestia.
Son mis mejores amigas y andan apostando sobre comerle la polla a mi padre. Como si yo me refiriera de esa forma a sus padres. No lo hago, no me interesan, pero no, Matheus es diferente, claro.
Eso es lo que siempre dicen.
Lo que yo digo es que son unas zorras y que después de habernos follado a los chicos del pueblo, ya no quedan atractivos y ahora quieren explorar con los hombres maduros. No me importa eso, es más, yo fui la que dijo que los chicos son unos idiotas que creen que con meter la v***a ya nos harán tener un orgasmo y fallan, siempre fallan.
Al menos conmigo, siempre fallan.
¿Cómo es posible que después de siete chicos, ninguno me haya podido dar un orgasmo? Es que, ni siquiera con sus bocas lo consiguen, pero sé que no es mi culpa, muy buenos orgasmos me doy yo misma con mis dedos. Sin embargo, siempre es bueno tener una polla para jugar, pero odio no quedarme saciada luego de eso.
Terminar embarrada de semen de un chico que no fue capaz de hacerte terminar, es deprimente. Me siento como una prostituta que ni siquiera cobra por sus servicios. Un banco de esperma.
Por eso les dije a las chicas que deberíamos probar con hombres maduros y experimentados que de seguro sí saben hacer venir a una mujer. ¡Pero no les dije que se fijaran en mi padre!
De tantos hombres, ¿por qué fijarse en mi padre?
Porque son unas zorras.
Gruño y comienzo a buscar canales al azar para ver si otra cosa me llama la atención, pero me detengo de golpe cuando llego a uno que no debería estar desbloqueado. Sé que Matheus ve esas cosas, sé que tiene pago esos canales, pero también sé que los tiene bloqueados y que no deberían no estarlo ahora.
De inmediato siento mi cuerpo calentarse por la vista de la mujer abierta en el sofá, recibiendo las embestidas del hombre que la tiene bien sujeta por las caderas, impulsándola con fuerza contra su cuerpo mientras los pechos de ella revolotean por los duros movimientos de su amante.
Le bajo el volumen casi a mute cuando los gritos de la chica no suenan falsos, sino gustosos. No es como esas pelis porno que veo cuando me masturbo, esto se ve real.
Saboreo mis labios sin poder despegar mi mirada del TV, y sin darme cuenta, ya tengo la bata del pijama subida y he movido la tanga a un lado para encontrar mis pliegues empapados. Suelto un jadeo bajito, sin despegar mis ojos de lo que hacen y aumentando los movimientos de mis dedos cuando el hombre le da la vuelta a la chica, arrodillándola de una vez para guiar su polla a la boca de ella.
La visión me roba el aliento por lo brillante que la tiene y lo mucho que la chica debe abrir la boca para que semejante polla le entre.
—¡Ah! —jadeo más fuerte, encontrando el ritmo perfecto de mis dedos sobre mi clítoris mientras mis otros dos dedos, entran y salen divinamente de mi interior. A esto me refiero, yo sola puedo darme todo el placer que necesito.
Un placer que no me dan los chicos mientras me penetran toscamente y creen que es lo que quiero.
No, no quiero que te muevas rápido y duro, si no vas a estimular bien mi clítoris ni a excitarme el cuerpo con tus besos o manos. No te quiero follandome, creyendote que haces un buen trabajo, cuando ni siquiera consigues que me moje para ti, idiota.
Gruño fuerte, recogiendo los dedos de mis pies al estar a punto de llegar, pero todo se va al diablo cuando escucho su voz:
—¿Babe? —me llama mi padre, entrando por la puerta de la cocina. De inmediato apago el TV y me acomodo la bata del pijama, fingiendo estar viendo algo en mi celular—. Sigues despierta —dice al llegar a la sala.
Mi corazón va a mil por horas por el temor de casi haber sido descubierta masturbandome, así que solo asiento lentamente, sin saber exactamente qué decir.
—¿Qué haces? —pregunta, caminando más al interior y llegando hasta el sofá donde estoy.
—Estoy leyendo —miento, pero veo mi celular y efectivamente estoy dentro de una app de lectura.
—¿Y qué libro lees? —insiste. Odio cuando se pone en modo sacarme conversación a toda costa. Normalmente lo hace cuando estoy furiosa y quiere alegrarme, pero justo ahora debo tener una cara es de aterrada.
Porque efectivamente lo estoy. Puedo sentir la humedad en el sofá debajo de mí, por la forma en la que mis fluidos se deslizaban de mi coño. Si me muevo, se notará lo mojado.
No puedo dejar que él vea eso. Sería muy vergonzoso. Sé que sabe que follo, porque no he tenido que mentirle en ningún momento cuando algún chico viene a buscarme a casa, pero saber que tu hijastra tiene una vida s****l activa es una cosa, verla masturbarse es otra muy diferente.
—He, pues, ya sabes, es de romance —miento. Aunque no es una mentira del todo, sí es romance. Que sea romance oscuro no quiere decir nada. Matheus saborea sus labios y sin saber porqué, sigo el recorrido de su lengua, pero me recompongo rápido y regreso mi vista a sus ojos—. Terminaste rápido. ¿Fue fácil? —pregunto, queriendo cambiar el tema.,
—Sí, creí que me daría más trabajo, pero era un pequeño corto electrico. Lo arreglé y volví a casa, pero ya es tarde, deberías dormir. Tienes clases en unas horas —me recuerda. Asiento, sin embargo no me levanto.
No puedo levantarme y que él vea la humedad en el sillón. No puedo.
Arruga el rostro cuando no hago nada para levantarme. Muerdo mi labio inferior.
—Ve a dormir, yo subiré a mi habitación enseguida, lo prometo. Termino este capítulo y listo —miento, moviendo mi celular para que me crea. Suspira hondo y asiente, levantándose del sofá.
—Pero solo ese capítulo, Babe, debes despertar temprano para ir a trabajar —advierte.
—Sí, papá —acepto y cierro los ojos cuando se agacha para dejar un beso en mi frente.
—Hasta mañana, mi amor —dice y se levanta. Sonrío en todo momento, viéndolo marcharse.