Había bajas en cuanto a los soldados que se dirigían al Bosque Gardelumino, sin embargo, era una misión del rey, por lo tanto debían continuar y regresar no era una opción, sobretodo cuando dos de sus mejores guerreros debían completar la tarea.
Wolfgang se acercó a uno de los hombres postrado en el suelo para verificar su estado, se agachó y con sus dedos tomo su pulso, pero lamentablemente se encontraba sin vida. El caballero del rey entristeció porque el hombre se encontrará muerto. Tenía esposa e hijos, se sabía porque todas las tropas del castillo se conocían. El sol comenzó a salir y el frío pronto disminuiría.
—¡Milo! —Exclamó Wolfgang Firklous, con un semblante que denotaba firmeza.
El niño se paró firme y espero a que el caballero le diera una orden.
—Milo, ve hasta Agzafrzul. —. Ordenó Wolfgang, quien mantenía una mirada fija en él.
—Informa al rey de lo sucedido en este lugar —continuó el pedido y mirando a los caídos, sus ojos se cerraron un par de segundos, pero nuevamente regreso a su habitual postura inquebrantable.
—Que envíen tropas para transportar a los hombres que aquí murieron a la ciudad, sus familiares merecen dar una despedida honorable a estos hombres —seguidamente, el hombre se levantó para finalizar sus órdenes.
—El resto, continuaremos hasta Gardelumino. —sentenció.
Sus soldados acataron la orden y respondieron con fervor.
—¡Si señor! —. Sus hombres, acomodaron a los caídos uno por uno antes de retirarse al bosque de pinos. Eran fuerzas de Nordiha que habían caído en combate y lo menos que podían hacer por ellos, era tratar de respetarlos hasta el final.
No obstante, su tío Barry Firklous, tenía una duda muy grande por lo ocurrido en el interior del bosque de pinos. Una duda que recorría sus pensamientos desde el inicio del combate contra las sombras nocturnas.
El hombre se acercó a Wolfgang y susurro a su oído.
—¿Cómo las Sombras Nocturnas pudieron ubicarnos? Esto huele a traición. —mencionó el maestro de armas, mientras mantenía su mano en el mentón y fruncía el seño.
El caballero del rey acercó su boca al oído de Barry y también susurro.
—Tranquilo, es muy pronto para sacar conclusiones, por el momento… centremos en nuestra misión. —no deseaba alarmar a la soldados, aunque las Sombras Nocturnas habían sido muy claras deseaban “dejar un mensaje”.
El enemigo sabía que el caballero del rey y el maestro de armas saldrían de viaje, ambos tenían sus sospechas, pero simplemente no continuarían con el tema de momento.
Entendían claramente el mensaje del hombre de larga capa negra con capucha y vestimentas de piel de lobo, no era necesario que lo escupidera, ellos traducían el ataque de la siguiente manera:
“El reino de Darnpectra los vigila, sabemos cada movimiento que harán, sabemos sus nombres, sabemos sus rangos y su importancia en la guerra, sabemos a donde van y a donde no. Los vigilamos y acechamos, lo sabemos todo.”
Rápidamente se bajaron las tiendas de campaña y Wolfgang echo un vistazo a su brújula, para verificar que iban por buen camino, los hombres con vida continuaron hasta el bosque de las hadas. Y el soldado Milo viajaría de regreso al castillo para informar lo ocurrido.
A medida que los hombres avanzaban, la vegetación cambiaba, el pasto era más verde y lleno de vida, las flores crecían formando bellos jardines, los árboles ya no eran pinos estos ahora estaban floreados con diferentes tonalidades de colores, se podía ver el mar de un azul oscuro a lo lejos y grandes acantilados más cerca. La vista era tan hermosa que los hombres se detuvieron un momento a apreciar el paisaje. Se detuvieron un par de minutos para que sus caballos descansaran un poco, aunque sabían que debían llegar cuanto antes al Bosque Gardelumino. Pues luego de aquella pelea en el bosque de pinos, debían apresurarse.
Luego de tan solo unos minutos detenidos para que los caballos pudieran beber agua guardada en gotas de cuero, continuaron su viaje.
Barry y Wolfgang Firklous iban a la cabeza mientras que el resto de los hombres avanzaban un poco más atrás, aprovechando el momento para conversar.
—¿Quién crees que nos haya traicionado? —preguntó Barry con un semblante lleno de una irá inconmensurable, que podía incluso sentirse en su voz.
—Podría ser cualquiera —respondió Wolfgang, quien cabalgaba y mantenía su mirada al frente.
—No quiero indagar por el momento. —comentó Wolfgang para avanzar un poco más rápido e ignorar aquel lamentable hecho en el bosque de pinos y así enfocarse en su actual misión, pero sin lugar a dudas la persona responsable de tal acto cobarde y vil recibiría un castigo acordé a dicha traición, pagaría con su cabeza en la guillotina.
