La luz de las mariposas.

2756 Words
Firklous mantenía sus labios entreabiertos, no quería incomodar al sujeto, aunque verlo desnudo ya era una señal de incomodidad para cualquier persona normal. Pero el hombre de cabello rubio parecía no importarle, las posaderas del hombre señalaban en dirección al caballero del rey, quien no podía evitar sentirse avergonzado. Cerca del río, un caballo de pelaje blanco bebía agua del río sin sentir preocupación alguna de Wolfgang, pero al igual que el hombre de cabellera rubia. Sentía algo de curiosidad al tratarse de un sujeto de voz grave, cuerpo robusto y distinto al de un hada, que solía ser delgado y delicado —Me disculpó por mi atrevimiento —afino su voz el caballero, mientras con su puño cubría sus labios. —No creí que encontraría… —explicó tosiendo en estos, con sus mejillas ruborizaban. El muchacho de cabello rubio parecía inmutable ante la presencia de Wolfgang así que simplemente lo ignoro y sumergió su cuerpo en el rio. Cerca del guerrero había una roca enorme que bien podía servirle de asiento, bajo de su caballo n***o y la utilizo para sentarse. Firklous no tenía dudas, la persona del río era quien buscaba. Era hombre, no tenía alas de hada y sobretodo, no le importaba que observarán como llegó al mundo. —¿Podemos conversar un momento? —inquirió el guerrero, quien no le quedaba de otra, más que ver al sujeto lavar su cuerpo de una tonalidad muy blanca. —Claro ¿Por qué no? —respondió el sujeto, quien ahora dirigía su mirada a Wolfgang Firklous. El caballero se levantó de la roca y camino hasta quedar más cerca del río y del hombre de cabellos rubios, Wolfgang ahora admiraba la belleza del sujeto más de cerca y de los bellos ojos celestes que poseía el hombre. Las mejillas del caballero ruborizaron, no comprendía por qué el hombre de cabellos rubios que bañaba su escultural cuerpo le hacía sentir tan extraño. —He venido hasta aquí, en tu búsqueda —. El hombre de Hyperion miraba al caballero sin comprender por qué un hombre humano iba en su búsqueda. Lo natural para él siempre era recibir la ayuda de las hadas. —¿En mi búsqueda? Eso… ¿Por qué? El hombre de cabellera castaña no quería dar detalles de su misión, está era ganar su confianza y eso sería lo que él haría. Wolfgang Firklous extendió su mano al sujeto singular y él con curiosidad la tomo. Seguidamente el caballero acercó al rubio hacia él, con delicadeza para sacarlo del río, acercándolo un poco más a su cuerpo. El hombre singular soltó delicadamente la mano del Caballero del Rey y busco unos ropajes blancos ocultos detrás de un arbusto, su ropa parecía de muy buena calidad y un pantaloncillo color crema que poseía un largo hasta las rodillas. Mientas que sus zapatos parecían de algún material textil vegetal. Era muy normal que las hadas del Bosque Gardelumino utilizarán materiales proporcionados por la naturaleza. —¿Por qué un humano me busca? —. Preguntó el hombre singular con curiosidad. Firklous afino su voz y se dispuso a contestarle. —He oído historias de un hombre que habitaba en el bosque de las hadas, y quería conocerlo —mintió acerca de sus verdaderas intenciones, pero el sujeto rubio se limitó a sonreír. —Las hadas han sido muy buenas conmigo, no puedo decir lo mismo de otros… —contesto para acercarse a su caballo blanco y acariciarlo. —Es un bello corcel el que tienes ¿Cómo lo llamas? —Wolfgang aunque tenía un misión, poco a poco parecía interesarle o incluso fascinarle el hombre de Hyperion. —Endrino, ¿Qué nombre le das al tuyo? —respondió con un sonrisa, dirigiendo su mirada al caballero. —Veloz —respondió el caballero, quien también dejó escapar una sonrisa. La persona singular parecía agradarle ese nombre, el hombre de tez blanquecina subió a Endrino y se dispuso a continuar la conversación. —Debo regresar a Hyperion, ¿Vienes? —Firklous subió a Veloz y tanto el rubio como él cabalgaron en sus corceles hacia el sur, específicamente para Hyperion. —¡Lamento mis modales! ¡Aún no se tu nombre! —El