Capítulo Seis: La primera en más de un siglo — Parte dos.

1427 Words
Capítulo Seis: La primera en más de un siglo — Parte dos. Diciembre de 1846. Solange Roussel. El camino hasta el salón privado de mi padre es una verdadera tortura. No quiero pensar que si el príncipe lo sabe, hay más personas aparte de los pocos miembros de mi familia, que lo saben. Está mal. Incluso el esposo de Eliane lo menciona el diario, ese cuaderno solo sería entregado al padre la siguiente hija del sol, después de Alba, por lo que mi abuelo, se lo dio a mi padre y él me lo obsequio a mí. Este secreto nunca debió salir de nuestra familia. —¿Esta bien...? —pregunta su alteza en un tono que seguramente solo yo puedo oírlo. —Eso me gustaría saber a mí. ¿Esta usted bien de sus facultades mentales? —él suelta una carcajada ante mi pregunta—. No fue un chiste, no sea impertinente. —Basta, Solange, guarda silencio. —me muerdo la mejilla y asiento ante lo que me solicita papá. Al llegar al salón, papá se adelanta, abre la puerta, dejándonos pasar primero a mamá y a mí, y al final a su alteza. —Tome asiento y comience a hablar. —el tono con el que mi padre habla es realmente severo. —Creo que comete un error al pensar que soy el enemigo. —mamá me jala para tomar asiento en el sillón frente al príncipe, mientras aprieta mis manos entre las suyas. —¿Entonces qué es lo que quiere? ¿Cómo demonios se enteró de algo tan valioso como esto? —la respiración de padre es irregular. —Lucas, trata de calmarte. —le pide mi madre con un tono más arriba de la preocupación. —¿Esto es para poder mezclar a su descendencia con mi sangre? —cuestiona mi padre mientras se toca el puente de la nariz, está visiblemente desesperado. —No, quiero desposar a su hija porque me es irresistible. —ante lo que dice mi padre lo mira con más resentimiento que antes—. Lo lamento, es la única palabra para describir un poco de lo que su hija es para mí. Que desee casarme con ella no significa que sea porqué es la cuarta descendiente de la hija de un dios y una bruja blanca. La quiero con o sin dones especiales. —mi padre suspira. —De acuerdo, digamos que sus intenciones con mi hija son puras. No obstante, eso no quita el hecho de que sabe algo de lo que no debía de enterarse aún. —su alteza asiente repetidas veces y se pone de pie. —¿Recuerda lo que leyó en el diario del padre de la fallecida duquesa Alba? —pregunta el príncipe hacia mí, asiento—. ¿Sabes que eres la energía del sol, verdad? —repito el mismo gesto—. Bien, con el permiso de sus excelencias... —se retira el nudo del corbatín y procede a desabrocharse uno por uno los botones de su camisa blanca, por inercia volteo un poco la cabeza, lo suficiente para dejar de verlo. —¿A dónde quiere llegar con esto? —cuestiona mi madre molesta. —Quiero que la princesa me toque, entonces tendrá las respuestas que su excelencia necesita. Solange, mírame y acércate. —me ordena con sentida tranquilidad. —¿Padre...? —cuestiono con la voz temblorosa. —Tienes permiso, Solange, hazlo. —la seguridad en la voz de mi padre cobra sentido en cuanto regreso la vista al príncipe. Tiene el pecho cubierto con lo que parece tinta para escribir, de un tono más oscuro al de mis ojos, la cual traza una especie de dibujo similar a un eclipse, solo que en este caso, el sol sobresale por detrás de la luna. —¿Qué es eso? —pregunto regresando mi vista a su rostro. —Tócame y averigualo. —pestañeo varias veces y paso saliva nerviosa antes de poner mi mano sobre su pecho. —¿Debe de pasar algo...? —la pregunta queda en el aire cuando volteo a mirar a mi madre y ella se lleva una mano a la boca. —Oh, Dios mío. —no sé reconocer la expresión que surca