Swan.
La brea cruje bajo mis zapatillas, intento apagar el ruido de las personas a mi alrededor concentrándome únicamente en hacer esto bien, después de estirar las demás bailarinas se apilan en una fila en la barra frente a los espejos, me tomo un par de minutos para observar como las gotas de lluvia se deslizan por el cristal.
-¡Bien! ¡Bien! ¡Necesito que todos me presten atención!.- la voz del maestro principal me saca de mis pensamientos y el sonido de sus palmas chocando atraen mi atención.
La mitad de la academia lo mira con animo la otra mitad bueno… quieren terminar con el ensayo del día.
Nos juntamos en el centro creando un medio circulo.
-Tengo buenas noticias para ustedes, como todos saben la temporada de el lago de los cisnes esta a la vuelta de la esquina y en nuestra academia quien consigue ser el cisne también logra hacer de Odette en el cascanueces.
Mi estomago hormiguea.
-Pero no hay una bailarina exitosa sin un compañero ¿verdad? Ni una competencia justa sin un poco de estímulo.- una sonrisa expectante llena su rostro.- Espero que puedan darle la bienvenida a nuestro nuevo compañero.
Como si esto se tratara de una película con el final mas predecible del universo un chico alto entra con una maleta deportiva colgando despreocupadamente de su hombro.
Hay un jadeo entre las que estamos aquí, es guapo si, claro que lo es, cabello cobrizo, castaño pero rojo al mismo tiempo con los ojos de un cachorro y la sonrisa que tendría un león, si alguna vez sonriera en todo caso.
Sus ojos analizan la sala buscando solo él sabe que, cuando me mira se queda un segundo antes de continuar obligándome a contener el aliento.
-Soy Karim.- dice con la voz grave, este idiota es del tipo moja bragas, de hecho creo que estoy parada sobre algo húmedo justo ahora.
-¡Ahora! ¡A trabajar!.- el maestro principal vuelve a dar un par de aplausos y todos estamos en marcha.
Me concentro en lo único que tengo que hacer, bailar e ignorar lo demas, todo lo que puedo ver es mi objetivo al final de la temporada, supongo que es por eso que no me doy cuenta de lo cansada que estoy hasta que pongo los pies en el piso firme, con las piernas temblando y la capa de sudor cubriendo mi frente, me desplomo en el suelo gimiendo.
Masajeo mis pies después de agradecerles lo fuertes que son, mis fieles compañeros son los únicos que merecen reconocimiento.
-Hola.
Levanto la mirada chocando con los ojos de cachorro.
-Hola.
Veo que saca una botella de agua helada de su maleta tendiéndola en mi dirección, vacilo un poco antes de tomarla entre mis dedos.
-Gracias.
Sonríe sentándose a mi lado tan relajado como solo podría alguien que tiene confianza en si mismo, se reclina apoyándose con las manos en el suelo, mirándome desde lejos.
-¿Quieres un consejo?.- un destello de malicia brilla en sus ojos y una pizca de sonrisa burlona.
-¿un consejo?
-Si, un consejo.
Dudo mirando entre él y las personas detrás de nosotros.
-Claro.- digo sonriendo levemente.
-Deja se sonreír así.
Trago con fuerza.
-¿Disculpa?
-me enamorare de ti si continúas sonriendo de esa manera, Swan.
Mi nombre se desliza por sus labios y lo saborea lamiendo cada centímetro de ellos, es hipnotizante y jodido, por un segundo me imagino que es el tipo del club, ¿es eso posible? Quizá…
Se ríe, quizá porque no digo nada, tal vez porque es una broma, se levanta estirando la mano para ayudarme a levantarme, me doy cuenta de que sigo descalza entonces meto mis pies en mis botas y tomo su mano, levantándome.
-¿Te molestaría mostrarme el teatro?
Solo tengo que ser amable, ¿no? Es nuevo aquí, no conoce a nadie y puede que esté buscando a alguien que no quiera saltar y meterse en su ropa interior, no es que no quiera hacerlo… NO quiero decir… tampoco es que quiera, yo…
“Joder”
-Por supuesto, vamos.
Tomo mi bolso y salgo de la sala de ensayos, pasando por el pasillo alfombrado en color n***o, le muestro cada una de las salas que están nombradas como los autores favoritos de mi madre, casi todas están vacías a excepción de los camerinos y el ala oeste en donde entrenan a las niñas de la fundación de mis padres.
Bajamos las escaleras girando a la derecha, empujó las puertas dobles de cristal entrando al escenario con cortinas rojas y molduras doradas, incluso hay arte de la artista favorita de mi padre ¿Fiorella? No lo sé es una mujer italiana que parece tener un don. Como sea, dejo mi maleta a un lado parándome en el centro del escenario.
-Aquí estamos, el escenario principal.
Karim analiza, observa como un halcón cada detalle, supongo que esto hace alguien qué pasa la mayor parte de su tiempo siendo el foco de atención.