guerrero de Agzafrzul debía hablar en voz alta, por el cabalgar de los caballos que generaba un ruido que hacía más difícil escuchar su habla. —¡Mi nombre es Azafrán! ¡¿Con quién tengo el gusto?! —¡Wolfgang Firklous! ¡Caballero del Rey Gardgren! ¡pertenezco a la casa Firklous y tengo título de ser de los mejores caballeros del reino de Nordiha! Azafrán se sorprendió al saber que hablaba con un caballero del rey de Nordiha, no todos los días se podía conocer a una persona tan importante, además poseía título de ser de los mejores guerreros del reino. Al llegar a la ciudad de Hyperion las hadas que custodiaban el muro hicieron una reverencia al ver a Azafrán. —¡Mi señor! —exclamaron al unísono, para seguidamente utilizar su magia y abrir las enormes puertas que ocultaban a la bella ciudad de Hyperion. Firklous no entendió porque las hadas se comportaban tan respetuosas con un hombre, sobretodo con uno sin alas. El caballero del rey no conocía bien la realeza de Hyperion, pero no recordaba que un hombre perteneciera a dicho linaje. Según el entendía, solo hadas poseían títulos reales. Wolfgang y Azafrán pasaron las puertas, pero Azafrán tenía otros asuntos que atender. —Mi señor, ya se hicieron los preparativos para el baile de esta noche. —Dijo el hada Gardenia, quien custodiaba la puerta y mantenía una pose de respeto a Azafrán. Firklous no comprendía aún por qué un hombre tenia acceso al reino de las hadas, y ese respeto que ellas tenían hacia él, tampoco entendía porque el rey lo necesitaba precisamente a él, así que decidió seguirlo a hurtadillas. Había un bello palacio que brotaba de un árbol gigantesco, tenía un arco hecho de manera muy delicada y un grupo de escaleras que llevaban a las puertas de mencionado sitio. Las hadas que custodiaban hacían sus respectivas reverencias, mientras el caballero observaba a la distancia, no podía acercarse más y tampoco deseaba crear un conflicto por su insensatez. Wolfgang se limitó a regresar al espacio prestado por Celidonia para sus caballeros. —¿A dónde fuiste? —inquirió su tío Barry, sin entender las razones del caballero de abandonar a sus tropas. —Asuntos importantes —respondió el hombre de larga cabellera castaña. Celidonia había dado frutos del bosque a los hombres para que pudieran alimentarse a ellos y también a sus caballos. Quiénes habían recorrido un arduo camino para llegar hasta el Bosque de las Hadas. Pasaron las horas y todos los hombres descansaban, menos Barry y Wolfgang Firklous, quiénes no podían conciliar el sueño. Las luciérnagas volaban de aquí allá, y pequeños hongos brillaban en la oscuridad con una tonalidad azul celeste. Pronto la luz de un hongo gigantesco iluminó la plaza principal, y un grupo de reunidas sobre los arboles tocaban instrumentos musicales tales como el arpa, la flauta y panderetas. Mientras otro montón de ellas danzaban al ritmo de la música alrededor de la luz que iluminaba la plaza. Los soldados comenzaron a despertar producto del sonido que se emitía y los dulces cantos de las hadas. Los hombres permanecían en los balcones observando el espectáculo de las hadas. Pronto, hizo su aparición un hada que lucía imponente, llevaba una corona de flores y tras ella se encontraban tres hadas y Azafrán quienes también poseían coronas de flores. —En este día de júbilo, celebramos junto al hermoso brillo de la luna llena. – Mencionó, mientras el resto de las hadas hacían silencio para poder escuchar mejor las palabras de la imponente dama. —Que ella nos llene de bendiciones, con nuestro canto imploramos a ella abundancia, que proteja nuestro bosque sangrado cubriendo con su manto de luz mágica, que durante siglos a permanecido en paz aún en estos tiempos de oscuridad y la guerra entre Nordiha y Darnpectra. —Imploro la mujer quien elevaba sus manos en dirección a la bella luna plateada. —Pedimos la prosperidad de nuestro Gardelumino, salud y vida de todo ser viviente de este bosque. Y pedimos por la paz de los dos reinos que hace más de