Narra Melany
Pasé la noche en una pequeña habitación, para mi es el lugar más cómodo en el que he estado, el hecho de haber estado en peligro hace que estas cuatro paredes sean como el cielo. Los señores que me han tendido su mano viven en la misma tienda, aquí al cruzar una puerta llegamos a su cálido hogar, me parece increíble el contraste, de un lado es un bonito restaurante de comida mexicana y del otro su casa.
Escucho ruido afuera, creo que ya se han despertado, me pongo de pie y noto que aun llevo aquella capa de anti fluido que me dio Will, me la quito y acomodo mis cabello y la ropa que no he cambiado desde hace un par de días, huele mejor un chivo que yo.
De repente el maletín se viene a mi cabeza y veo donde lo dejé, está al lado de la cama. Tal vez deba ocultarlo, si lo llegan a ver pueden pensar que lo he robado; lo ocultaré debajo de la cama.
Salgo de la habitación y veo a los señores sentados en su sala tomando café, charlan de forma placida.
- Buenos días, señor Carlo y señora – saludo con una sonrisa
- Oh, ya has despertado; buen día pequeña, no me digas señora, puedes decirme Regina – la mujer deja su café en la mesa y se pone de pie para entregarme algo que parecen prendas de vestir.
- Creo que esto puede quedarte bien, le pertenecía a mi hija, pueden ser de la misma talla.
Recibo las prendas mirando a mí alrededor, quizás su hija este aquí y pueda agradecerle por la ropa.
- Ve al baño y toma una ducha, debes necesitarla – menciona señalando hacia una puerta.
¡Sí! Oh cuanto anhelaba un baño, nunca había extrañado tanto bañarme, que rico.
Voy al baño y por el corto pasillo veo fotos en las paredes del señor Carlos y su esposa y de una joven más o menos de mi edad, ella debe ser su hija, es muy bonita, una latina preciosa. De seguro debe estar estudiando o quizás trabajando.
Entro al baño y quito casi que arrancada las prendas que llevo, están sudadas y sucias, abro la llave y el agua empieza a correr, es una delicia como se siente cada gota recorriendo mi piel, era tan necesario este momento, quien diría que sería feliz en un baño.
Tras un rato salgo vistiendo un vestido de color azul claro con un estampado de flores pequeñas, es muy bonito, me ha quedado perfecto; cierro la puerta llevando en mis manos los trapos que debería botar, miro al frente y veo cruzar hasta la sala a una joven, no logro detallarla bien pero creo que es la hija de la señora Regina, camino un poco más rápido para llegar a la sala y así poder saludarla, pero al llegar al final del pasillo solo veo a la pareja de esposos desayunando.
- Ya has quedado lista, luces muy hermosa – expresa la mujer sonriente
Yo miro a los lados y no veo a nadie más.
- la chica que…
- Ven a desayunar, debes tener mucha hambre – dice el señor Carlos interrumpiéndome
El hombre señala un puesto de la mesa para que los acompañe.
- Luce muy rico, muchas gracias – menciono con carisma
- Esa es su especialidad, este era el desayuno preferido de nuestra hija
La mujer toma las prendas que llevo en las manos y se aleja con ellas.
- ¿Su hija donde se encuentra? – cuestiono mientras reparo a mis lados, creyendo que estaba por allí en algún lugar.
- Nuestra hija desapareció hace cinco años, cuando tan solo tenía diecinueve años de edad
- ¿Desapareció? Pero…
Me quedo callada tras analizar bien lo que acabo de escuchar, me da un leve temor porque estoy segura de lo que vi. Pobres, quizás por eso se han portado de esta manera conmigo, verán a su hija reflejada en mí.
- Ha sido un golpe muy duro para nosotros, hemos contratado a los mejores detectives pero es como si la tierra se la hubiera tragado.
La señora Regina regresa a la sala y tras escuchar nuestro tema de conversación se une a la charla.
