Una semana después. Las cosas siguen igual. Me levanto cada mañana temprano para ir a la cafetería en dónde me paso todo el día trabajando y cuando termina mi turno, si es por la mañana voy a entrenar al gimnasio y si es por la tarde me voy directo a casa. Sin variaciones, salvo algún día que salgo con Gil. El día de hoy es lo mismo. Llevo toda la mañana trabajando y también me toca la tarde. Apenas quedan 2 horas para que termine el turno, pero luego tengo que ir al gimnasio que es como mi segundo trabajo. Hoy hay menos faena que de costumbre. No sé bien si es porque es jueves o porqué. La cuestión es que me alegra no tener que hacer nada la verdad.
-Mira, tu chica ha llegado con la que podría ser perfectamente mi chica. -Gil mira a la amiga de la pelinegra con una sonrisa de las que el cualifica como seductoras.
-Pues tal vez sea tu chica, porque la mía no lo es. -Murmuro cogiendo la libreta de notas.
-No lo es porque no quieres. Esa chica se muere por tus huesos. -Dice con una voz tan patética que casi me hace hasta reír.
-Das pena Gil-Me giro para ir tomar la orden de las nuevas clientas.
-Hola, ¿qué vais a tomar? –Pregunto.
-Yo un café con leche-Me dice la amiga.
-Yo un té de frutos del bosque. -En realidad ya había anotado su té antes siquiera de llegar a su mesa para tomar la orden.
-Genial, enseguida os lo traigo. -Me dirijo a Gil para que me haga los pedidos.
-Pregúntale el nombre a la chica. -Me dice mientras pone la cafetera a calentar.
-Gil, no pienso ligar por ti-Contesto con fastidio.
-¿Cómo siquiera puedes creer que necesito que tú- Remarca ese tú con desprecio- intervengas en mis conquistas? Yo, amigo mío, me valgo y me sobro. No hay persona en la faz de la tierra que se resista a este cuerpo de dios.-Y esta vez si que no puedo evitar reírme. No he conocido a nadie que se quiera más que Gil.
-Gil, eres un imbécil.-Ruedo los ojos, colocando tanto el té como el café en la plata.
-Deja que lo lleve yo, verás que tan imbécil soy.-Me reta. No tengo ningún problema con ello así que simplemente me encojo de hombros y le cedo mi puesto. Sigo todos sus pasos con la mirada.
Camina con galantería hacia la mesa de las chicas, una vez allí les sirve y empieza a hablar con ellas. La chica pelinegra, se ríe por algo que Gil a dicho y que al parecer es muy gracioso. La chica pelirroja también ríe mirando a Gil. Su risa es más suave que la de la otra chica. El estómago me da un extraño vuelco. Es una sensación nueva en mí. No me acaba de gustar que Gil esté haciendo reír a esas chicas. No me agrada que la chica esté mirando a Gil a los ojos fijamente y que a mí ni me mire de reojo. No me agrada tampoco que esté riendo y hablando con él y conmigo sea incapaz de decir una frase. No sé bien que es lo que siento, pero sí sé que no me gusta nada. Tras meditarlo unos segundos, llego a la conclusión que no me gusta que Gil esté ganando la no apuesta que hemos hecho y por eso me siento así.
Unos 10 minutos más tarde, Gil vuelve, por supuesto con un desfile con su caminar galante, sobrado. Ruedo los ojos antes de que llegue, porque sé de sobra que lo ha conseguido.
-Tienes suerte que Lara no esté por aquí. Sino ya te habría echado de patitas a la calle. -Le digo con más disgusto del que quiero. Estoy cabreado porque sé que me va a echar en cara.
-Ya, pero no está-Se encoge de hombros- Y en caso de que estuviera, no me hubiera importado porque ha valido la pena. -Me enseña el papel que lleva en la mano con un número de teléfono que supongo que es de la chica. – Shay, 18 años, estudiante de Derecho de primer curso, futura abogada, y lo más importante. Soltera. Ya te he dicho que no hay persona que se resista-Me guiña el ojo. No me molesto en contestarlo porque mi cara de fastidio habla por mí lo que parece que le hace gracia porque empieza a reír cual poseso.
-Tengo un regalo para ti también. -Sonríe con la ilusión de un niño con zapatos nuevos.
-Ilumíname- Digo sin ganas.
-Gia, 18 años, estudiante de Derecho de primer curso, futura fiscal, soltera y lo más importante. Loca por tus huesos. -Sonríe como si hubiera descubierto América.
-No creo que te haya dicho eso. -No puedo evitar sonreír.
-No directamente. Pero ha sido señalarte, presentarte y la chica parece que se haya pintado la cara con pintura roja porque hermano, un poco más y creo que se desmaya. A demás, por la risa de su amiga cuando he dicho que eras soltero, sé que le gustas. -Finaliza su explicación. Me hace gracia el orgullo con el que habla, no sé bien si cree que es un detective o que.
- ¿Cómo has conseguido tanta información en tan poco tiempo? -Pregunto divertido. No sé porque mi humor ha cambiado tanto en estas milésimas de segundos.
-Es un don Levi. No lo podrías entender ni aun que te lo explicara con un dibujo. -Y con eso vuelve a su puesto de trabajo en donde dos personas esperan ser atendidos con una cara de desagrado.
***
Cuando salgo del trabajo me dirijo directamente a la parada de bus. El gimnasio está a apenas 15 minutos andando, pero estoy muy cansado. No sé de dónde voy a sacar las fuerzas para entrenar hoy, pero debo encontrarlas, porque el torneo empieza en 4 días y mi fuerza y condición físicas no están para tirar cohetes que digamos así que más me vale ponerme las pilas. De camino al gimnasio para un supermercado y me compro una bebida energética.
En la parada de bus hay unas cuantas personas esperando también ocupando el único banco que hay para sentarse así que me quedo de pie esperando. Estoy escuchando música a través de auriculares por lo que la espera se me hace bastante amena. Espero a que todo el mundo se suba y luego lo hago yo. El gimnasio está a apenas dos paradas así que me siento en los asientos delanteros. Paro la música, me saco los auriculares y los pongo en el bolsillo. Miro por la ventana.
La ciudad de noche es bonita. Me gustan mucho las luces a pesar de la contaminación lúmínica que causan. Miro hacia atrás en dónde se oyen gritos de unos chicos que parecen pasado de alcohol. Por suerte me bajo en la próxima parada, porque no creo ser capaz de soportar estas idioteces. Antes de volver la mirada hacia la ventana mis ojos se paran en los asientos que hay al otro lado del pasillo. Allí está la chica del bar. La que ahora sé que se llama Gia. Este se encuentra mirando hacia la ventana, completamente embobada. No puedo evitar sonreír con ternura. Es una chica preciosa. Parece que ella, al igual que yo, tampoco me ha visto.
En cuanto el autobús para me levanto y bajo del autobús. No tengo tiempo que perder.