Capítulo 4

1259 Words
Narra Melany Cuando era una niña y aun mis padres vivían tuve la fortuna de aprender algo importante, todo por medio de un hermoso acto de humanidad, era una tarde lluviosa, regresábamos de la casa de la abuela, mi padre conducía muy concentrado en la carretera pero por una extraña razón frena haciendo que mi madre se sobresalte. Él  sale del auto en medio de la tormenta dejándonos preocupadas y muy intrigadas por la razón que lo hizo salir de semejante manera; unos segundos después aparece con un pequeño cachorro  en sus brazos, ambos empapados por la lluvia, nunca antes me había sentido tan triste, pobre animalito parecía una gelatina, sus patitas temblaban. Aun siendo una niña me preguntaba cómo alguien podía hacer algo así, hasta ese instante era muy inocente como para comprender la malicia.  En casa nunca habíamos tenido una mascota, quizás esperábamos el momento justo para que alguien como Fluppy llegara, pero lastimosamente dos días después ocurre el accidente que cambió mi vida y me llevó a vivir bajo desgracias, no solo yo, también Fluppy tuvo un destino cruel. La mañana que mi tía fue por mí para llevarme con ella, tomó mis cosas, mis juguetes y al perrito para instalarnos en el lugar que sería nuestro nuevo hogar, lo que no imaginaba era que de la manera más cruel el auto se detiene  y mi tía arrebata al indefenso animal de mis manos y sin decir más lo deja abandonado en la carretera, ese día no entendía la razón por la que lo hacía, recuerdo que lloré y lloré hasta quedarme dormida, por días me preguntaba que fue de la suerte de la única mascota que tuve hasta que con el paso del tiempo lo olvidé por completo.  Es lamentable que ahora yo me sienta como Fluppy, estar sola en medio un lugar que no conozco me hace sentir perdida, con temor y con muchas ganas de gritar por ayuda, pero por más que quiera sé que nadie podrá hacerlo. - Will, por favor lléveme con usted – le suplico al hombre que se aleja de mi Él gira con pesar en sus ojos, sé que no puede hacer más. - Lamento no poder ayudarla – el vuelve a dar la vuelta y sigue su camino - ¡Espere! Solo dígame donde estoy, por favor – pregunto para hacerme consciente de que tan lejos estoy de la que un día fue mi casa. - Irlanda – responde sin detenerse Mi visión es borrosa, no solo por la lluvia sino también por las lágrimas que empañan mi vista ¿Qué se supone que haga ahora? Empiezo a caminar hasta donde pueda encontrar un lugar seguro, lo único que me alivia es que esta gran capa cubre no solo mi cuerpo si no también lo que llevo dentro del maletín. Luego de unos minutos veo casas, la neblina ha cedido y me ha permitido mirar un poco de lo que rodea, ¿En qué parte estoy exactamente? Debe haber algún cartel, anuncio de bienvenida, algo que me diga dónde demonios me encuentro. A lo lejos veo el aviso de un restaurante, la luz que emite es tan fuerte para mis pobres ojos que me debo acercar más para leer lo que está escrito allí. - Mexican food in Dublín, ¿Dublín? Es poco lo que conozco de este lugar, ¡Dios mío! Llego al restaurante y las pocas personas que están me observan con rareza - Bienvenida – dice un anciano, al parecer es el dueño del lugar. - Gracias – digo con la voz apagada, creo que en mis ojos se refleja que necesito con urgencia ayuda - ¿Qué deseas pedir? – pregunta reparándome de pies a cabeza - Agua – respondo sin más, la verdad no sé cómo pagar, no voy a usar ese dinero, no me pertenece. - ¿Está bien? – pregunta el señor frente a mi Afirmo con mi cabeza, siento tanta melancolía por lo que ahora estoy pasando que se ha formado un nudo en mi garganta, no puedo pronunciar una sola palabra porque las lágrimas de desespero se podrían apoderar de mí y no tengo las fuerzas suficientes para controlarlas. Aquel señor se aleja y regresa con comida, veo el plato lleno y dudo en recibirlo pero el sigue allí. - Come algo, luego te sentirás mejor; unos tacos le alegran la vida a cualquier persona. Mueve mi cabeza de lado a lado negando a su acto - Anda, recíbelo, es cortesía de la casa Veo al señor de piel morena y con su sonrisa calidad me hace estremecer, recibo su plato y lo devoro como una bestia. Él se aleja un poco pero desde la distancia no deja de observarme, tal vez estoy siendo demasiado obvia, pero no puedo disimular como esta mi corazón. Quizás estoy siendo afortunada, así como Fluppy fue rescatado por mis padres ellos me quieren rescatar a mí. - ¿Te gustan? – dice una señora bastante mayor que aparece ante mí, me sonríe y se sienta en el puesto del frente - Si, son muy ricos – digo con la boca llena - Mi esposo prepara los tacos más ricos de todo Irlanda, aquí en Dublín vienen las personas todo el tiempo a probar la rica comida que el prepara. Todos piensan que es una locura, que yo debería cocinar pues se supone que deba ser la encargada de eso pero es todo lo contrario. - Son muy generosos, muchas gracias – menciono dejando el plato limpio como una demostración de lo rico que estuvo - No tienes que agradecer, lo hacemos con el mayor de los gustos, cuéntame ¿Cómo te llamas? - Melody – respondo de inmediato, ese es un nombre que siempre me ha gustado - ¡Qué bello nombre tienes! Dime Melody, ¿Qué haces aquí? Tu rostro no lo había visto antes por aquí. - Acabo de llegar – respondo con la cabeza agachada - ¿De dónde eres? – sigue cuestionando - Soy de Londres, he venido porque… porque necesito un empleo – es lo único que se viene a mi cabeza - ¡Oh cariño! ¿Estás sola? - Sí, estoy sola, he dejado a mi familia en Londres porque mi madre ha enfermado, no tenemos a quien pedir ayuda así que mi hermana pequeña Melany se ha quedado con ella y yo he venido a ganar algo de dinero. Dios mío, perdóname por mentirle a estas personas que tienen la intención de ayudarme pero no puedo exponerme, aquí no tengo a nadie y no puedo confiarme. - Que lamentable, ¿y tienes a dónde ir? – pregunta tomando mi mano - No, no tengo a donde ir Al responder el señor aparece ante nosotras sobresaltado por lo que ha escuchado - Una joven no puede estar por allí sola, aquí es un lugar seguro pero no es lo correcto que andes sola en medio de la lluvia. - Carlos, tal vez ella deba quedarse, ¿no crees? – pregunta la mujer a su esposo con ojos de suplica - Claro, en casa tenemos un lugar pequeño pero puedes acomodarte, allí estarás segura. - ¡De verdad! ¡Muchas gracias! son ustedes muy amables conmigo Oh, qué alivio el que siento en este momento, sin duda Dios ha tenido piedad de mí al enviarme estos dos ángeles, así mismo debía sentirse Fluppy al estar en los brazos de mi padre cuando lo recogió de la solitaria carretera; por fin puedo sentir mi corazón latir con normalidad. 
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