Capítulo 5: Cuando no despiertas siendo tú

1812 Words
El timbre del despertador atraviesa el aire en la habitación como un cuchillo afilado. Sin embargo, Yunho no tiene recuerdo de haberse dormido. Al abrir los ojos, se encuentra en su hogar, sentado en el suelo con la espalda apoyada en la pared del pasillo. Las piernas están ligeramente separadas, como si se hubiera desplomado allí sin energía. Su respiración es rápida y entrecortada. El reloj digital de la mesita indica 6:06 AM. Demasiado pronto para estar despierto. Demasiado tarde para no sentir temor. Sobre la mesa de noche descansa una llave. Una llave que no reconoce. En su mano izquierda, el teléfono está encendido mostrando un mensaje recibido a las 3:15 AM. «No te preocupes, todo está bajo control». J. M. Yunho traga con dificultad, sintiendo su alma hecha un hilo. Percibe un vacío en su estómago que solo aparece cuando despiertas en un lugar que no recuerdas haber llegado. —No… no otra vez —susurra. Su voz resuena en las quietas paredes como si alguien más la escuchara y se burlara. Se levanta con lentitud, experimentando una ligera desorientación, como si fuese una marioneta recién manipulada. Se apoya contra la pared y toma aire. Inhala profundamente. Una vez más. Otra vez. Sus ojos recorren el corredor… y se detienen. Hay dos tazas humeantes en la mesa del comedor. Se acerca con cautela. No emana un aroma a café. El olor a sangre lo invade, metálico, caliente, casi vivo. Siente que le falta el aire. Los líquidos en las tazas brillan a la luz del día como espejos rojizos. Un escalofrío helado le recorre la espalda. No se atreve a tocar las tazas. No desea averiguar si están calientes. Ni de quién es la sangre. Avanza con pasos tensos hacia el baño. Abre la puerta de golpe. La toalla se siente húmeda. La ducha también. El vapor que permanece en el espejo sugiere que alguien se ha duchado recientemente. Él o… No. No desea continuar con esa idea. Sobre el borde de la ducha, hay una de sus camisas. Empapada. Con una mancha oscura que huele a tierra mojada, hierba arrancada y suelo alterado. Tierra donde alguien estuvo arrastrado. O enterrado. Su estómago se revuelve. Observa el espejo. El reflejo lo está mirando. —No estás volviéndote loco, Yunho —dice Minhyuk con suavidad—. Solo estoy haciendo lo que tú no puedes hacer. Yunho se hace a un lado, apoyándose en el lavabo. Su mano tiembla sobre el mármol frío. —¿Qué hiciste? —Nada que no debiera hacerse. Abre los ojos con temor. —Solar… —susurra. El reflejo sonríe con la expresión de Minhyuk. —Oh. Entonces, recuerdas un poco. La figura parpadea. El vapor en el espejo se agita como si alguien respirara detrás del cristal. Y cuando Yunho intenta parpadear, Minhyuk ha desaparecido. Solo queda su imagen. Su propia imagen. Pero es consciente de que no está solo. En la consulta, el ambiente parece… un poco extraño. La silla del paciente ha sido desplazada algunos centímetros, como si alguien se hubiera levantado de golpe. Sobre su escritorio hay un expediente abierto que no recuerda haber tocado. Un pequeño cuaderno con una letra que no es suya. Fecha: 16 de noviembre de 2024 Hora: 3:33 p. m. Ella te observa. Toca el cuaderno, sintiendo la superficie de la tinta. La escritura está destacada en tinta roja, aún húmeda al tacto. El olor dulzón de la sangre seca le sube por la nariz. Su asistente, Soyeon, lo mira con inquietud desde la puerta. —Doctor Jeong… —¿La doctora Solar ha llegado? —preguntó Yunho de forma inesperada, la voz ronca. Soyeon tragó saliva, con la mirada pédida en el doctor. Inclinó la cabeza, alejando cualquier otro pensamiento. —Sí, doctor, está en su consultorio. Él asiente, manteniendo los ojos en el cuaderno. Yunho, ¿pensaste que estaba hablando de ella? Yunho suspira, ignorando el comentario mental de Minhyuk. —Doctor Jeong… ¿Estuvo aquí anoche? Yunho alzó la mirada. Sus pupilas están dilatadas. —No. ¿Por qué lo preguntas? Soyeon traga con dificultad. —Porque cuando llegué esta mañana… Las luces estaban encendidas. También había una grabación de voz que se registró a las 2:48 AM. Yunho siente como el color se escapa de su rostro. —Reprodúcela. Ella vacila un momento. —Doctor, creo que… —Soyeon, reprodúcela. Soyeon activó la grabadora. La voz que se escucha es la de él. Pero no suena como él lo haría. Es más baja, más lenta, casi divertida. «Sabes que es inútil intentar detenerme, Yunho.» «Ella no debería haber hablado.» «Ahora soy yo quien decide quién entra y quién queda afuera.» Soyeon apaga la grabadora de inmediato. Su expresión refleja preocupación. —Doctor… ¿Está bien? Yunho toma una respiración profunda. La habitación parece moverse al unísono con él. —Elimina esa grabación… —expresa al final, en un tono sombrío—. Por favor. Ella asiente y se marcha, cerrando la puerta tras de sí con un clic que suena a sentencia. Yunho respira hondo otra vez. Se levanta de golpe y abre la puerta. Sale al pasillo. La oficina de la doctora Solar está entreabierta. Ella eleva la vista justo cuando él la mira. Yunho se queda inmóvil. La presión se acumula en su garganta. Es demasiado pronto para avanzar. Para lo que sea que Minhyuk desee. Regresa a su oficina. Cierra la puerta de forma estruendosa. Se apoya contra ella y deja escapar un suspiro pesado. «Ahí lo tienes…» —No es el momento de deshacerse de ese cordero —susurra la voz en su mente, tan clara como si alguien hablara detrás de su oído. Yunho aprieta los ojos. Se dirige a su silla, sentándose de manera brusca. En la tarde, consulta la hora en su teléfono. 