El gran salón de la mansión de Mikhail se había transformado en una corte silenciosa. Las luces eran tenues, frías, como si incluso la electricidad se sometiera a la presencia del Consejo. Una larga mesa de roble n***o se extendía en el centro. A su alrededor, hombres de traje oscuro, con relojes millonarios y miradas entrenadas para matar, ocupaban sus puestos uno a uno. Solo se escuchaban pasos, roces de tela y la vibración grave de los anillos contra la madera. Mikhail no se sentó. Se quedó de pie, con las manos detrás de la espalda, al final de la mesa, como un rey sin necesidad de corona. Su presencia llenaba el salón. No emitía palabras. No las necesitaba. A su derecha, estaba Vasily. Su asistente se levantó tras un leve gesto del jefe. Nadie necesitó presentación. — Caballeros.