un siglo derraman sangre de los inocentes. —las palabras de aquella hada imponente parecían brotar de lo más profundo de su alma por un gran amor al bosque de las hadas. La música comenzó a sonar nuevamente, pero luego de unos minutos… —¡IDENTIFICATE! —la música de las hadas atenuaba las voces de todos, pero Barry Firklous parecía haber escuchado una exclamación, aunque simplemente lo ignoro al no creer que se tratara de algo importante. Las hadas continuaban su baile, hasta que una situación irregular se armó a las puertas de Hyperion. Un grupo de hadas parecía tener problemas en las puertas de la ciudad, se podían escuchar las gritos de todas ellas. Mientras las hadas que permanecían en la celebración se preguntaban que sucedía. Pronto, los guerreros y también las hadas se dirigieron a la puerta. Hombres con capas negras entraban por la única entrada a la ciudad de Hyperion. Y aunque existía iluminación en el lugar, había muchos espacios oscuros en los que estos sujetos podían camuflarse y atacar. —¡Las Sombras Nocturnas! —Exclamó Wolfgang, mientras desenvainaba su espada para unirse a la lucha. Las sombras nocturnas ingresaban de forma rápida e inhumana por las puertas del castillo, absolutamente nadie tenía la velocidad de aquellos hombres armados con cuchillos. Las hadas tenían la suerte de poder volar pero los hombres de Wolfgang era un blanco fácil para las sombras nocturnas. A pesar de la iluminación en la plaza central, era más la oscuridad en Hyperion que la luz, los pequeños hongos que brillaban en la oscuridad y las luciérnagas no eran suficiente iluminación. Los hombres del Caballero del Rey luchaban con fervor, pero uno a uno iban cayendo ante la velocidad de las sombras nocturnas. —¿Por qué son tan rápidos? —Preguntó el caballero del rey, quien blandia su espada contra dos sombras nocturnas de manera excepcional. —Debe ser alguna habilidad secreta —respondió Barry, quien cubría la espalda de Wolfgang y luchaba contra dos sombras más. Claramente las tropas no tenían oportunidad contra ellos, las sombras nocturnas vestían con ropajes oscuros y a pesar de que los soldados iban bien protegidos, habían zonas vulnerables que las sombras nocturnas aprovechaban atacar. Como era usual entre el caballero y su tío, Barry y Wolfgang Firklous cubrían sus espaldas y luchaban de manera excelente, a pesar de estar en desventaja, sabían aprovechar los movimientos el uno al otro. Pero en un abrir y cerrar de ojos, sus hombres ya se encontraban casi derrotados, varios mal heridos y otros simplemente sin vida. El líder de las sombras comenzó a caminar despacio, más cerca del área de batalla, mantenía secuestrada a una de las hadas, para ser más específicos era Celidonia. Mantenía sujetas sus manos y con un cuchillo cerca de su cuello amenazaba su vida. —Esta hada es tan tonta, creyó que quería ser su amigo —El líder y sus secuaces comenzaron a reír a carcajadas y de manera burlona, mientras la pobre Celidonia lloraba a cántaros. —¡Celidonia! —Exclamo el Maestro de Armas, quien pretendía ir en su ayuda. Pero su paso fue interferido por la mano de su sobrino. El líder lanzó contra el suelo al hada, como si de simple basura se tratase y continuo con sus despectivas palabras. —Ya no me sirves, puedes volver con tus hermanas —murmuró, con una mirada de odio al hada. Gardenia al ver como trataban a su amiga deseaba atacar, pero aún no recibía la orden para hacerlo. El sujeto se acercaba lentamente hasta Wolfgang y Barry con un cuchillo de filo n***o, ambos estaban agotados y jadeaban del cansancio pero… —¡Te debes sentir con mucha confianza! —exclamó la reina de las hadas —La verdad… si, así es. —respondió el hombre de ropajes negros, mientras sus hombres reían junto a él. El hada reina cerro su mano fuertemente, y su mirada cambio repentinamente, no parecía la reina benevolente de hace unos minutos. —Entraste al bosque de las hadas, llegaste hasta Hyperion, tomaste y secuestraste a una de nosotras, la humillaste y la tiraste