El caballero del rey no se imaginaba quien podía ser, si sospechaba de alguien pero por el momento no deseaba maquinar más. Deseaba concentrarse en el viaje. Quería despejar su mente del lamentable hecho y su error de cálculos, quizás había sido su culpa detenerse en el bosque de pinos o tal vez era algo que ya escapaba de sus manos. Ya había perdido demasiados hombres en una guerra de poder auspiciada por el reino de Darnpectra y si embargo, su voluntad de pelear se mantenía inquebrantable, aún con todas las batallas, la sangre y las perdidas su deseo de ganar la guerra aún se mantenía firme.
Cabalgaron hasta adentrarse a otro bosque, un bello lugar donde abundaba la vegetación, los pájaros cantaban, mariposas revoloteaban a medida que iban más profundo los árboles se hacían más y más grandes, los caminos se ampliaban y los insectos y animales parecían no escasear.
Un lugar en el que podía sentirse paz y tranquilidad. Dónde los animales y la naturaleza podían vivir en armonía.
Se adentraron tanto al bosque que este oscureció, las hojas de los árboles eran tan grandes que la luz del sol era limitada, los árboles formaban un túnel que a lo lejos dejaba ver la luz al final de este.
El trote de los caballos finalizó, cuando llegaron a un muro alto y blanco con bellos detalles azules. Las plantas crecían y se sujetaban de la mencionada construcción, había una puerta muy imponente que estaba cerrada y bellas mujeres o mejor dicho hadas, caminaban sobre los muros. Percatándose de la llegada de los humanos.
—¡identifíquense! —Exclamó una hada de piel tostada, con una mirada bastante altanera.
—Somos tropas de Agzafrzul, venimos por asuntos reales —. Explicó Wolfgang, manteniéndose sobre su caballo.
—Saben muy bien que Agzafrzul no tiene poder aquí —Contestó el hada furiosa, mientras con su miradas soberbia miraba a los hombres de Agzafrzul.
—Hyperion es una ciudad autónoma. ¿Qué asuntos reales puede tener Agzafrzul con Hyperion? —Contesto de manera mal educada el hada de piel morena.
—Asuntos importantes de guerra. —El caballero del rey, mantuvo una mirada divertida, al ver lo enojada que estaba el hada.
—¿Otra vez con eso? —El hada coloco sus manos en su cintura, pues no era la primera vez que la ciudad de Agzafrzul buscaba el apoyo de Hyperion.
—Hyperion ¡No desea inmiscuirse en conflictos de armas! ¡Resuelvan los problemas de humanos, entre humanos! —Exclamo el hada histérica.
—Hemos viajado de muy lejos, si no desean ayudarnos en la guerra… ¿Serían tan amables de recibirnos este día? —Pregunto el maestro Barry, quien mantenía un semblante muy divertido. Aparentemente le gustaba ver al hada molesta.
—Venimos de muy lejos —volvió a mencionar Barry.
—Eso lo sé humano. Desde aquí puedo oler su hedor a sudor y sangre. ¿Qué hicieron esta vez?
—Fuimos atacados, por hombres del reino de Darnpectra. —respondió el caballero del rey.
—¡LARGO DE AQUÍ! —Exclamó el hada furiosa.
—Ya hemos hablado de esto ¡Muchas veces! Hyperion ¡NO DESEA PROBL…
El hada pronto fue interrumpida por otra de sus hermanas, una bella mujer de cabellos rubios, con alas que brotaban de su espalda y una hermosa vestimenta vaporosa.
—Alguien dijo… ¿Humanos? —. Una bella hada de cabellos rubios apareció, arriba de los imponentes muros, el hada parecía feliz de ver a los hombres que montaban sus caballos y apestaban a sudor y sangre. se dispuso a hablar por los hombres que esperaban el auxilio de las hermosas hadas de la ciudad.
—Serán mi responsabilidad, Gardenia.– El hada que custodiaba de nombre Gardenia observó a su hermana algo dudosa, no creía que ella podía controlar a los humanos. Mucho menos un grupo de guerreros hediondos.
—¿Estás segura, Celidonia? —inquirió el hada de nombre Gardenia.
—Sí, yo me encargaré de cuidar de ellos —. Respondió Celidonia con un semblante lleno de felicidad.
—Esta bien, los dejaré entrar —Celidonia estaba muy contenta de que sus amigos humanos pudieran ingresar a Hyperion, aún con lo gruñona de Gardenia, había logrado convencerla.
—¡Pero bastará que uno de ellos se equivoque y los sacaré de aquí a patadas, Celidonia! —. Gardenia, no estaba del todo convencida de que las tropas de Agzafrzul no traerían problemas, pero había dado una advertencia a Celidonia, un solo error bastaría para sacarlos a todos de allí a patadas.
