Bajé corriendo a mi cuarto y me puse el uniforme. Mientras, daba ordenes a todos mis guerreros sobre como íbamos a responder al ataque. Cogí mi arco y las flechas con punta de plata. Si una fecha de plata atraviesa el corazón de un hombre lobo, es inmediatamente mortal. En cualquier otra parte del cuerpo supone una herida grave. Ordené a María, otra de las guerreras, que cogiese su arco también. Todos mis guerreros y yo corrimos a velocidad sobrehumana al borde que nos había indicado Cas.
María y yo trepamos cada una a un árbol y preparamos los arcos. El resto de los guerreros acudieron al campo de batalla. Desde mi árbol tuve una buena perspectiva de la batalla. Cas había dicho 30, pero yo desde aquí veía mínimo 50 rogues. Cómo era eso posible. Cargué mi arco y empecé a disparar a todos los rogues que tenía a tiro.
La batalla discurría con ferocidad. Visualicé el lobo de Kayden, Ian y Cas a mi izquierda, cargando contra los rogues sin piedad. Estaban acompañados los guerreros de su manada. A mi derecha, mis hermanos y Miguel, todavía en forma humana, estaban peleando contra otro grupo de rogues. Había al menos tres rogues atacando a cada guerrero, mientras María y yo intentábamos igualar la situación. Mi mente pensaba lo más rápido posible. No era típico de los rogues atacar en manada, y mucho menos en grupos tan grandes. Tenía que haber alguien organizándolo. “Quiero al menos dos o tres prisioneros para interrogarles”, indiqué a mis guerreros a través del vinculo mental.
Electra empezó a aullar nerviosa en mi interior, lo que me llevó a girar la cabeza a la derecha. Había seis rogues atacando a Kayden a la vez. Rápidamente cargué el arco y maté a uno de los rogues. Después a un segundo y luego a un tercero. Kayden se deshizo de los otros tres. Aliviada, volví a otear el campo de batalla. Más guerreros de la manada de Kayden comenzaron a llegar, igualando los números.
Un aullido de dolor llamo mi atención. Giré la cabeza y vi a cinco rogues sobre Nico. Uno de ellos le había clavado una daga en el abdomen. Otro se abalanzó sobre Nico directo a su cuello. Lancé una flecha, atravesando el corazón del rogué. Ordené a María que disparase al resto y corrí hacia Nico. Quedaban dos vivos. Saqué las garras y los colmillos, arrancándole el cuello a uno de los rogues. Cuando me giré para atacar al siguiente rogue, ya no había uno, si no tres.
Nico gemía de dolor. Necesitaba sacar la daga del abdomen de Nico cuanto antes, especialmente si era de plata. Me coloqué delante de Nico, protegiéndole. Uno de los rogues se abalanzó sobre mí. Mientras peleábamos noté como otro me mordía el brazo por detrás. Logré sacar una de mis dagas del bolsillo y se la clavé al rogue en el corazón. Me giré, y, antes de que pudiese centrar la vista, unas enormes garras me empujaron hacia atrás haciéndome caer.
Un enorme lobo n***o me mostraba sus colmillos peligrosamente. La muerte dibujada en su mirada. Antes de que pudiese intentar defenderme un enorme lobo gris con patas blancas le arrancó la cabeza. Después, el lobo gris se colocó delante de mi en posición defensiva. Me levanté rápidamente y miré a mi alrededor. Kayden había matado a todos los rogues que me habían atacado. Sabiendo que Kayden tenía mi espalda cubierta, me incline sobre Nico.
Nico había perdido el conocimiento, pero aún respiraba. Miré nerviosamente la daga clavada en su abdomen. Era de plata. Mierda, pensé. Tenía que sacarla cuando antes, pero sangraría mucho. Me quité la camita, quedándome en mi top de deporte. Respiré hondo y, mientras agarraba a Nico con una mano, saqué la daga de su cuerpo con la otra. Borbotones de sangre empezaron a emanar de la herida. Presioné con fuerza la herida, rogando a La Diosa Luna que Nico sobreviviese. Kayden se movía rápidamente, impidiendo que nadie se acercase a nosotros.
Poco a poco la batalla se fue calmando, hasta que ya no quedó ningún rogué vivo. Juan corrió a nosotros. Se quitó su camiseta y sustituyó la mía, ya empapada en sangre.
-“Ve a por Miguel, tenemos que llevarle al hospital”.- Me ordenó Juan.
