Reunión de Negocios
El rugido de los motores y el bullicio de la ciudad envolvían a Ciara Baker mientras descendía del auto n***o que los había llevado hasta el hotel en Nueva York. Su primo Aksel caminaba a su lado, con la confianza propia de un futuro alfa, pero ella no tenía el lujo de esa certeza. Como omega dominante y la última de su linaje, su destino pendía de un hilo.
El tiempo se agotaba. Si no encontraba a su alfa antes de la Luna llena, su tío, el alfa de la manada Silver Moon, la entregaría al alfa de Black River para fortalecer los lazos comerciales entre ambas manadas. La idea la asfixiaba. No le interesaba ser moneda de cambio en una alianza forzada, pero la tradición y la política de la manada eran inquebrantables.
Empujó esos pensamientos al fondo de su mente mientras ingresaban al lujoso vestíbulo del hotel donde se encontrarían con Sage Duncan. El hombre era un inversionista y provenía de una antigua familia de Nueva York y su apoyo podría asegurar la estabilidad económica de la Silver Moon. Por eso estaban allí, para negociar.
El hotel se alzaba majestuoso en medio de la bulliciosa ciudad, con su fachada de piedra y vidrio iluminada por la tenue luz del atardecer. Un elegante toldo n***o con letras doradas cubría la entrada, donde los automóviles de lujo llegaban y partían sin descanso.
Aksel se estacionó junto a la entrada y, antes de que pudiera bajar, un valet uniformado abrió la puerta del conductor con una sonrisa profesional.
- Bienvenidos al Grand Regent Hotel. ¿Desean que lleve su equipaje al vestíbulo?
- No, gracias. Solo estaremos aquí para una reunión. - respondió Aksel mientras entregaba las llaves de su sedán n***o.
Ciara salió del asiento trasero, alisando su vestido blanco de estilo clásico. Sentía la textura suave de la tela contra su piel y el ligero peso de su falda ondulante al moverse. Su atuendo contrastaba con la energía vibrante y moderna de la ciudad, pero en ese momento, no le importó. Sus ojos se elevaron, recorriendo el imponente vestíbulo del hotel.
Mármol blanco con vetas doradas.
Candelabros de cristal suspendidos del techo alto.
Un mostrador de recepción de madera oscura, con recepcionistas impecablemente vestidos atendiendo a los huéspedes de élite.
Había visto hoteles en fotografías y en televisión, pero estar allí, en medio del lujo tangible, era otra cosa. Sus dedos rozaron la barandilla de hierro forjado de la escalera que conducía a un piso superior con más salas y restaurantes. Todo era impecable. Refinado. Atemporal.
- ¿Impresionada? - preguntó Brady con una leve sonrisa mientras ajustaba la solapa de su traje.
Ciara parpadeó y trató de disimular su fascinación.
- No está mal. - respondió con indiferencia, pero sus ojos todavía exploraban el lugar con curiosidad.
Aksel, que vestía una camisa blanca bien ajustada, pantalón de tela oscuro y una chaqueta que le daba un aire de adulto joven y serio a la vez, los adelantó hacia la recepción. Caminaba con la confianza natural de un futuro alfa, sin perder tiempo en distracciones.
- Estamos aquí para una reunión con Sage Duncan. - informó con tranquilidad.
La recepcionista revisó en su sistema y asintió con cortesía.
- Por supuesto, señor O’Brien. El señor Duncan los está esperando en la sala privada del salón Windsor, en el segundo piso. ¿Desean que alguien los acompañe?
- Nosotros encontraremos el camino. - respondió Aksel.
Con un simple asentimiento, la mujer indicó el ascensor al otro lado del vestíbulo.
Mientras avanzaban, Ciara susurró a Aksel:
- ¿Seguro que este tipo aceptará ayudarnos?
Aksel le dirigió una sonrisa confiada.
- Solo hay una forma de averiguarlo.
El Salón Windsor tenía una atmósfera sofisticada y privada, con paredes de madera oscura, una chimenea encendida en una esquina y una mesa de conferencias de caoba pulida. La luz cálida de una lámpara colgante iluminaba el espacio con un brillo suave y elegante.
Cuando Aksel, Brady y Ciara entraron, Sage Duncan ya estaba en su lugar, revisando unos documentos en su tableta. A su derecha, Ford Taylor, su asistente y hombre de seguridad, permanecía de pie, con los brazos cruzados y una expresión neutra.
Aksel saludó con cortesía, manteniendo su postura firme.
- Señor Duncan, gracias por recibirnos.
Sage levantó la mirada de la pantalla y estudió brevemente al joven frente a él. Vestía con propiedad y confianza, pero había algo en su lenguaje corporal, una tensión apenas contenida, que no pasó desapercibida.
- Aksel O’Brien. - asintió Sage, estrechando su mano con firmeza - Siéntense.
Ford hizo un leve gesto con la cabeza, señalando los asientos de cuero n***o alrededor de la mesa. Aksel y Brady tomaron asiento frente a Sage, listos para hablar de negocios.
Ciara, en cambio, se dirigió a un sillón apartado, lejos del grupo.
No era que la reunión no le importara, pero ella no estaba allí por números ni acuerdos financieros. Era Aksel quien debía encargarse de todo eso y, aunque confiaba en él, la simple idea de depender de un inversor humano le producía incomodidad.
Sage lo notó.