04:20 PM. Nota que ha recibido tres llamadas perdidas. Todas del mismo contacto. Una mujer. Deja un mensaje de voz. —Doctor… Soy Yoora… la… amiga de Hana. Necesito comunicarme con usted. Es urgente. Vi algo… algo que dejó en su apartamento. Creo que… creo que usted estuvo allí anoche. Yunho experimenta un escalofrío. No marcó ese número. No recuerda haber salido en ningún momento. Sin embargo, la tierra seca en su camisa cuenta otra historia. «Te advertí que no la buscarás.» La voz le pertenece. Pero no proviene de él. Fuera de la consulta de Yunho, Solar mira la puerta del médico cerrada. Pero percibe la tensión sin siquiera entrar. Y aunque no puede sentir su mirada directamente, detecta una presencia. Y no es de Yunho. No se despierta en su casa esta vez. Se encuentra en un aparcamiento subterráneo. La luz titila. El sonido del entorno parece vivo: goteras, un coche lejano, el zumbido de los fluorescentes muriendo. Hay un coche n***o a dos metros, con la puerta del conductor abierta. Yunho se acerca con precaución. En el asiento hay una carpeta. Contiene imágenes. Imágenes de él. Registros de su actividad. Fechas, horas. Imágenes tomadas desde el exterior de su edificio, desde su oficina, desde su callejón. Un seguimiento profesional. E inquietante. Y en la última imagen está él… caminando junto a una mujer. Hana. Su mano sostiene su brazo. Ella sonríe. Él no. —No… —murmura Yunho, sintiendo que sus piernas fallan. «No te angusties.» La voz resuena en su mente, más intensa, más nítida. «Yo la acompañé.» Yunho muerde su labio. Su respiración es entrecortada. —¿Qué estás haciendo conmigo? —logra pronunciar, con voz temblorosa. —Lo que no te atreves a reconocer —responde Minhyuk, desde todas partes—. Tú la necesitabas. Yo la tomé. Tú te asustaste. Yo completé lo que comenzaste. Yunho se agarra el cabello con fuerza. Se estremece. —¡Cállate! —No puedo hacerlo. Minhyuk se ríe. El sonido retumba en el aparcamiento vacío como si hubiera cien gargantas riendo al unísono. —Ya me dejaste salir. Solar estaba saliendo del hospital rumbo a su casa. Enfocada en su teléfono. El suave viento nocturno acariciaba su piel. Se giró en otra dirección. Guardó el móvil. Mirando al frente mientras se ajustaba las gafas. —Una linda oveja no debería andar sola por la noche. Solar se detuvo en su camino. Observó a su alrededor. Nada. La brisa se deslizó nuevamente sobre su cuello, esta vez más helada. Solar tragó con esfuerzo, tratando de persuadirse de que todo era producto de su mente… hasta que una silueta se separó de la pared cercana. —¿Estás buscando a alguien? —inquirió una voz grave, casi lúdica. Solar retrocedió un paso. El individuo que tenía frente a ella lucía tranquilo, con los hombros relajados… pero había algo en su mirada que resultaba inquietante, algo cortante, como si detrás de esos ojos hubiera otra persona espiándola. Él inclinó la cabeza, como si captara un murmullo que no emanaba de ella. —No deberías andar sola —comentó de nuevo, pero en esta ocasión su tono adquirió una cualidad diferente, más grave, como si una segunda voz se uniera a la primera. Solar parpadeó, perpleja. —Doctor Yunho, ¿está… bien? Él sonrió. Lentamente. De manera torcida. —Yunho se encuentra ocupado —susurró, tocándose la sien como con un gesto casi juguetón—. Pero yo no. Creo que… puedes llamarme Minhyuk. La atmósfera se tornó pesada. Solar dio un paso más atrás, indecisa entre huir o permanecer en su lugar. —Eres más frágil de lo que imaginaba —comentó Minhyuk, acercándose levemente—. Y eso me fascina. Te hace hermosa. La última afirmación salió como un suave susurro, lleno de una cercanía inquietante. Solar sintió el aire gélido en su cuello antes de notar su movimiento. El gesto no fue amenazante, era… posesivo. Él levantó una mano y con su pulgar tocó delicadamente su mejilla, apartando un mechón de cabello de su cara. Sus ojos permanecían fijamente en ella, sin parpadear. Las luces parpadean. Una. Dos. Tres veces. Se apagan. El mundo se vuelve n***o. Solar se despierta bruscamente, cubierta de sudor. Con el corazón acelerado. Con la garganta reseca. Sabe que fue auténtico. Es consciente de que él estuvo presente. Y entiende que… no estaba sola en sus pensamientos. Alguien la había hallado. Pero lo que más la aterra es que, por un segundo, cuando él tocó su mejilla, sintió que una parte de ella quiso quedarse. Yunho abre los ojos en su cama, esta vez sí en su cama, a las 3:12 AM. El teléfono vibra sobre la mesita. Un nuevo mensaje. «Ella sabe a vainilla y miedo. Gracias por presentármela.» J. M. Yunho se incorpora de golpe. Las sábanas están frías. Su cuerpo arde. En el espejo del armario, su reflejo lo mira con una sonrisa que él no está haciendo. Minhyuk levanta una mano y saluda. Y esta vez, Yunho no grita. Esta vez, escucha.
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