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Pensilvania, 2017
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Laurence y Kailyn continuaban caminando bajo la sombra de árboles tan verdes que se veía surrealista, el camino al principio era tierra, pero en cuanto doblaron por una curva se volvió más estrecho con piedras. El clima bajo un poco por el viento haciendo temblar ligeramente a Kailyn, el chico de ojos verdes lo noto.
—Protégete con esto. —Laurence le dio una chamarra que tenía en su mochila.
—Gracias, Laurence.
—¿Falta mucho para llegar? —Kailyn sonrió y asintió de forma tímida. En unos segundos tuvo pensamientos tontos con el chico atractivo. Laurence pensaba que Kailyn es una persona agradable y que confió en él sin conocerlo lo suficiente, le parecía rara, pero igual creía que era agradable—. Entonces, ¿vas a comenzar el segundo año de instituto? —pregunto Laurence.
—Sí, estoy muy emocionada que termine el año y comenzar el segundo.
—¿Tienes otros amigos?
—Eeh, no soy tan conocida en el instituto. La mayoría que asisten vienen de la zona centralizada.
—¿Entonces el instituto dónde queda?
—Como a dos kilómetros, de esa tienda donde compraste hacia la izquierda porque tú llegaste del lado sur, ¿no?
—Sí, no entiendo la razón por la cual no tienes muchos amigos, eres bastante amigable y hablantina.
—Eso no es importante aquí.
—Supuse que las personas clasistas no existían en una zona tan tranquila.
—En todo lugar hay distinción de clases, puedo enseñarte algunas costumbres en Pensilvania, ¿si gustas?
—Por supuesto —dijo con timidez el chico por el cambio de ánimo de Kailyn. El camino se volvió un campo verde para ambos lados del camino.
—En cuanto el clima cambie a primavera, mi papá sembrara maíz.
—Eso se escucha genial.
—Lo es, los tractores arando la tierra, ¡Te acostumbrarás! —dijo emocionada, Laurence asintió y continuó caminando mirando el pasto verde a lo lejos—. Estamos llegando a lo que es el rancho de mi padre.
—Es muy bonito. —La casa se apreciaba desde donde estaban—. Supongo que es tu casa esa que se ve desde aquí.
—Así es. Papá prefiere tener una cerca enorme alrededor para que nuestros animales no se vallan, pero le falta la parte trasera del enorme rancho.
—¿No tienen problemas con los otros dueños?
—No, cuidamos muy bien que no se escapen del rancho, papá ha estado muy ocupado por esa razón, le ayudo. —Laurence no dijo nada y continúo caminando—. Puedes dejar tu bicicleta en mi casa para que no sea tan incómodo el camino a la enorme casa de tu papá.
—Gracias, Kailyn. —Le sonrió un poco mientras Kailyn sonreía emocionada.
La casa de Kailyn era grande y detrás de esta había otra más pequeña, de cerca se veía muy bonito.
—Es muy bonito y la casa es preciosa. —Laurence dejo su bicicleta donde le menciono Kailyn y continuaron caminando con destino a la casa del señor Michael Wood.
—Eso que no has visto todo el terreno y los animales. —Kailyn se notaba feliz con solo hablar de la vida en el rancho y de su familia.
—Cuéntame, ¿tienes hermanas o hermanos?
—Una hermana menor, su nombre es Sofía, pero le gusta que le digan Sofí, tiene diez años y es muy amable.
—Igual que tú. —Kailyn miro algo interrogante al chico de ojos verdes—. Creo que también eres alegre, son buenas cualidades en una persona. —La chica de vestido floreado se sonrojó.
—No soy eso, solo actuó como me han enseñado mis padres, tú eres misterioso y tímido.
—No soy nada de eso, suelo meterme en problemas, debo mostrarte algo. —Abrió un poco su mochila mostrando el marranito que Verónica le dio, decidió conservarlo para una emergencia, pero siempre le brindaron ayuda.
—¿Te lo dio tu n-novia? —dijo con duda, pero por dentro sintió dolor.
