Nordiha
Hace más de un siglo atrás, el reino de Nordiha había vivido una de las mayores glorias, eran tiempos de paz. Tiempos de añoranzas y sueños que revoloteaban dentro de cada uno de los Nordahienses. Los reinos vivían en una paz que parecía ser inquebrantable, pero absolutamente nadie supuso que los tiempos de gloria acabarían desmoronándose, con la llegada de un hombre maligno al trono del reino de Darnpectra.
Con la llegada al trono del Rey Euricio II. Las ansias de poder del manda más fueron imparables. En su búsqueda incansable de conocimiento y un poder más allá de lo comprensible. Logro dar con las oscuras artes de la magia negra y sangrienta. Implementando está inmediatamente en la ciudad de Madargruz, en su reino Darnpectra. Los más jóvenes eran llevados a aprender los conocimientos básicos de esta magia. Mientras que los príncipes y miembros de la realeza tenían un curso intensivo de estas artes tan perturbadora, un grado de corromper sus almas y corazones.
Lentamente, la ciudad de Madargruz. Que habitaba gente sonriente y cálida. Se tornó fría y oscura. Protegida por una densa niebla, daba un aspecto tétrico. Los árboles parecían diabólicos, la arquitectura lentamente se volvió tan negra como los corazones de sus habitantes.
Esto, ocasionó que las fuerzas de Darnpectra, intentaran tomar el reino de Nordiha. Generando una fuerte batalla en las fronteras y luego la guerra entre estos dos reinos. La sed insaciable de poder y las ansias de justicias chocaban entre sí, creando una guerra de más de un siglo. Mientras los años pasaron, el trono fue tomado por el Rey Fausto Dankworth, quien siguió con la tradición y el derramamiento de sangre, parecía imparable con el pasar de los años.
Por lo tanto, el nuevo Rey Klaus Gardgren, decidió tomar cartas en el asunto. ¿Deseaban ver correr la sangre en Nordiha? Pues sangre les darían, y sería un maremoto sangriento que acabaría de una vez por todas con el reino de Darnpectra.
En el reino de Nordiha, la guerra parecía no tener fin, dos reinos se encontraban en un eterno conflicto cual había durado más de un siglo, la sangre y el acero adornaban las fronteras. Cuerpos que se pudrían eran el abono de estos bastos jardines de guerra, como recordatorio del odio mutuo de estos poderosos dominios.
La ciudad de Agzafrzul otorgaba fervientes guerreros listos para luchar, sin temor a perder la vida, por otro lado las oscuras instalaciones de Madargruz. Poseía antiguas artes prohibidas a su favor. Tales como magia sangrienta, necromancia y otras artes malignas.
Nordiha no era incitado a caer en este tipo de magia del mal, pero se preparaba para contraatacar con otro tipo de cartas bajo su manga. Sus guerreros eran buenos en el combate cuerpo a cuerpo. Sus espadas eran las mejores en todos los reinos. Nadie poseía los ojos de halcón de sus arqueros, e incluso las armaduras y escudos protegían a la perfección. Sin embargo, se enfrentaban a un enemigo muy poderoso con un dominio impecable en las artes oscuras, no importaba que tan bueno fuera luchando su mejor guerrero. Darnpectra parecía no frenar en el control de las fronteras y poco a poco tomaba las tierras de Nordiha.
Klaus Gardgren necesitaba enviar una carta, en búsqueda de aliados contra el inminente avance del maligno reino, pronto la guerra se extendería a otros lugares de no frenar el avance y esa terrible sed de poder del Rey Fausto Dankworth que parecía no poder saciar.
En la gran sala del trono se encontraba el Rey Gardgren. Llevaba puesta una túnica negra con detalles dorados de flores a un costado. Su trono era de madera del cual crecía un gran árbol de flores amarillas, tan alto que incluso podía superar el techo de la sala lo que generaba que dicha planta, recibiera luz vital de este trono de vida vegetal. Mientas que sus bellas hojas y flores protegían de la luz solar al rey con su sombra.
El caballero más confiable camino por la gran sala e hizo una reverencia a su majestad. El hombre llevaba ropajes de cuero, su barba de algunos días y su cabello castaño claro iba sujetado por una cola de caballo.
—Caballero Wolfgang Firklous. —Mencionó su majestad, mientras mantenía su codo sobre el trono y su mano se posiciona en la barbilla.
—Mi señor, ¿Por qué me honra con su llamado? —. El rey, acarició su barba blanca con su derecha y el cruce de sus piernas, pronto se deshizo, abriéndolas.