Desde su posición, observó a la joven que se mantenía distante, como si la reunión no le concerniera en absoluto. Con su vestido blanco y su expresión reservada, se veía completamente fuera de lugar en un ambiente de negocios.
Pero había algo en ella.
Sage frunció levemente el ceño, desviando la mirada de Ciara cuando Aksel comenzó su presentación.
- Mi familia tiene varios negocios en la región de Rochester. - explicó Aksel mientras desplegaba una tablet con gráficos y proyecciones - Manejamos una cervecería artesanal, además de un resort en Mountain Bristol, que funciona todo el año con campañas y actividades al aire libre.
Sage asintió con leve interés, observando los datos en la pantalla.
- El turismo ha crecido en esa zona. - comentó con neutralidad - ¿Cuál es su enfoque?
- Queremos expandir nuestras operaciones, mejorar la infraestructura y atraer más clientes, tanto locales como turistas. Pero necesitamos apoyo financiero para optimizar las instalaciones y reforzar el marketing. La zona natural es excelente y podemos potencias actividades asociadas a cuidado ambiental y supervivencia.
Aksel deslizó su dedo sobre la pantalla, mostrando el presupuesto de financiamiento y las proyecciones a futuro.
- ¿Supervivencia?
- Nuestra familia desciende de cazadores, pero cuidando del ambiente. Mientras menos intervención humana en la interacción con los ecosistemas naturales es mejor para que las personas cuiden lo que tienen.
- ¿Algo sí como ecologistas y reciclaje? - preguntó Ford algo burlón, pero Aksel no se dejó amedrentar.
- No. Nos referimos a sustentabilidad. Tecnología combinada con el entorno de manera eficiente. Paneles solares, manejo de agua y deshechos sin que contaminen los ríos. ¿Qué hace la gente de las ciudades cuando se corta la luz y sus celulares se descargan? Nada. Se ponen ansiosos y no saben ni siquiera como hacer un café de filtro o lavar la loza sin agua corriente. Pensamos en darles los conocimientos básicos para esas cosas. Principalmente niños y jóvenes que sólo usan sus teléfonos.
Sage tomó la tablet y analizó los números con calma, sin expresar ninguna opinión inmediata. Luego, sin apartar la mirada de los datos, hizo un leve gesto a Ford.
- Coordina el envío de esta información a mi correo. Quiero evaluarlo con más detalle.
Ford asintió y sacó su teléfono.
Aksel parecía ansioso, aunque trataba de disimularlo. Sage, notándolo, decidió tranquilizarlo.
- Es una propuesta interesante. Te daré una respuesta pronto.
Aksel soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo y asintió con firmeza.
Sage desvió la mirada nuevamente hacia Ciara.
Seguía allí, callada, inmóvil, con la mirada perdida en la chimenea, como si nada de lo que se decía le importara.
No podía entenderlo.
Pero la inquietud que le provocaba era suficiente para que, cuando la reunión terminó y los jóvenes se levantaron para irse, Sage siguiera con la vista a Ciara hasta que desapareció tras la puerta.
Un par de horas más tarde, Sage dejó la tablet sobre el escritorio de madera oscura y pasó una mano por su rostro, sintiendo la tensión acumulada en su cuello y hombros. Había estado revisando la propuesta de Aksel O’Brien durante más tiempo del que planeaba, analizando cada cifra con detenimiento. Los números tenían potencial, pero lo que más le inquietaba no estaba en los gráficos, sino en la sensación persistente de que algo en esa reunión no había sido del todo convencional.
Varias veces, algunos clientes potenciales, traían a mujeres vestidas y maquilladas para bajar su guardia, pero estas se sentaban en la mesa y se hacían notar. La joven, parecía no querer estar ahí y menor notar su presencia.
Se giró, observando por los ventanales de su suite la vista de la ciudad iluminada. Nueva York de noche era un océano de luces, un paisaje vibrante e inagotable. Pero en ese momento, no tenía la paciencia ni la energía para disfrutarlo.
Ford entró sin anunciarse, con su celular en la mano, revisando mensajes.
- ¿Qué decides? - preguntó con su tono habitual, seco y directo.
Sage suspiró y se giró hacia él, aflojándose el cuello de la camisa.
- Mañana lo discutiremos con más calma. Ahora necesito un respiro.
Ford alzó una ceja.
- ¿Respiro? ¿Tú? Eso es nuevo.
Sage le lanzó una mirada de advertencia mientras tomaba su chaqueta.
- Voy al bar a tomar una copa de vino y luego subiré a dormir. Es viernes, después de todo.
Ford sonrió de lado y asintió.
- Claro. ¿Quieres que me quede cerca?
- No, estaré bien. Solo quiero beber tranquilo y relajarme un poco.
Ford no insistió, pero su instinto le decía que algo estaba diferente en Sage esa noche. Lo observó salir de la habitación con un aire más distraído de lo habitual y sintió la tentación de seguirlo de todos modos.
Pero lo dejó ir. Sage Duncan no era alguien a quien se le impusieran límites con facilidad.
Mientras descendía en el elegante ascensor del hotel, Sage se pasó una mano por el cabello y dejó escapar un suspiro.
No estaba seguro de por qué aún no podía sacarse de la cabeza la imagen de la joven de blanco, sentada en ese sillón, apartada del mundo de los negocios, con esa mirada distante e indescifrable.