- Fue un día como cualquier otro, abrimos el restaurante a las 9:00 am como de costumbre, ella vistió con su uniforme y mientras su padre terminaba de desayunar ella se encargaría de todo allá afuera, pero cuando Carlos salió no había rastro de ella, la esperamos una hora porque pensamos que pudo salir a comprar algo, aunque se nos hizo extraño que no diera aviso; esa ha sido la hora más eterna porque hasta entonces no volvimos a saber de su paradero.
- Es muy triste escuchar eso, no me imagino lo difícil que ha tenido que ser para ustedes.
- Lo es, juntos hemos sobrevivido, luego de tres años retomamos las funciones del restaurante porque quedamos destrozados, solo Dios nos ha dado fortaleza para sobrellevar tan dura situación.
Al señor se le nublan un poco los ojos, que pesar lo que me han contado.
- Ella debe tener tu edad en este momento – Regina suspira con tristeza – hay veces que la siento tan cerca de mí, es como si estuviera con nosotros.
- ¡Oh, mi cielo! Es demasiado tarde, iré a abrir el restaurante. – dice el señor quien salta como resorte de su asiento.
- Tal vez pueda ayudarlo – digo de inmediato
- Claro, sería maravilloso.
Vamos hasta el restaurante que queda solo al cruzar una puerta, el hombre abre las persianas y yo empiezo a acomodar las mesas y sillas, esto no es nada nuevo para mí. Durante la mañana los clientes comienzan a llegar y yo los atiendo, pues es lo mejor que se hacer, al final de todo soy una camarera con mucha experiencia.
En la hora del almuerzo la señora Regina me pide que la acompañe a la cocina, necesita una mano para servir la comida.
- Por instantes se viene a mi mente mi pequeña Mónica, hace mucho no teníamos a alguien que nos ayudara en este lugar, que lastima no poder compensarte como te mereces, en este momento se nos hace difícil pagarte por tu excelente servicio.
- No tienen que hacerlo, puedo ayudarles el tiempo que necesiten – menciono siendo consiente que no tengo más a donde ir
- ¡Oh no! Tú has venido aquí porque necesitas el dinero, has viajado para ayudar a tu madre enferma, lo justo es que te recompensemos por tu labor y de esa manera puedas enviarle algo a tu hermana.
¡Rayos! Ya había olvidado esa parte, no digo nada pues se supone que esa es la verdad
- Es por eso que Carlos está hablando con un buen amigo para ver si te pueden dar empleo en su súper mercado, allí podrás trabajar y ganar dinero para tu madre.
- Eso es fantástico, muchas gracias – menciono disimulando mi alegría, ya me siento cómoda aquí pero quedarme no tendría mucho sentido por la historia que les conté
Al llegar la noche le ayudo a la pareja a cerrar todo, ubicar las mesas, limpiar y organizar el lugar para el próximo día.
Cuando volvemos a la casa el señor toca el tema de conversa con relación a lo que estaba haciendo, me ha dicho que mañana temprano debo ir al súper mercado de su amigo, me han ofrecido su casa para dormir aquí por las noches pero creo que puedo hacer lazos emocionales con ellos, lo mejor es que me marche, claro que les agradeceré por lo que han hecho conmigo.
La mañana siguiente luego de desayunar me dan la dirección a la que debo ir, vuelven a ofrecerme su casa para quedarme con ellos, pero no les doy una respuesta.
- Agradezco de todo corazón lo que han hecho por mí, nunca me voy a olvidar de ustedes, de verdad muchas gracias por abrirme las puertas de su hogar y cuidarme estos días.
- Si deseas regresar, puedes hacerlo.
- Muchas gracias
Antes de marcharme voy por aquel anti fluido y el maletín que escondo bajo la capa plástica, pues es lo único que he traído y lo único que me puedo llevar, pero antes, abro el maletín y dejo varios fajos de los billetes sobre la cama. Este dinero lo necesitan y sabrán como administrarlo, solo deseo de corazón que pronto puedan encontrar a su hija Mónica.