—No, mi mejor amiga. —Laurence sintió que no debía de darle detalles de su vida en Seattle—. Ella sabía un poco de la locura que haría y sin dudarlo me ayudo regalándome parte de sus ahorros.
—Es muy noble de su parte, ¿Por qué decidiste hacer este viaje? —Laurence se mantuvo callado y Kailyn decidió agregarle algo chistoso de ella misma—. Yo no hubiera sobrevivido tanto tiempo lejos de mi familia.
—No tengo una buena relación con mi madre y hermana.
—Oh, te presentaré a mi familia, ellos son agradables.
—¿Cómo es mi padre? —pregunto con pena.
—¡¿No sabes?!
—Era muy pequeño para recordarlo, solo he visto fotos.
—Veamos… ¿Recuerdas algo de ese viaje?
—No, mi mamá no me contaba cosas de mi niñez, por eso lo olvidé.
—Entonces debemos hacer nuevos recuerdos. —Laurence asintió—. Recuerdo que papá hizo una fiesta grande en honor al día de la cosecha… eso me lo contó mamá. Ese día te vi por primera vez, lo recuerdo porque nos tomaron una foto con ese trajecito de vaquerito y mi papá me ha contado que en esos tiempos no tenía una buena relación con el señor Wood, pero son buenos amigos. El señor Wood le ha ayudado en los peores momentos como agricultores, el año pasado nos ayudó con las ovejas.
—Supongo que aprenderé nuevas cosas, aunque estoy acostumbrado a trabajar de muchas cosas.
—La verdad es muy emocionante, pero estoy consciente que fuera de esto hay cosas mucho mejores.
—Hay cosas buenas, es difícil encontrar hijos unidos a sus padres, pero no parece molestarte en ayudarles. —Le sonrió con amabilidad.
—Trato de ser amable para que tenga el mismo trato, tal vez eso es lo que me hace diferente a las chicas de ciudad.
—Sí, todo se resuelve con ser amable.
—Como digas... Ya estamos por llegar a tu casa. —Se podía ver de lejos una casa grande y lujosa, circulada con una enorme reja. Ambos jóvenes se acercaron a la mansión color crema con techo de teja color ladrillo, un hombre alto y robusto se les acercó.
—¿Qué se les ofrece? —El hombre tenía una voz irritada al ver la vestimenta del chico, el hombre era la mano derecha de Michael Wood en la casa encargado de que todo estuviera preparado para el regreso del millonario, pero últimamente lo llegaba a molestar la pandilla de Félix Graham, eso hizo molestar a Laurence.
—No estamos interesados en robarle, estoy interesado en otra cosa, señor —dijo en tono alto y molesto.
—¿Entonces qué buscan?
—En primer lugar, no nos hable en ese tono que entendemos perfectamente lo que habla y vengo a buscar al señor Wood.
—¿Quién eres y por qué lo buscas? —pregunto con un tono irritante.
—Solo a él le voy a dar explicaciones, no a usted. —El rostro del hombre enrojeció, Laurence había aprendido de Verónica a fastidiarle la vida a las personas, le pareció gracioso porque de esa forma defendía a las personas, odiaba llegar a los golpes, pero no le importaba si podía defender a los débiles, pero él no se podía defender de Logan.
—¡No me hables de esa forma!
—Tal vez tenga razón, pero soy el hijo del señor Wood. —El hombre palideció porque el señor Michael Wood no era de hablar del tema de su vida privada con las personas ajenas a la familia.
—¿Qué estás diciendo?
—Soy Laurence Wood. —Kailyn miraba un poco molesta al chico por el tono que uso para hablar con ese hombre. Saco de billetera la identificación de la escuela porque a un no tenía una oficial.
—Lo siento mucho, Joven Wood.
—Está bien, ¿sabe a dónde fue mi padre? He venido desde lejos y quiero verlo, por favor.
—Él fue a New York porque dirige una empresa de modelos, él dijo que volvería en mayo. Deberían entrar a la casa.
—Voy a quedarme en casa de los señores Miller.
—Puedes cambiarte o asearte, les prepararé algún bocadillo —dijo con entusiasmo.
