CAPÍTULO VII Para deleite de Devona, el Conde sugirió que salieran a montar temprano a la mañana siguiente. Cabalgaron por los prados cercanos a la casa y saltaron varias cercas. Y regresaron a las caballerizas de mala gana cuando se dieron cuenta de que el tiempo apremiaba. Cuando subieron para cambiarse de ropa, Devona dudó respecto a cuál de sus vestidos para el día debía ponerse. Por fin, se decidió por el azul, ya que el blanco era más elaborado y temía echarlo a perder. Había un bonete muy bonito, adornado con pequeñas plumas de avestruz, que hacía juego con el vestido. Cuando bajó al salón, el Conde la miró con aprobación. A Devona le pareció que él también se veía muy elegante. Y entonces recordó que Lady Olga estaría presente en la comida. Sin lugar a dudas, ella se afer