—Necesito un hombre de confianza, capacitado para esta misión —explicó el hombre de voz gruesa y larga cabellera plateada.
—¿Cuál mi señor? Estoy dispuesto a cumplir su pedido. —contesto, aunque con su rostro mirando al suelo, era imperceptible. Estaba feliz de realizar una tarea para su majestad.
—Necesito que viajes hasta el Bosque de las Hadas, también llamado Bosque Gardelumino —El rey miraba con seriedad a Wolfgang Firklous, quien se mantenía aún con su mirada baja.
—Allí encontrarás casas en árboles gigantes y hongos capaces de iluminar en las noches —Continuo el respetado Rey, manteniendo su semblante de seriedad, para siguientemente cerrar sus ojos por unos instantes.
—Deseo que vayas hasta ahí, en tu viaje encontrarás una persona singular. Quiero que ganes su confianza —Luego de finalizar con esas palabras, sus ojos se abrieron nuevamente y ordenó a su caballero, subir por las escaleras hasta el trono.
Acto seguido, el rey saco de entre sus ropajes un pergamino, cual estaba cerrado por una cinta roja y llevaba el sello del reino de Nordiha.
—Mi rey ¿Cómo sabre…? —pero antes de terminar con sus palabras, el rey le interrumpió, aclarando sus dudas.
—Las respuestas las hallarás ahí, confío en tu intuición, ahora puedes retirarte. —. El caballero hizo nuevamente una reverencia y acato la orden para luego irse. Mientras el caballero salía de la sala. Contenía su emoción, él era caballero del rey. Pero que el mismo otorgará una misión, se trataba de una encomienda muy importante. Aunque, sentía una gran confusión por la encomienda.
«Las respuestas las hallarás ahí»
Resonaban una y otra vez en su cabeza.
Por otra parte, uno de sus consejeros se mantenía oculto, con una capa negra y capucha, escuchando las palabras del rey y las pocas de Firklous. Este hombre surgió de su escondrijo, que era detrás de un muro de piedra. Observando al caballero del rey retirarse lentamente por el largo pasillo que llevaba a las imponentes puertas de la sala del trono.
—Mi señor, lamento mi intromisión pero… ¿Cree que él podrá con la misión? —inquirió el consejero, dirigiendo un su mirada al caballero del rey.
—Por supuesto, confío en él —.
Wolfgang Firklous estaba confuso por su tarea. Algo no había quedado claro, tanto que quizás ni el mismo rey conocía con exactitud las respuestas de dicha encomienda. Pero el como su caballero, no solo su caballero, como caballero del rey, Realizaría la tarea.
Serian varios días de viaje hasta el Bosque Gardelumino, bien llamado también “Bosque de las Hadas”. Por lo tanto, llevaría a sus mejores hombres para el largo trayecto. El bosque Gardelumino no era cercano, pero con sus mejores corceles llegarían lo más pronto posible.
El hombre de cabellera castaña pasaría por la sala de armas y las de entrenamiento en busca de sus mejores hombres para su importante misión, tenía planeado partir al día siguiente por lo que debía informar a sus hombres cuanto antes. Camino primero hacia la sala de armas, allí se encontraban varios tipos de armas filosas y mortales, que servirían de verse en problemas contra algunos asaltantes por los bosques.
Al llegar miro al hombre que custodiaba las armas, quien encantado recibió al gran Caballero del Rey Wolfgang. Este hizo una señal de respeto y seguidamente el caballero de largos cabellos castaños le saludo amablemente, después de todo. Ellos dos eran amigos.
—Bonifacio, tengo una tarea para ti. —El hombre de gran barriga y calvo, supuso lo que deseaba el caballero
—No digas más. ¿Qué armas necesitas? —Firklous miro a Bonifacio y luego dirigió su mirada al arsenal de armas que el hombre robusto custodiaba en un enorme almacén. Ingreso y echo un vistazo a cada una de las espadas, flechas, cuchillos y demás. Al finalizar de verificar todas las armas, se dirigió nuevamente hasta él.
—Quiero las mejores armas, para mañana —. Le contestó el importante caballero, el hombre gordo de grandes cachetes acepto la tarea, y se dispuso a buscar las mejores armas para Firklous, después de todo, eran tiempos de una guerra sanguinaria y la cabeza de Wolfgang era deseada por el Rey Fausto Dankworth. El hombre de largo cabello se retiró en tan solo instantes. Pues tenía mas cosas que hacer.
