CAPÍTULO 26Me despertó la fuerte tormenta que estaba cayendo. Abrí un ojo y miré el despertador. Eran apenas las cinco de la mañana. Intenté volver a dormir. Al poco rato, el ruido del agua empezó a remitir. Sin moverme de la cama vino a mi memoria la imagen de Alfonso Galán. Aunque apenas hacía unas semanas que lo había conocido, me sentía apesadumbrado por su repentina muerte. Recordaba nítidamente su figura, su conversación y su cercanía. Parecía un hombre íntegro y honesto, amigo de sus amigos, a pesar de su obsesión con todo lo que tuviera que ver con Montjuïc y Barcelona. Parecía no saber hablar de otra cosa. Aun así, me había sentido a gusto en su compañía. Una pena, lo de su muerte. Absorto en mis pensamientos, finalmente me levanté y salí al pequeño balcón de mi apartamento desde