como si fuera un simple objeto, la hiciste llorar y por si no fuera poco, amenazaste con su vida. —el semblante de la reina solo deseaba una cosa. ¡Venganza! La reina pronto elevo su mano, para así dar la orden a todas las hadas a atacar. Con velocidad descendían y tomaban por la espalda a las sombras nocturnas, para acto seguido ascender y lanzarlos desde lo más alto. Otras hadas utilizaban su magia para curar a los guerreros que aún se encontraban con vida. Mencionaban algunas palabras en un idioma que solo ellas conocían y sus manos brillaban de un hermoso color dorado que era capaz de curar cualquier herida de solo tocarla. Azafrán, tampoco deseaba quedarse de brazos cruzados. Levantó su mano e hizo una señal a otro grupo de hadas. Azafrán bajo sus manos y luego las unió, comenzando a murmurar algunas palabras del idioma antiguo de las hadas. —Esta es mi manera de agradecerte, Wolfgang Firklous —Dijo Azafrán. Las hojas de los árboles comenzaron a desprenderse y estás se transformaban en bellas mariposas blancas que con su brillo eran capaces de iluminar en la oscuridad. Seguidamente un grupo de hadas siguió la señal del rubio de ojos celeste e hicieron el mismo conjuro. Cientos, quizás miles de mariposas de diferentes colores comenzaron a revolotear por toda la zona de batalla, la luz parecía afectar la velocidad de las sombras nocturnas, sus movimientos eran más lentos y torpes. Como los de un humano común y corriente. —¡Eso es! ¡La luz les afecta! —exclamó el caballero del rey. Wolfgang pronto hizo señal a sus hombres que ya habían sido curados gracias a la bondad de las hadas, apuntando con su espada al enemigo. Todos sus hombres corrieron hacia las sombras nocturnas dispuestos a luchar. Ahora la batalla verdadera había comenzado. A los soldados del reino de Nordiha se les conocía por ser los mejores en el campo de batalla, y las sombras no tenían oscuridad para hacer sus trucos. Los simples cuchillos del enemigo, no eran absolutamente nada contra las espadas de Agzafrzul. Estos se rompían con facilidad al chocar contra las espadas, los hombres de oscuras vestimentas tampoco llevaban armaduras, solo vestimentas ligeras para moverse más rápido. Pero, sin la oscuridad por alguna razón sus habilidades eran más lentas. Pronto, el enemigo se vio afectado. Sus bajas eran mayores y no tenían hadas que pudieran curar a sus tropas. Al líder de las sombras nocturnas no le quedó de otra. —¡RETIRADA! —exclamó con rabia, pero no se iría sin antes dejar otro mensaje. —Recuerden esto caballeros de Agzafrzul, volveremos, acabaremos con Nordiha y también con este sucio bosque. Hoy ganaron la batalla, pero no la guerra. —expreso mientras sonreía y dejaba salir una carcajada. Pero pronto, a lo lejos, se podía escuchar el sonido de cientos de caballos acercarse a Hyperion, las sombras nocturnas se mantenían estáticas mientras escuchaban aquellos galopares acercarse a gran velocidad, hombres armados hasta los dientes bloquearon las puertas de Hyperion sin posibilidad de dar a las sombras nocturnas algún medio de escape. Habían llegado las tropas de Agzafrzul. —¡POR NORDIHA…! —Exclamó Milo, el humilde soldado. Quien no solamente había buscado ayuda para los soldados que habían fallecido en el bosque de pinos, sino que también había llamado refuerzos. Los soldados de Agzafrzul, le habían hecho jaque mate al enemigo, por esta vez. Las sombras nocturnas no tenían ninguna posibilidad ante los movimientos del reino de Nordiha, no había rendición que los pudiera salvar, no acorralados. Barry se acercó hasta el líder de las sombras con su espada en mano y la acerco a la garganta del hombre. —¿Tus últimas palabras? —pregunto el maestro de armas. —Sucio Guerre… —No pudo terminar su frase de lo rápido que el filo atravesó su cuello. La derrota de las sombras nocturnas había sido inminente, las tropas de Agzafrzul habían demostrado una vez más, que su poderío no necesitaba trucos sucios.
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