El hombre gordo aparto las armas que serían perfectas de ocurrir algún percance en el viaje, pues la cabeza del caballero era deseada y se requería para ser colocada a las puertas principales castillo como símbolo de victoria (momentánea). E incluso como burla al reino de Nordiha.
Firklous se dirigió a la sala de entrenamiento, camino con algo de prisa y el sonido que emitían sus zapatos eran audibles al chocar contra el piso de piedra. En el camino se cruzaba con diferentes hombres que custodiaban la edificación, él hacía pequeños gestos al saludar, nada de formalidades, eso solo lo guardaba para su majestad.
Pasó el largo pasillo llegó al salón de entrenamiento, estaban los jóvenes aprendices quienes aspiraban algún día ostentar el título de caballeros de rey, entrenaban arduamente con diferentes maestros de combate utilizando espadas de madera.
Uno de los hombres entrenaba a su joven pupilo utilizando una espada del material mencionado. Al joven aprendiz se notaba su baja experiencia, siendo ridiculizado por su profesor que ya era un experto en el arte del manejo de espadas.
—Nunca cambias Barry —murmuró Wolfgang, mientras una sonrisa se escapaba al ver como ridiculizaba a sus propios alumnos.
Dentro de aquella sala habían amplias bancas de madera y en el centro del lugar se entrenaban a los próximos escuderos.
—¡Ja! Si no fuera rudo con ellos, no se convertirían en excelentes caballeros. —explicó dándole ligeramente con la espada en la cabeza a su alumno.
—Tienes razón, es gracias a ti que soy caballero del rey —admitió el hombre con una ligera sonrisa.
—¿Qué te trae por aquí? – pregunto el maestro, y también tío de Firklous. Con un semblante que parecía de disgusto.
—Necesito hombres para un largo viaje. —Le comentó sin dar mayores detalles.
—¡Cuenta conmigo! —. Exclamó el profesor de manejos de espadas, dando una palmada en el hombro de Wolfgang.
El guerrero continuo con su característica sonrisa, le caía muy bien su tío y además, sabía que podía confiar en él. Después de todo Barry era un excelente combatiente.
—¡Maestro! ¡Maestro! – exclamó uno de los jóvenes aprendices. Quien con asombro escuchaba la conversación de los dos hombres.
—¿Saldrá de viaje? —Inquirió con su boca abierta.
—Así es. —respondió Barry, quien observaba al pequeño sin ganas de ser hablándole.
—Maestro ¡¿Puedo ir?! No suelo ir de viaje muy a menudo. —suplicó el pequeño, mientras repetía una y otra vez “por favor”.
—¡NO! —exclamó el maestro. —No me haré responsable de aprendices en este viaje. —Respondió, dando otro ligero golpe en su cabeza con la espada de madera.
El aprendiz observó al suelo con tristeza y continuo su entrenamiento sin entrometerse más en la conversación, pero por alguna razón le interesaba la idea de ir de viaje.
—Estos mocosos ¿No entienden que estamos en tiempos de guerra? —Preguntó a Firklous, quien reía a carcajadas por la actitud de Barry.
—Necesito guerreros ¿Puedo contar contigo? —. Preguntó el caballero.
—Buscaré a los mejores —respondió el maestro del arte de espadas. El hombre de caballera larga pronto se retiró del lugar y se dirigió a su habitación en el castillo, se hacía tarde y debía descansar para su largo viaje al próximo día.
Camino hasta su recámara, la cual quedaba por un pasillo estrecho y se encontraban diversas puertas de madera. Introdujo una llave al cerrojo e ingreso a esta. Su cuarto tenia un balcón que dejaba ver el hermoso lago de lado al castillo. Tenía su propio escritorio de madera, y una comoda cama para dos personas. Adornada con hermosas telas.
En la cama, lo esperaban dos bellas damas (de compañía). Cabía destacar que el caballero aún no tenía su propia mujer.
—Vayamos a darnos una ducha. —Dijo el caballero a las señoritas para acto seguido, dirigirse al baño. El hombre quito sus ropajes dejando ver su cuerpo esbelto y se introdujo en una bañera llena de agua construida de algún material muy costoso, mientras las damiselas frotaban el cuerpo masculino con paños de agua.
El hombre dio un beso a las damas y acto seguido tuvieron un momento apasionado dentro de la bañera. Al acabar el caballero pidió a las mujeres retirarse y este se dirigió hasta su cama ahora totalmente limpio, para así descansar.