El corazón de Olivia latía con fuerza mientras sus pasos la llevaban al interior del hotel, sus manos temblaban levemente a pesar de que intentaba mantener la compostura. Luna la esperaba en el vestíbulo, su rostro serio, el cansancio marcado en sus ojos como si llevara días sin dormir. —No quiero mentirte —dijo Luna apenas Olivia se acercó—. Si no encontramos una cura en las próximas 72 horas… Max morirá. Esas palabras le cayeron encima como una losa. Olivia sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones. Por un instante, creyó que iba a derrumbarse ahí mismo, pero apretó los dientes y cerró los puños. No. No ahora. No podía permitirse caer. Sin decir una palabra, giró sobre sus talones y corrió por el pasillo, hasta la habitación donde Luna lo había llevado. Apenas abrió la puerta, el mu

