Narra Melany
Luego de largas diecinueve horas el Ferri ha llegado a su destino, durante ese tiempo estuve oculta en una pequeña habitación, era algo calurosa pero al parecer muy segura, me dieron alimentos y mucha agua durante mi instancia aquí, no sé a dónde voy ni que me espera cuando baje de este aparato.
- Señorita, pronto vamos a tocar tierra firme, por favor no salga hasta que yo venga por usted, sea paciente por favor.
Un hombre bastante mayor es quien me cuida, no comprendo en que momento Mark ha planeado todo esto, solo quiero verlo y preguntarle qué demonios pasa.
Escucho voces fuera de aquí, escucho ruidos que perturban mi tranquilidad, no sé cuántos ataques de ansiedad me han dado, me agobia el hecho de pensar que estoy oculta sin saber a dónde putas me llevan.
Tan fuerte ha sido este trance que ni siquiera me había percatado que llevo un maletín que no he soltado, en mi shock no recuerdo en que momento me lo han entregado, soy consciente de el cuándo al pararme de la pequeña cama se cae produciendo un sonido que hace que reaccione.
- ¿Pero qué carajos es esto? – lo observo con algo de intriga pero mi atención se centra en la puerta, alguien la está tocando.
- Señorita, soy yo. Por favor abra la puerta, es hora de salir.
Voy hasta la puerta con la intención de irme y dejar aquel maletín allí, pero luego detengo mis pasos y la curiosidad me gana. Me doy vuelta para saber lo que contiene.
- Señorita, abra la puerta – repite el hombre
- Deme un segundo, estoy orinando – digo rodando aquel balde que me han dado para que haga mis necesidades.
Me agacho para tomar el misterioso maletín, lo pongo sobre la pequeña cama y aprieto con mis dedos pulgares dos manecillas doradas o botoncillos que se encuentran en cada extremo, que al ser presionados hacen que el seguro se abra de forma inmediata, la tensión y el miedo se vuelven aún más intensos, así que con sumo cuidado levanto la tapa superior temiendo por lo que allí pueda haber, hago pausas para inhalar aire y sigo abriendo con lentitud aquel maletín que de a poco muestra su contenido, quedo sorprendida por ver lo que he sostenido por horas, nunca había visto tanto dinero, eran mucho fajos de billetes ¡Dios mío! Yo tuve todo el tiempo esto en mis manos.
- ¡Señorita, dese prisa por favor! – pronuncia con tono alterado el hombre
Cierro de inmediato el maletín, tomo aire, cuento hasta diez para parecer calmada, creo que era mejor llevar esto conmigo sin saber su contenido.
Abro la puerta y una brisa fría choca con mi piel.
- Por favor, póngase esto, siga mis pasos y no levante la mirada, nadie puede saber de su presencia – indica extendiéndome una capa de anti fluido amarillo, por lo que escucho hay una tormenta, situación que me favorece para pasar desapercibida.
Pongo sobre mí la capa plástica y cubro mi cabeza con la capucha, llevo dentro de ella el maletín sujetado con fuerza.
El hombre entra a la habitación para deshacer mis rastros, toma los platos de comida, las botellas de agua y nota que en aquel balde no hay nada, me mira dudoso al notar que dije mentiras.
- No pude orinar, se me hace difícil hacerlo allí – digo con tono relajado
El sujeto tira todo en una bolsa de basura que deja escondida detrás de unas enormes cajas
- Luego tiro esto a la basura, ahora vamos a sacarla de aquí. Recuerde, agache su cabeza y siga mis pies. ¿Entendido? – pregunta poniendo su mano en mi hombro
- Entendido – respondo de inmediato
Caminamos a través de varios pasillos con escaleras metálicas que nos conducen hacia otros lugares, puedo observar que hay varios tubos que pasan por la parte superior de nosotros, hemos caminado largos tramos que parecen un laberinto, solo me pregunto ¿en que momento entré por aquí? No recuerdo caminar por estos lugares, hasta ahora soy consciente que estuve en un estado atroz, en medio de mis miedos, la adrenalina y los fuertes momentos que he vivido tan repentinos y consecutivos, han hecho que mi mente actúe así, es como mi mecanismo de defensa, quedo con la cabeza en blanco por instantes.
- Espere aquí un segundo – indica el hombre dejándome en una habitación, sale a percatarse que sea seguro salir.
- Venga – dice haciendo una señal con su mano
Al cruzar la puerta hemos llegado a una cocina, una gran y amplia cocina.
- Tenga cuidado de tropezar algo, lo que menos queremos es hacer ruido – pronuncia en susurros
Afirmo con mi cabeza y continuamos el recorrido, cruzamos una puerta más y llegamos a un salón bastante lujoso, me siento como en la película del titanic, quiero detallar todo lo que hay pero en la prisa por salir es poco lo que puedo ver.
- Saldremos por la entrada principal, solo quedan pocos trabajadores, baje su cabeza – sigue con las indicaciones.
A partir de ese momento no pude apreciar más, solo pude mirar sus zapatos mojados y algo sucios.
- Vamos a descender por escaleras, por favor sosténgase con fuerza de la baranda – mi guía sigue dando indicaciones sin mirarme, va delante de mi diciendo lo que debo hacer.
- ¡Hey Will! ¿Eres tú? – escucho pero no sé de donde proviene la voz.
Los pasos que sigo se detienen por lo que también me detengo de repente.
- ¿Cómo vas? – responde quien va frente a mí.
- Pensé que ya te habías ido, ¿Por qué estás aquí? – cuestiona la persona que no logro visualizar
- Había olvidado algo dentro, tuve que regresar por eso.
En medio de la escena un silencio incomodo aparece, es tan grande el silencio que los latidos de mi corazón producen un sonido más fuertes que la mismas lluvia y los truenos.
- Bien, creo que me iré, la lluvia parece que se pondrá peor – dice Will, mi guía y cuidador
- Claro, ve con cuidado.
Seguimos descendiendo por las escaleras y de reojo por fin veo el muelle, pronto tocaremos tierra firme.
- ¡Will! – vuelve a gritar el otro hombre
- ¿Si? – responde quien va delante de mi deteniendo sus pasos
- ¿Quién te acompaña? – pregunta acercándose, tanto que también puedo ver sus zapatos
- ¡Oh! es Fernando, se siente bastante mal, cree que ha atrapado un resfriado, por eso queremos llegar pronto al hotel.
¡Vaya! Will es bastante bueno para las mentiras, responde sin trabas.
- ¿Fernando? Creí verlo salir hace un rato – contesta el intruso que no nos deja avanzar
- Claro que no… el, el aun no… - Will tiene tono nervioso, no sabe que responder ¡demonios! Nos van a descubrir. Vamos mi querido Will, saca al pinocho que llevas dentro.
- ¿Está todo bien? – el intruso parece sospechar por lo que yo empiezo a toser, lo hago como si estuviera muriendo, toso como cual perro enfermo con tos seca.
- ¡Oh! demonios chico, vete pronto o la lluvia te dará una pulmonía.
Veo debajo de la capa los zapatos del otro hombre alejarse, me alivia saber que estuvimos a punto de fracasar.
- Sígueme – dice Will tomándome del brazo y caminando más a prisa.
Seguimos andando varios metros más hasta que de repente se vuelve a detener.
- Listo, hasta aquí la acompaño señorita – dice sin más
- ¿Cómo así?
Veo a mi alrededor y estoy en medio de la nada.