Capítulo 6

1094 Words
Danna El taxi me deja frente a un gran portón n***o. Por un momento recuerdo al que cierra la aldea donde viví hasta hace poco y la cara de mi abuelita aparece repentinamente. Tristeza, dolor por no tenerla ya a mi lado, pero debo ser fuerte. Me doy aliento, no puede todo ser tan malo. De pronto, las puertas se empiezan a abrir y debo aprovechar. Había enviado cartas de solicitud de trabajo a distintos lugares, incluso a algunas agencias de empleo y milagrosamente ayer mismo me llamó un muchacho muy simpático. Josué dijo llamarse, me ofrecía una plaza vacante de mucama en una gran residencia en una de las zonas más ricas de la ciudad. Debía presentarme a las ocho de la mañana para que me diera las condiciones del trabajo. Estaba nerviosa, era una casa grandísima, con un patio gigante y unos jardines bien cuidados. Era como si ya hubiera estado en un lugar así. "Me recuerda a la casa de los padres de Jason", me recordó mi conciencia. ¡Era cierto! Allí estaba la entrada similar, los escalones...un leve escalofrío recorrió mi espalda al recordar tantas cosas que habían pasado en esa casa. "Un lugar en el que jamás debi estar ni jamás volveré a estar", suspiré profundamente. Un día tenía la esperanza que todos los recuerdos desaparecieran y me dejaran avanzar. Hay un hombre con un traje apostado en la entrada. Me dirijo allí pues, aquí estoy perdida y no se adonde debo dirigirme. —Disculpe, señor. Tengo una entrevista de trabajo. Necesito hablar con un tal señor Josué —le digo mirando a una cara con gafas oscuras que no puedo saber si me está mirando o no. Se toca una oreja y pregunta algo por lo bajo. —Pase, señorita. La están esperando — se dirige a mí con tanta seriedad que me da un poco de miedo. —Gracias —trato de sonar alegre pero él ni siquiera me responde. Llego a la puerta y antes de tocar ya está abierta. —¿Señorita MIller? —pregunta un muchacho que se ve jovial y sonriente. Tiene los cabellos casi de color naranja, muchas pecas y es muy delgado y alto, tiene un traje bien cortado y elegante. Mira mi atuendo y estoy segura que no le gusta lo que ve. Me pongo muy nerviosa. —Soy yo. Dígame Danna, por favor —respondo a su saludo dándole mi mano. —Acompáñeme, por favor —y se da vuelta sin espera a que responda. Simplemente camina y lo hago detrás. Adentro es tan hermoso como me imaginaba. Mucho lujo, todo es grande. Un poco de inseguridad me entra pues, ¿cómo haría para limpiar todo eso? Pero no tenía miedo a trabajar, estaba acostumbrada a molerme el lomo bajo el sol en las tierras de la aldea. De algo debería servir ese entrenamiento. —Pase y tome asiento —me ofrece y observo que todo aquí también es puro lujo. La silla que señala está forrada en un material hermoso y suave. Tengo miedo de ensuciar si toco algo, yo no combino con este ni con ningún espacio de la casa. Mis ropas son humildes y desgastadas aunque está muy limpia, yo misma las lavé con mis propias manos y luego las planché con pulcritud.  —Vamos a ir al grano, señorita Miller. No tengo mucho tiempo, todo aquí está digitado por tiempo y con usted solo tengo...diez minutos —expresó mirando el reloj pulsera. Yo decidí callar. He aprendido que a veces es bueno no decir nada. —Aquí tiene un contrato que debe firmar antes que se le asignen las tareas —me alcanza un folder con muchas hojas adentro, como me apura, solo leo lo que resalta: horario laboral, de lunes a sábado, domingos libres, el salario que ofrecen me deja sin aliento, es más de lo que nunca vi en mi vida, casa, comida y ropa. —Esto...es demasiado. Yo...no sé que hacer —digo mirando al señor este Josué. —No entiendo...no sabe que hacer ¿con qué? —me pregunta extrañado. —Lo que me ofrecen. Es mucho. ¿En qué consistirá mi trabajo? —algo no anda bien aquí. ¿Por qué alguien querría pagar tanto a una simple mucama por limpiar?  —Veo que no ha leído bien esa parte, señorita. Deberá hacer lo que le pida su jefe —acota al pasar. —Aquí no dice el nombre del jefe —-reviso nuevamente las líneas. —¿Eso importaría? Solo puedo decirle que nuestro jefe tiene mucho dinero, es dueño de todo esto y busca a una persona responsable para atender la casa. Es obvio que usted no será la única, señorita Miller. En casa trabajan otras cuatro personas. —Oh, claro. Entiendo. Eso me alivia —pongo una mano en mi pecho y respiro aliviada. —Olvidé decirle...usted vivirá en una residencia que queda separada del resto de la casa puesto que no disponemos de una habitación para usted en la casa de empleados —sigue hurgando en medio de las hojas, a medida que va leyendo. —Una pregunta...quería saber si puedo traer a vivir allí a mi familia —él levanta una ceja y me mira fijamente como si estuviera recalculando lo que le acabo de decir —yo...prometo que no molestarán ni estorbarán en mi trabajo. Sólo...que no puedo dejarlos solos, estoy a cargo. Antes de responder, toma su celular y hace una llamada. —Señor, la muchacha que estamos por contratar pregunta si puede vivir en la residencia asignada con su familia...bien...entiendo, entiendo, señor. Si, en unos minutos —cuelga y da un largo suspiro. —El señor autoriza a que se mude usted con quienes desee. También le ofreceremos lo necesario a ellos —Oh, no. eso no será necesario. Le diré al señor que lo descuente de mi salario.  —Señorita, podrá decirle al jefe lo que usted considere, eso va más allá de mis funciones aquí. Firme, por favor. El tiempo se agota —sus delgados dedos tiemblan al tomar la pluma. Por una fracción de tiempo, dudo. Quizás debí pensarlo mejor y no dejarme presionar por este hombrecito cuya frente ya estaba llena de gotitas de sudor. Había algo malo detrás de todo esto, pero no sabía bien de que se trataba. Vacilante, tomo la pluma de su mano y estampo mi firma en cada hoja que me indica. Listo. ya está sellado. Mi destino está en manos de alguien más. Y eso me tiene con los pelos de punta.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD