Capítulo 7

982 Words
Relator omnisciente La muchacha camina insegura por los salones que emanan lujo y confort. El delgado hombre la acompaña, se adelanta y toca la puerta de lo que parece ser un despacho y sin esperar respuesta, se introduce en el interior para anunciarla. —La señorita Miller está aquí —ella no logra escuchar la otra voz que responde. Simplemente el flacucho hombre sale y le hace una seña de que ingrese. Hay un hombre de espaldas en el espacioso habitáculo, enmarcado por un gran ventanal cubierto por gruesas cortinas que lo recorren de par a par. Ella se queda de pie sin saber que hacer, ni que decir. Otra vez la asaltan las dudas de hace un rato. Por un instante, se arrepintió. Esto era muy espeluznante, parecía una escena de una película de terror, el silencio reinaba como si ocultara un dolor pasado, no había nada personal en este espacio, todo era frío, sin sentimientos. Ninguno se movió, el hombre seguía con las manos en los bolsillos, como si lo que tenía enfrente fuera más interesante que la temblorosa muchacha que no sabía que hacer con sus manos. —Señor...disculpe...—su voz se congeló al girar él y enfrentar sus duros ojos azules. No hay ninguna expresión en su rostro, ni una sonrisa, ni tristeza, ni dolor. Nada. Es como una estatua con movimiento. Los ojos miel de ella parecen tomar vida propia y quieren salir corriendo de su rostro. —Señorita Miller...tome asiento, por favor —de su voz salen cubitos de hielo que se instalan en el alma de Danna. —Jason...yo... —la garganta se le ha cerrado, por ella no pueden pasar las palabras que tiene atascadas. —Señor, para tí. A partir de este momento soy tu jefe y vas a tratarme como tal —sigue hablando mientras ella permanece de pie sin encontrar a que asirse para sostenerse, siente que en cualquier momento va a desplomarse. —He dicho que te sientes —ordena casi con un grito. No le queda otra que obedecer. Casi no puede tragar la saliva y el aire se espesa a su alrededor. "Tengo que salir de aquí", le grita una voz interna, pero sus piernas no responden. Lo hace trémula, sentándose apenas en el borde, con las piernas flexionadas y tensionadas como si se estuvieran preparando para una carrera de alta velocidad, suda, tiembla, apenas respira. "Es él...es él", se repite para ayudar a su mente a asimilar lo que está ocurriendo. —Muy bien, señorita Miller. Ha firmado un contrato con mi asistente así que le asignaré las tareas que debe realizar. Estará a mi disposición y hará lo que yo le diga. ¿Entiende lo que le digo? —nuevamente se dirige a ella inexpresivamente y tratándola como si fuera cualquiera de sus empleados. "¿Dónde están los momentos que compartimos?", se sigue preguntando ella pues está como en una especie de nube espesa que la envuelve toda. —Si...no soy tonta...SEÑOR —salió el sarcasmo de su boca. Un deja vú inundó el espacio entre ambos. Una huella minúscula de recuerdos del pasado vinieron como una manta sobre ambos. Pero él sabía que no podía dejarse envolver...no de nuevo. Se obligó a continuar en su papel tantas veces ensayado aunque por dentro solo quería poseerla como un condenado anhela libertad. —Espero que seas tan inteligente entonces y no tenga que repetirte cada orden.  —Jason...yo mejor voy a buscar trabajo en otro lado. Tu estás comprometido y no quiero interferir en nada...—comenzó diciendo tomando un poco más de confianza.  Una carcajada sarcástica sale de él, una mueca terrible se hace presenta, con sorna. —Lo siento, pero eso no podrá ser. Has firmado un contrato y no sé si leíste pero allí se estipula que estás obligada a trabajar para mí durante seis meses. Además, ¿qué te hace pensar que serás un problema para mi prometida? No le llegas ni a los talones —le afirma mientras sus ojos la recorren de arriba abajo intentando demostrar desprecio en vez del deseo que lo envuelve al, escuchar esa vocecita que jadeaba en su oído cuando se amaban.  Un dolor sordo se instala en el pecho de la muchacha pero sabe que tiene que soportar lo que venga por culpa de su falta de experiencia laboral. "Debo contarle de la niña que hemos tenido, debo describir la preciosura de hija que se parece tanto a él", pìensa e intenta expresarse: —P-pero escúchame antes...tengo algo que contarte...—por una milésima de segundo tenía que decidir que hacer, parecía que él no daría tregua. Sin embargo, a él no le interesa lo que tenga para decir, continúa con su monólogo: —Pero si quieres desistir antes de ese tiempo, podrás hacerlo siempre y cuando abones el monto que está allí detallado... —deslizó suavemente una hoja de papel y los ojos de la muchacha se abrieron de par en par. —Y-yo...no tengo ese dinero...—unas gotas de sudor surgieron indiscretas en su frente al darse cuenta que esto estaba tomando un rumbo desconocido y está ocurriendo lo que se había imaginado apenas al ingresar a esa casa. —Me lo imaginé...entonces, señorita Miller, puede instalarse inmediatamente en el lugar que se le ha asignado y se pondrá a la orden de la señora Anderson por el momento. Si debe buscar a algo o a alguien, uno de mis hombres la llevará para asegurarse de que regrese y cumpla su parte —expresa girando nuevamente y dándole la espalda a la apabullada mujer quien queda acompañada de la atmósfera gélida que dejó al abandonar el espacio en el que estaba de pie unos segundos antes. En realidad, quería asegurarse que no se volviera a escabullir de su vida. Oh, my God! ¿Qué les pareció este encuentro entre estos dos?
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