4. 712 Chestnut St, Newton, MA.

1231 Words
Brooke. Después de la monumental borrachera que tuve la noche anterior, con el vómito incontrolable y la peor migraña a la que he sobrevivido, deseaba más que nada quedarme encerrada en mi habitación por el resto de mi vida; pero había algo que tenía que hacer, algo que había postergado por meses, sin embargo tenía que enfrentarlo, y hoy era el día. No más excusas. Llevaba sentada en el auto poco más de dos horas juntando valor, pero ni siquiera había sido lo suficientemente valiente como para encender el motor, estaba apretando muy fuerte las llaves en mi puño, en algún punto me había empezado a doler, y no estaba hablando precisamente de mi mano. Y es que era el auto de Andrew. Estaba dentro de su auto; su madre había insistido tanto en que lo conservara porque tenerlo en el garaje era para ella un claro recordatorio de que su hijo jamás iba a volver. Yo tuve sentimientos encontrados, ¡por Dios, es que era su auto!, una gran y muy importante parte de él, eso me encantaba, pero al mismo tiempo era doloroso. —¿Qué haces vecina?— apareció de la nada la cara de Jordan en mi ventanilla. Mi corazón se detuvo por un momento —¡Por favor, deja de aparecer de esa forma, Dios!— casi me mata del susto. —Anoche ya casi lo conocías— parecía divertirle mi desgracia. Un momento. Estaba confundida —¿Nos vimos anoche?— él asintió con una cara de pena —no recuerdo nada— confesé y era verdad, no podía recordar mucho. —Para resumirte las cosas te ayude a soltar todo lo que traías en el estómago y cuando pensé que ya habías terminado, resulta que te quedó un extra y lo soltaste en mis pantalones, te dejé recostada mientras iba a mi departamento y me cambiaba pero, cuando volví ya te habías quedado dormida— golpee mi frente contra el volante, que vergüenza. Ojalá sufra amnesia disociativa y no lo recuerde jamás. —Lo siento— me disculpé pero las palabras no era suficientes para compensar lo que le había hecho. Me daba tanta pena que aún no podía quitar mi cara del volante. Con su mano levantó mi rostro y no me dejó esquivar su mirada —Está bien Brooke, he visto cosas peores— parecía incómodo con esa última frase, me daba curiosidad ¿qué peores cosas podría haber visto? —Mejor dime, ¿a dónde te diriges?— estaba cambiando de tema. —Voy al 712 Chestnut St, Newton— respondí simplemente. —¿A qué vas allá?— me preguntó desconcertado. —Voy por el regalo para mi mejor amiga— por alguna extraña razón deseé que me acompañara —si no tienes nada mejor que hacer, ¿por qué no vienes conmigo?— pregunté. —No se me ocurre algo mejor que hacer, que ser tu copiloto— ni siquiera había terminado de responder cuando ya estaba dentro del auto. El viaje fue bastante corto, y con cada kilómetro que avanzábamos me ponía más y más nerviosa. Pero cuando al fin llegamos, tuve un problema similar al de un inicio, solo que está vez no podía salir del auto. —Entonces, ¿el regalo para tu amiga es una casa?— preguntó incrédulo, yo me había quedado sin palabras para responder. Estábamos ante una casa como la que imaginé que compartiría con Andrew, donde veríamos crecer a nuestros hijos. —Brooke, está bien, yo estoy aquí— cuando dijo esas palabras me recorrió un extraño escalofrío que me hizo soltar una lágrima, Jordan tomó mi mano entre la suya. Con ese simple gesto logró darme el valor suficiente para salir del auto y tocar la puerta. Su compañía me hacía sentir que no estaba sola. —¡Oh querida, que bueno que llegan, la casa les va a encantar! Newton es precioso y es un lugar increíble para criar a sus hijos— me dijo muy alegre la vendedora, la señora Masen en cuanto abrió. Yo me gire atónita por sus palabras, iba a decirle algo pero me interrumpió —aquí tienes el contrato, sólo falta firmarlo y es todo. ¡Es momento de vivir felices por siempre!— gritó feliz. Inhalé y exhalé muy profundo, después firmé el contrato y hablé un poco más con ella sobre arreglar los papeles de la casa, le expliqué la situación y la señora Masen se disculpó por el comentario anterior, me aseguró que se encargaría de todo para que quedara a nombre de Alissa. Después de eso decidí buscar a Jordan. —Es una gran casa— me dice cuando lo encuentro sentado en los escalones que dan al patio t*****o —debe ser una gran amiga— dice sin mirarme. La vista frente a nosotros era preciosa, pasto verde con la imagen de la entrada al bosque. —La mejor— suspiré recordando todo lo que ella había hecho por mí y pensando en eso me di cuenta que darle una casa era un precio bajo —Sobreviví gracias a ella— me senté a su lado en los escalones sin decir nada más. —Tal vez nos conocemos hace poco pero, si hay algo de lo que quieras hablar, puedes contar conmigo— sonaba sincero. Y por primera vez quise hablarlo. —La primera vez que imaginé que compraba una casa, no era para Alissa, sino para mi. En una casa como esta pensaba compartir mi vida al lado de Andrew, mi prometido … o más bien, el que fue mi prometido— saqué el collar que llevaba escondido debajo de la blusa en la que llevaba su placa y el anillo que me había dado, vi como Jordan se tensaba, lo entendía, no era un tema común —Andrew murió hace casi tres años en Irak defendiendo a una compañera— en cuanto lo dije mis lágrimas simplemente salieron —fue el amor de mi vida y murió, y aunque tengo esa certeza, a veces suelo fantasear que va a entrar por la puerta y me dirá que todo fue un error, me hará sentir segura entre sus brazos y podremos ser felices por siempre— solté todo el aire que no sabía que llevaba guardado —Pero la realidad, es que nunca más podremos cantar como locos en su auto, no volverá a llamarme cookie o decirme lo mucho que me ama— decirlo en voz alta dolía mucho —me duele su ausencia porque siento que se lo llevó todo consigo— sólo entonces Jordan me abrazó muy fuerte, como si quisiera unir mis partes rotas. No sé por cuanto tiempo lloré pero ya estaba anocheciendo y comenzaba a hacer frío. —Hay que volver a casa, dame las llaves, yo conduciré— hice lo que me pidió porque no estaba en condiciones para hacerlo. Íbamos en un silencio cómodo, solo se escuchaba la radio, ya casi llegando al edificio comenzó a sonar First date de Blink182, como en la primera cita con Andrew. La vida me veía en el piso y aún así me quería patear. Jordan empezó a cantar y aunque al principio me negué, terminé haciendo segunda voz. Cada vez que Jordan aparecía los recuerdos eran menos dolorosos y las sonrisas más sinceras. Nota: Si revisan Google Maps pueden encontrar la casa.
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