Capítulo 4. Milicent

1546 Words
jueves 13 de junio de 1811 Querido diario:                   Han transcurrido seis mil doscientos cinco  días, desde mi nacimiento, y lamentablemente, sigo sintiendo que no soy yo. Anoche volví a verme en el espejo, y de repente vi a otra persona, con ropa muy distinta, y sobre todo mi rostro, diferente. Por más que toco mis rasgos, estiro mis ojos, jalo mis labios, término suspirando al no reconocerme. Hoy es el baile de debutantes, el horror más grande al que pudiera ser expuesto una mujer. Pero como mi opinión no está siendo tomada en cuenta. mi madre, desde hace dos meses se ha desvivido por este evento. Pero aquí esta MIlicent Hall, la niña introvertida, curiosa y ensimismada en sus libros, que será expuesta al escrutinio de la sociedad que no guarda ni un ápice de humildad y bondad al generar juicios de las debutantes. Mañana, tendré el relato de lo acontecido. Adiós mi querido diario Andrew. Cerré el diario, al que había llamado Andrew, al único que podría revelarle mi yo interior, lo que me atormenta, jamás revelaría a alguien lo que experimento. ¿Qué pensará mamá de mis opiniones acerca de su dichoso baile? Cerré el diario, al que había llamado Andrew, al único que podría revelarle mi yo interior, lo que me atormenta, jamás revelaría a alguien lo que experimento. ¿Qué pensará mamá de mis opiniones acerca de su dichoso baile? Definitivamente no se daría cuenta que mis conceptos tienen una relación intrínseca a sus comentarios después de que ella ha acudido a uno, es por eso que me sorprende que quiera exponer a su hija a semejante situación. Sin embargo, eso no ha evitado que exprese mis quejas, y al menos he podido decidir el color y algunos detalles de mi vestido. Desde que tengo uso de conciencia, me di cuenta que mi cuerpo, es de otra persona, y que en mi mente hay vestigios de una vida que no es la estoy viviendo actualmente. Se han convertido en espejismos que atormentan mis días y mis noches. Estos han sido acompañados de sentimientos de alegrías y tristezas. El día que esbocé sobre esto a mi nana, gracias a Dios no se lo comentó a nadie, pero me sugirió que no lo externara, ya que sería llevada a un asilo de locos. Flashback —Mi niña, las personas no están acostumbradas a enfrentarse a lo desconocido, los misterios no deben de ser revelados a todos, ya que el miedo es la principal defensa, y ese sentimiento empaña cualquier otro— me dijo mi nana, mientras peinaba a una Milicent de siete años, siempre fui más madura, me decía, mis ideas eran expresadas como adultos, por lo que no tenía amistades de mi edad —No quiero que nadie dañe esa mentecilla, enfócate en tus estudios — esa es la razón por la que en mi siguiente cumpleaños me regaló un diario, el cual ha sido mi confidente, llevo escribiendo desde entonces, casi a diario, breves fragmentos, tengo colección de ellos bajo mi cama y ocultos entre mi librero, como si quisiera recordar algo que no he logrado hacer. Ya dejé de escribir esa vida a la siento pertenecer, de ahí encontré el nombre de Andrew, nombre con el que bautizo a todos mis diarios. Es como si fuera uno solo, pero simplemente son fragmentos de alma plasmados en papel y tinta. Fin del Flashback Mi padre es un terrateniente, Theodore Hall, que decidió tener algunas otras inversiones, una de ellas es una fábrica de telas, que por alguna razón me siento atraída a ellas, más cuando han evolucionado con el uso de las máquinas de vapor, grandes prensas, y tejedoras, lo que más me ha gustado, es la creación de diseños, de colores y nuevas combinaciones de texturas, en secreto, he realizado algunos patrones, bueno no tan en secreto, mi maestra de pintura me ha dicho que haga cuatros, y yo solo he realizado patrones y texturas para telas, aunque ella no lo sepa. Debido a la posición de la familia, he tenido siempre una institutriz, la señorita Smith, que el día de hoy da como concluida su labor, ya que al ser debutante, me he convertido en una mujer capaz de formar una familia, así que de ahora en adelante, tendré que realizar toda clase de actividades sociales: picnics, almuerzos, cenas, visitar casas de campo, fiestas de beneficencia y todas aquellas situaciones que se les ocurra a la sociedad para “mantener a sus mujeres ocupadas, y evitar sus malos pensamientos”, palabras dichas por mi padre a la cual a la señora Gertrude Hall, mi madre, no le agrada el ese concepto, ella piensa más bien, que es una labor humilde y amorosa de cuidar a su familia y sus intereses. Pero hacen caso omiso de sus diferencias, a veces siento que no hay mucho amor entre ellos, no hay una sola muestra de cariño, ni siquiera la mirada, supongo que ahora sé por qué no tuvieron más hijos, más teniendo cuartos separados. Tenemos dos propiedades, una en Lancashire, donde se encuentra la mayoría de los negocios de mi padre, y otra en Londres, en la que estamos hoy, ya que aquí será la fiesta, en esta ciudad llena de bullicio y pretensiones.   