el rostro de mamá, pero sí la del rostro de mi padre: orgullo. —¿Qué pasa? —vuelvo a mirar a su alteza, y no puedo evitar sentir una mezcla de miedo y curiosidad. El cabello del príncipe ha cambiado de color y no uno parecido al mío, como podría pensarse, sino a un color entre blanco y el color propio de la luna llena, además de que las líneas del dibujo parecieran que están ardiendo debajo de mi mano, cuando veo esto último retiro la mano enseguida. —¿Qué fue eso? ¿Yo lo hice? —su alteza asiente—. ¿Está bien, no lo lastimé? —él niega con la cabeza mientras comienza a abotonarse la camisa. —¿Ahora va a decirnos quién es usted? —pregunta mi madre mientras se acerca a mí, para alejarme un poco de él. Mientras su alteza se termina de arreglar la ropa, su cabello poco a poco vuelve a su tonalidad normal. —¿Yo? Voy a repetirlo una última vez, soy Théo Hoffmann, príncipe heredero de Dinamarca, y la pareja que el dios sol y la diosa luna eligen para las descendientes de su hijo cada que una nueva nace. —mis padres se miran confundidos—. ¿No leyó el diario de Arthur, excelencia? —pregunta antes de volver a su lugar en el sillón frente a mi madre y a mí. —No. Solange es la única que lo ha leído, esa fue la voluntad de mi padre. —¿Arthur menciona en su diario que él tenía una marca igual que esta en su pecho? —siento la mirada de mis padres sobre mí, pero tengo que decir la verdad. —No, nunca menciona nada sobre eso... —su alteza levanta una ceja extrañado—. Oh, no, no. En el diario él escribió que tanto su suegra, como esposa necesitaban a alguien que representará la calma de la luna para ellas, es decir, para nosotras. —Allí está tu respuesta princesa. Soy esa representación de la luna para ti. Hasta hace unos minutos quizás negaba que fueras una hija del sol, pero has reaccionado exactamente como se debe. —se levanta y camina hasta estar frente a mí, entonces me tiende su mano—. No soy quien busca hacerte daño, Solange, estoy aquí para ti... —podría ser absurdo pero tomo su mano. —¿Cómo podemos estar seguros que esto no...? —las palabras de mi madre quedan en el aire cuando mi padre la interrumpe. —¿Si es así por qué Julie no tiene alguna de esas marcas? —su alteza sonríe de manera amable. —Porque ella reparó el linaje por los antecedentes de su sangre. Su familia en algún momento de la linea sanguínea se cruzó con ser divino ¿Cierto, duquesa? —mamá le sonríe ampliamente y asiente. —¿Julie? —Fue hace muchos años y... —el príncipe no le permite seguir. —Así es, fue hace exactamente ciento dieciocho años. Momento en que la cuarta hija del sol, Alba Roussel, ella rechazó a su pareja por ambición y él renunció a su deber como pareja de una de las princesas, pero conversando un regalo divino por parte de los dioses. Él se convirtió en esposo de una de sus bisabuelas, duquesa, disculpe que no pueda recordar exactamente de quien. —los ojos de mi madre se llenan de lagrimas, mientras observa solo a mi padre. —Sin embargo, la vida se encargó de unirnos a ti y a mi, cariño. Y supongo que me convirtió en alguien acta para ser la madre de la siguiente hija del sol. —papá camina hacia mamá tan rápido como puede y la abraza como si fuese la cosa más valiosa en el mundo. —En algo tiene razón la duquesa, la vida los unió, pero no fue solo su relación con aquel caballero lo que la llevó a dar a luz a Solange, eso fue una pequeña pieza, lo que logró el nacimiento de Solange fue su deseo puro de ser madre y que su excelencia es el descendiente varón más humilde que ha existido hasta ahora. —mis padres se sonríen entre ellos, lo cual es suficiente para hacerme feliz.
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