El hada de cabellos rubios cubrió su risilla con la mano y acto seguido con su magia, las macizas puertas blancas se abrieron lentamente.
—Muchas gracias bella damisela, agradecemos su generosidad hacia estos desdichados hombres. —agradeció el Maestro de Armas, guiñando su ojo al hada de nombre Celidonia. Quien luego del alago ruborizaron sus mejillas.
Una hermosa ciudad que subía por los árboles, con bellas construcciones y detalles minuciosos se dejó ver, pequeñas luciérnagas revoloteaban de aquí allá al igual que mariposas de todos los colores. Hermosas hadas vivían en el lugar, no existían los hombres. Solo ellas y algunos animales. Era el paraíso para cualquier caballero que apreciará la belleza femenina.
Celidonia descendió de los muros en un chasquido de dedos con sus alas, estás eran iridiscentes pero predominaban las tonalidades rosadas en ellas.
—Humanos, síganme —el hada ascendió con sus alas hasta una parte alta del gran árbol donde brotaban las numerosas edificaciones blancas y vegetación que creían en ellas.
—Oh —. El hada al llegar se percató que los hombres no poseían alas, así que descendió nuevamente.
—Iré a su ritmo —. El hada los guio por unas escaleras que los llevaría hasta una enorme edificación donde serían recibidos.
Por otro lado, Wolfgang veía cosas singulares por todas partes ¿A que se refería el rey? Para el todas las hadas eran seres especiales.
El caballero detuvo su andar en uno de los escalones que lo llevaría a su lugar para descansar, sin embargo. No sabía a quien debía buscar y no perdía nada con preguntar a Celidonia.
—Celidonia, tengo una pregunta para ti – el hada fijo su mirada sonriendo hacia Wolfgang preguntándose qué quería.
—Estoy buscando… algo singular —el hada se perdió en sus pensamientos, para ella todo en Hyperion era normal. Con sus dedos en su barbilla y mirando aún lado trataba de pensar en algo singular, pero simplemente no se le ocurría nada.
—¿Cómo?... Hmm… ¿Como… qué? —inquirió la mujer de bellas alas iridiscentes.
—Algo que no encaje en tu entorno —. Contestó el caballero del rey.
La bella hada, maquino nuevamente tratando de pensar en algo que no encajara del todo en su entorno. Hasta que repentinamente llegó a ella alguien que no encajaba del todo.
—Pues… hay un ser masculino que habita en Hyperion. Es lo único singular que podrías encontrar —respondió el hada con un semblante de felicidad.
—¡¿Dónde puedo hallarlo?! —Inquirió sorprendido el caballero.
El hada nuevamente se perdió en sus pensamientos, parecía ser algo habitual en ella tratar de recordar algunas cosas. Pero recordó uno de los lugares favoritos del personaje masculino del que hablaban.
—Hay un río el cual suele visitar, se encuentra al norte de Hyperion, quizás lo encuentres allí. —finalizó la dama.
Wolfgang Firklous no perdió tiempo y salió del lugar en búsqueda de su caballo, alejándose de los muros de Hyperion con su caballo n***o, en dirección al norte de Hyperion. El resto de los hombres habían decidido quedarse, el viajaría por su cuenta.
Cabalgo y cabalgo durante varios minutos, la vegetación cambiaba de color a medida que avanzaba hacia aquel río. Las hojas de los árboles eran de color violáceo y pequeñas luces brillaban de aquí allá como si de pequeñas almas se tratasen, no eran luciérnagas, más bien parecía algo mágico dentro del bosque de árboles de hojas del ya mencionado color, que jamás había visto Wolfgang Firklous
Bellas mariposas blancas también volaban de aquí allá y las flores no podían faltar en la decoración de este bello lugar. El caballero del rey pronto pudo escuchar el sonido de agua corriendo, camino hasta aquel sonido.
Un hombre de cabellos rubios bañaba su cuerpo en el río, poseía un cuerpo escultural y su piel era de una tez muy blanca. Wolfgang nunca en su vida había visto un hombre tan atractivo, tanto que incluso su cuerpo se estremeció, para el fue una sorpresa encontrar al hombre sin ropajes, pero su mirada no pudo evitar dirigirse a sus posaderas. Lo cual con vergüenza hizo mirar hasta una roca cercana, mientras con su mano rascaba su nuca.
Incluso sus mejillas se ruborizaron al ver el bello cuerpo desnudo del hombre a la orilla del río.
El sujeto que lavaba su cuerpo, observó con indiferencia al caballero del rey, sin entender por qué un hombre se encontraba en el bosque de las hadas.
—Y tu… ¿Quién eres? —Pregunto el sujeto de cabellos rubios.