—¿Tiene ropa para mí? —El chico sintió alegría de saber que su padre le tomara en cuenta la edad que tendría en ese año.
—Sí, el señor Wood tiene muchísima ropa para sus hijos, también hay para tu novia. —Laurence sintió un poco de pena porque nunca había sido considerado como posible novio.
—No es mi novio —dijo con pena Kailyn.
—¿Quieres pasar, mientras tomo una ducha rápida y me cambio de ropa? —pregunto el chico hacia Kailyn.
—Si. —Los dos entraron, caminaban detrás del mayordomo—. ¿Así que decidiste quedarte en mi casa?
—No conozco a nadie del pueblo y me has hablado de tu padre grandes cosas y parece que él conoce a muchos. —Laurence no parecía expresar nada con su rostro.
—¡Te enseñaré el pueblo! —Se quedó callada al ver la casa por dentro—. Te debo aconsejar que debes ganarte a mi padre porque de la familia Miller es el más difícil. —Sonrió al recordar a sus dos amigas en el gallinero cuando decidieron ayudarle y todas las gallinas le siguieron asustándolas—. Hablando de otras cosas, si eres un año mayor ¿no deberías comenzar a estudiar el tercer año de instituto?
—Debería, pero tener bajas calificaciones y un viaje de meses me dejo nuevamente en segundo año, continuare cuando inicien las clases.
—Bien, entonces podemos ayudarnos. —Laurence asintió.
—Por aquí, joven Wood. Me llamo Roberto.
—Un gusto, Roberto. Discúlpame por hablarte de forma grosera.
—Discúlpeme, joven Laurence, pero han estado molestando algunos jóvenes y es la razón de mi molestia.
—Ya veremos quienes son ellos, ¿Cuál es mi cuarto? —Roberto lo llevo al cuarto de pequeño de Laurence, que solo estuvo unos días ahí, pero no lo recuerda.
—Este es su cuarto de cuanto era pequeño, es lo que me ha dicho el señor Wood. —En la puerta se podía ver “Laurence” con letras bonitas, Roberto entro mostrando un cuarto bonito—. Aquí está su cuarto de ropa. —Era un closet grande donde había ropa especial de Laurence, pero hasta el fondo se dejaban ver algunos vestidos que le pertenecían a Alice. La mirada de Kailyn termino al fondo al ver los vestidos bonitos y floreados—. Solo tiene que decirme para remodelarlo. —El chico de ojos verdes asintió y miro a Kailyn que veía los vestidos.
—Si los quieres te lo puedes llevar, nadie los usará. —Kailyn negó haciendo que el chico sonriera un poco—. Creo que eran los vestidos de mi madre.
—No puedo aceptarlos, Laurence. —El chico se acercó a los vestidos y Roberto le ayudo a meterlos en una bolsa y entregárselo a Kailyn.
—Eres conocida de mi padre, y quiero dártelo.
—Pero no somos…
—Podemos ser amigos y te lo doy como un obsequio.
—Lo tomaré, gracias. —Laurence busco playeras para llevar a casa de Kailyn.
—¿Piensas que debo llevar, para diez días? —La chica asintió—. Bien, entonces lo llevaré. —Rara vez dormía en otra casa y no sabía cómo comportarse con una chica tan bonita y llena de vida como lo es Kailyn.
—Puedo ayudarte a lavar si se pasan los días.
—Gracias, pero prefiero estar ese tiempo o menos, además yo también sé lavar mi ropa.
—Bien, puedes quedarte el tiempo que tú consideres justo.
Kailyn tenía una corazonada con ese chico de ojos verdes.
—Me siento con la obligación de ayudarte porque me has obsequiado esos preciosos vestidos.
—Está bien, ¿podrías continuar ayudándome a escoger ropa en lo que me baño?
—Por supuesto. —Kailyn se dedicó a buscar ropa mientras Laurence se sentía sucio en el baño y lloraba, al ver su cuerpo sin ropa lo primero que pasaba por su mente era asco y enojo. Tenía que pedir ayuda, de lo contrario escapar de casa no tendría sentido si él no superaba su vida en Seattle.