La puerta del salón principal se cerró con un crujido lento y pesado, como si hasta la madera supiera que esa noche se había dictado una sentencia. Vasily fue el encargado de despedir a los representantes del Consejo uno por uno, con una cortesía seca, sin necesidad de palabras amables. Ellos lo entendieron. Nadie preguntó por Violeta. Nadie habló de la chica. Nadie osó mirar hacia el despacho en lo alto de las escaleras. Mikhail no volvió a salir. Sergei, por su parte, se encargaba de lo suyo. Custodiar. Asegurar. Reubicar guardias, reforzar accesos, cerrar perímetros. Revisaba cámaras. Había ordenado un equipo extra en la zona del ala norte, donde se encontraba la habitación de Natalia. La mansión entera estaba en alerta silenciosa. Como un corazón de hierro latiendo lento, firme, in

