Brooke.
Podía recordar con exactitud el día en el que Matt le propuso matrimonio a Alissa, fue algo hermoso y doloroso de ver.
Llevaban poco más de un año juntos, pero el tiempo era lo de menos, ellos eran simplemente el uno para el otro.
Alissa en el mismo instante en el que lo vio dijo, “ese es el hombre con el que me voy a casar”, y aquí estamos, festejando por su futuro matrimonio.
En un par de meses, mi mejor amiga se casará con el amor de su vida.
Yo me he dedicado en dar la mejor cara posible, no quiero hacerla sentir incómoda. Aunque tampoco lo voy a negar, me duele y me dan un poco de celos, ella estaba cumpliendo cada sueño que tuve pero que lamentablemente no pude vivir, sin embargo estaba feliz por ella.
Su felicidad me hacía feliz.
Alissa ahora trabajaba en un prestigioso laboratorio, encontrando compañeras casi tan locas como ella. Bueno, entre ellas y yo decidimos hacerle su despedida de soltera. Acordamos que sólo sería algo "tranquilo", pero mi mejor amiga tiene otra definición de esa palabra.
La sede del descontrol era el nuevo departamento que ahora compartía con su prometido.
—¡¿Dónde están los p***s?!— fue lo que gritó Alissa después de su sexto shot de tequila.
—No habrá p***s para ti está noche— sentencie.
—Amiga no lo estoy pidiendo para mi, o sea, yo estaba pensando en ti— que generosa resultó ser —pero como tú eres tan altruista, probablemente me compartirás— amaba a la Alissa borracha. Por suerte, ella era de las borrachas graciosas.
Pero me tenía que mantener firme. —No-p***s— remarqué.
—A-v-u-r-y-d-a— deletreó sin sentido.
Reí tan fuerte que me empezó a doler el estómago —¿Qué se supone que dijiste?— pregunté.
—Aburrida, ¿no fue claro?—.
—No, creo que ya es hora de ...—.
—¡p***s!— gritó eufórica y todas las demás le siguieron el juego.
La verdad es que intentar controlar a Alissa y a sus amigas era una tarea imposible, estaba por rendirme y llamar a Matt cuando sonó el timbre, yo rogaba por que no llegará otra chica, simplemente ya no podía.
Para mí desgracia eran dos policías —Señorita, recibimos una queja sobre éste departamento— dieron un paso dentro y mis manos empezaron a sudar.
Maldición, estábamos en graves problemas, seguramente los vecinos se habrán quejado por el ruido.
—Oficial, permítame explicarle— intentaba hablar sin tartamudear, pero es que estaba súper nerviosa, ¿qué se supone que le diría? ¡No quería ir a la cárcel!, ¿debería llamar a mi papá? No, ya era una adulta.
¡Oh por dios yo misma tenía que sacarme de prisión! ¿Cómo carajos se hace eso?
—Muy bien, entonces explíqueme ¿cómo es que las mujeres más sensuales de Boston no están lo suficientemente ebrias?— sentí como se drenaba toda la sangre de mi cuerpo al verlo desvestirse.
¡Era un m*****o stripper vestido de policía!
Definitivamente voy a morir esta noche.
Después de ver su pequeño show con alto contenido cultural en anatomía y danza, meterle veinte dólares en el calzón más apretado del mundo y beber vodka del ombligo del stripper, decidí que ya era el fin de la fiesta.
Poco a poco mandé a las chicas a su casa y esperé a que llegará Matt para entregar una novia inconsciente y alcoholizada, aunque para todo lo que pasamos esa noche ella aún se veía fabulosa, increíble.
Mi caso era todo lo contrario, probablemente yo parecía una indigente con un gran vestido.
—Fue una gran fiesta— dijo muy divertido en cuanto entró al departamento y vio todo el desastre.
Ahora su desastre. Yo solo estaba encargada de que nadie muriera.
—Aún estás a tiempo de arrepentirte— intenté bromear —asegúrate de que no se ahogue con su vómito antes del gran día— fueron mis últimas palabras antes de tomar el taxi que me llevaría a casa, no pensaba conducir.
Borracha, pero buena muchacha.
Con ayuda de mi ángel de la guardia logré llegar al frente del ascensor, pero por alguna extraña razón no podía presionar el botón correcto.
—Parece que te divertiste— me dice una voz de la nada.
—¿Dios?— pregunté mirando al techo.
—No, sólo soy yo— me dice un hombre muy sexy que me ayuda con el problema de los botones.
Como que se me hacía conocido.
Ya dentro del ascensor, recorrí con la mirada su cuerpo de forma descarada —sabes, te pareces mucho al stripper al que hace un rato le puse veinte dólares en el calzón— el sujeto empezó a reír y yo también.
—¿Veinte dólares? Que suerte tiene, aunque yo me desnudaría para ti completamente gratis— parecía que él también esta algo ebrio.
Llevar unas copas de más me hacía sentir valiente. Así que me acerqué a ese atractivo hombre hasta rozar sus labios con los míos, lamentablemente antes de poder besarlo mi estómago dio una voltereta por todo lo que había tomado y lo poco que había comido.
Sip, iba a vomitar en su cara.
Para evitarme la pena, corrí en cuanto se abrieron las puertas del ascensor para poder llegar a mi departamento, pero la maldita llave no entraba. El hombre me quito las llaves de la mano y lo hizo por mi, corrí al baño como alma que lleva el diablo y dejé ir todo por el mismo lugar del que había entrado.
—Tranquila, saca todo, yo sostendré tu cabello— me decía esa voz, tal vez si era Dios. Había bebido suficiente alcohol y ya me estaba llamando San Pedro —yo cuidaré de ti Brooke— susurró de forma suave, apartó un poco mi cabello del rostro y pude ver unos lindos ojos con el color de la miel.
—¿Quién eres?— pregunté sin esperar una respuesta.
Las siguientes horas fueron confusas, y más que nada sucias, y no en el sentido sexy.