Estoy en mi cuarto sentada frente al espejo, tomé un baño, y estoy esperando a Olivia, mi dama de compañía y se encarga de mi cuidado personal. Estoy recapitulando mi día, escribir en mi diario, cambiarme para desayunar, ver un desfile de personas con los vestidos, y todo lo necesario para hoy, leer en la biblioteca, tomar el té y escuchar la lista de recomendaciones y cosas que no debo hacer en la fiesta, la cual escucho solo la mitad, si no es que menos. Estoy tratando de recordar esa lista, cuando escucho que alguien entra en cuarto. —Disculpe señorita, su madre me pidió varias cosas, parece que la debutante es ella— se ríe discretamente, si fuera otra persona, ella jamás podría expresarse de esa manera de su jefa, pero conmigo no hay problema, ruedo los ojos al escucharla, pues esa también ha sido mi percepción desde que inició todo este embrollo —No te preocupes Oli, conozco perfectamente a Gertrude Hall, si por mí fuera, sabes que no haría esto jamás, pero si me negaba a hacerlo, mi madre me dijo que haría una huelga de hambre durante un año— y las dos soltamos una carcajada, ya que eso le dijo a mi padre cuando me compró un caballo, y lo monté por primera vez, y después formó parte de mi actividad diaria, e hizo la misma promesa a mi padre si seguía permitiéndolo, como mi padre no le hizo caso, comenzó su huelga, asistía a las horas de los alimentos, pero solo tomaba agua, haciendo gestos, y ruidos para molestar a los que comíamos. Al momento de retirarnos se quedaba y se guardaba sobras de comida en sus ropas, indignada se iba a su cuarto y ahí comía. Olivia batallaba para limpiar sus ropas y quitar las manchas de comida en ellas. El gusto le duró un mes, al notar que no le hicimos caso, bueno, yo solo era una espectadora. Olivia arregló mi cabello, hizo ligeras ondas en mis cabellos castaños, que recogió en un chongo, adornado con una trenza y pequeños rizos saliendo por mis patillas, adornó con lindas flores blancas y azules que recogió del jardín, maquilló mis mejillas, me enseñó a enchinar mis pestañas, y cubrió con un ligero toque de rojo en mis labios, que resaltaba el grosor de ellos. En realidad, me gustaba como me veía, inocente, pero con un toque de sensualidad, me ayudó a ponerme el vestido sobre el incómodo corsé, que resultó no ser tan sofocante, y resaltó mi busto debido al tipo de vestido que usaría. Era blanco, como el de todas las debutantes, pero me negaba a no tener algún color, por lo que estaba adornado con flores azules, unas cuantas, que habían sido bordadas, por mí y mi madre, acompañadas por unas hojas verdes, resaltando los colores y haciéndolo no tan convencional y lineal, sacamos el diseño de uno de mis cuadros. Estaba acompañado de un listón azul grueso, que se ajustaba justo debajo de mis senos, marcando un poco mi estructura, la falda caía suavemente pero no podía ocultar las curvas de mi cuerpo en su totalidad, tanto de frente como de lado. El escote de mi pecho no era tan exagerado, pero lo suficiente para indicar que ya no soy una niña. He elegido unos pendientes cortos de plata con incrustaciones de cianita azul, si, lo sé me gusta leer y ser culta, otra piedra a mi costal para encontrar al supuesto esposo que tengo que elegir. Mi padre me los dio en mi cumpleaños, apenas hace unos meses, es mi color favorito, así que, para poder hacer acto de presencia en la dichosa fiesta, al menos solicité, hacerlo bajo mis propios términos. Acompañe mi vestido con unos zapatos bajos y cómodos, pues soy alta, más del promedio, un metro setenta y cinco. Respiré profundo, antes de tomar la decisión de verme en el espejo, ya con mi atuendo completo: Milicen Hall, ya no es más una niña. 
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