-Te queda bien.- dice volviendo a mi.
-¿Qué?
-el centro, me preguntó que te ha tomado tanto tiempo robar el papel principal.
Suspiro, no se trata de robar, sino de merecer y no estoy segura de merecerlo aún.
-Estoy preparándome para las audiciones.- habló como si debería decírselo.
-Lo sé.
-¿Ah si?
-Por supuesto, no puedo venir aquí sin ningún tipo de información, me gusta saber con quien trabajo.
Tiene sentido, quizá por eso no me parece un loco.
Karim camina hasta estar a mi lado, parece que esta es su hábitat natural, brilla, vive aquí justo ahora el momento y me parece lo más hermoso que he visto nunca y ni siquiera está haciendo nada.
Niego suavemente mientras regreso al frente la mirada.
-Nunca imaginé que volvería.- dice en voz baja y la curiosidad despierta en mí interior al mismo tiempo que mi teléfono celular se activa en mi bolso iluminando el interior, antes de preguntar reviso el mensaje.
“Estoy afuera. Tienes cinco minutos para salir”
Es un número desconocido, pero sé de quién se trata, aun así, decido ignorarlo porque no es mi maldito dueño y ni siquiera le tengo miedo como para hacer lo que me pide, dejo el móvil en el fondo de la maleta.
-¿A dónde fuiste?
-lejos, donde pensé que nadie me encontraría.
“Uh… así que es un rompecabezas”
Quiero preguntar e insistir, pero no creo que deba, especialmente si no deseo cargar con las respuestas.
-Como sea.- continúa cuando se da cuenta de que no preguntaré nada más.- ¿Qué tal si damos un paseo?
-Yo…
-Se acabó el tiempo.- la voz detrás de mí me eriza la piel, es extraño, naturalmente sé que soy la presa y Leo es el depredador o tal vez el hombre con el rifle apuntándome, sin saberlo estoy a punto de ser cazada.
Me giro lentamente esperando que esto sea una ilusión para mi desgracia no lo es.
Karim estira el cuello para saber de quién se trata y yo niego.
-Lo siento, quizá ¿la próxima vez?.- miro fijamente a Karim quien me sonríe
-Por supuesto Swan.
Toma su maleta del suelo y camina a lado de Leo quien permanece inmóvil con las manos en los bolsillos y la mirada fija sobre mi lo analiza y luego de la nada resopla, lo que provoca que Leo apriete la mandíbula y quiera por supuesto, orinarme como un perro para marcar un territorio que de ninguna manera es suyo.
-Vamos a casa Cisne.- su voz es dura, una orden que debo cumplir pero seductora casi dando a entender que somos más que conocidos lejanos que alguna vez fueron familia.
Suelto un suspiro pesado arrastrando los pies, caminamos hombro con hombro hasta el exterior en completo silencio, no hay nada que decir, pero sí mucho que preguntar.
-¿Qué haces aquí?
-Te llevo a casa.
Me río, porque es una escena graciosa un puto dejavú que está a punto de convertirse en una pesadilla.
-Gracias, pero si vas a dejarme tirada en medio de la lluvia… paso, me gustaría llegar a casa completamente seca.
Giró una vez que estoy en la acera e intentó alejarme de la bestia hambrienta de una venganza estúpida.
-Te quedarás en nuestra casa el fin de semana.
Me paralizó mis tobillos doloridos se niegan a moverse
“Maldita mierda”
Casi olvido que es esa época del año, el aniversario de mis padres, nunca se pierden este viaje, es importante para ellos recordar porque se casaron y se ausentan un fin de semana entero, siempre me he quedado con los Gross pero hasta ahora nunca había sentido tanta incomodidad
-No me quieres ahí.- respondo con la verdad, las cosas son lo que son y seguir fingiendo que no pasa nada entre nosotros es inútil casi como ignorar el enorme elefante en la habitación diminuta.
-Te quiero ahí, pero no por la razón que crees.- finalmente lo veo, la perversión y la anticipación en su mirada.
-No creo nada de ti Leo.
Se ríe divirtiéndose con la situación, me siento como una niña pequeña a su lado, no la bailarina, no la hija, no la mujer perfecta por la que trabajo ser sino… yo, yo, yo, y jodidamente yo.
-Vuelve a tu casa entonces y arruina el aniversario de tus padres.
Me duele la cabeza.
-Soy una adulta Leo, puedo quedarme sola.
-Claro, ¿tu padre estará de acuerdo?
“Oh sí, mi psicópata padre que no puede dejarme ir al supermercado sola, casi lo olvido”
Espera a que ceda y por mucho que me gustaría luchar contra la marea decido que solo flotaré y veré a dónde me lleva eso.
Estira la mano y le doy mi maleta, cuando paso junto a él su voz envía un escalofrío por mi columna.
-Nos vamos a divertir mucho, cisne.
“Deja de llamarme cisne imbecil”