Me levanté para ir buscarle, pero antes de que pudiese moverme Miguel y Cas llegaron a nuestro lado. Miguel ayudó a Juan a cargar a Nico y se fueron rápidamente al hospital. Yo estaba paralizada. La imagen de Nico sangrando e inconsciente no abandonaba mi mente. Me miré las manos y el cuerpo. Estaba cubierta por la sangre de Nico. Las manos me temblaban sin control.
Un enorme cuerpo se paró frente mí. Levanté la mirada, apartándola de mis manos ensangrentadas. Kayden me estaba estudiando detenidamente. Parecía preocupado. Llevaba unos pantalones que alguien le había dado y no llevaba camiseta. En sus manos llevaba una toalla y una camiseta. Me tendió la toalla.
-“No es mía.”- Dije, refiriéndome a la sangre que cubría mi cuerpo.
Empecé a limpiar la sangre con la toalla que me había dado Kayden, y es cuando noté un enorme dolor en el brazo. Me miré el brazo y vi las profundas heridas que me habían causado los dientes del rogue que me había atacado. Kayden miraba mi herida fijamente. Cuando dio un paso hacia mí ,yo di un paso atrás instintivamente.
-“No es nada.”- Le dije y me giré para marcharme.
Las enormes manos de Kayden me pararon al instante. Me tendió la camiseta. Gruñí molesta. Con todo lo que estaba pasando, lo único que le importaba es que estaba en sujetador de deporte. Pero sabía que no iba a ceder y ahora mismo no tenía tiempo para discusiones estúpidas, así que cogí la camiseta y me la puse.
Kayden era el Alpha de su manada, y tenía que tomar el control de la situación. Pero yo era la líder de mis guerreros, y debía también tomar el control de todo lo relacionado con ellos. Además, estábamos aquí para ayudar a solucionar el problema de su manada con los rogues. Para eso nos había contratado. Yo era la responsable de todo lo que pasase a mis guerreros y a los miembros de la manada de Kayden. Con estos pensamientos me dirigí a Casandra, quién estaba hablando agitadamente con Ian y Luis.
-“Casandra, reporta. Qué ha sucedido.”- En el campo de batalla no había amistades. Ahora mismo no necesitaba a mi amiga, necesitaba a un soldado diligente que me explicase que había sucedido.
-“No estoy segura.”- Dijo Cas poniéndose recta y hablándome con respeto.-“La noche estaba siendo tranquila. Sin ningún incidente. Sobre las 4:45. Aparecieron tres rogues. Eran pocos, así que no dimos la voz de alarma. Cuando estábamos peleando con ellos, empezaron a aparecer más y más. Es cuando avisamos. Varios se colaron en el territorio. Eso era mi mayor preocupación. Pero…- Cas se paró, mirándome cautelosamente.- “A los 5 minutos volvieron. Llevaban a una chica en brazos. No pudimos detenerles, se la llevaron.”
Una vez más la historia no encajaba. Los rogues iban a los territorios a matar y a robar. Pero no a hacer prisioneros.
-“¿Había alguien más?”- Pregunté.
-“Apareció un chico un rato después.”- Continuó Casandra. –“No dejaba de gritar que se habían llevado a su novia y que teníamos que hacer algo. Pero estábamos peleando contra treinta rogues y no pudimos hacerle caso.”
-“¿Dónde está ese chico?”- Pregunté, mientras intentaba entender que estaba pasando.
-“No lo sé, le perdí de vista en la batalla.” Asentí.
-“ Casandra, Luis, coged a dos guerreros y buscadle.”- Asintieron y se alejaron.
Recorrí el campo de batalla estudiando la situación y ayudando en lo posible. Los mejores guerreros de Kayden se llevaron a los prisioneros a las mazmorras. El resto de los guerreros empezaron a apilar los cuerpos de los rogues muertos. Serían quemados antes del amanecer.
Un guerrero de Kayden había perdido la vida en la batalla. Había al menos 13 heridos, entre ellos dos de mis guerreros. Suspiré, masajeándome la sien. Me sentía culpable. Yo era la responsable de la seguridad y de estas personas. Les había fallado.
La imagen de Nico inmóvil y sangrando inundó mi mente.
-“Catalina”- Dijo Mark sacándome de mi propio mundo. –“¿Estas bien?”- Dijo, mirándome con un gesto preocupado.
-“Perfectamente.”- Le contesté seriamente. –“¿Qué puedo hacer por ti?”
-“Alpha Kayden me ha ordenado no separarme de ti hasta que Miguel o tus hermanos vuelvan.”
-“No necesito una niñera. Puedo cuidar de mi misma.”- Contesté molesta.
-“Yo solo cumplo ordenes.”- Dijo Mark, encogiéndose de hombros.
Miré alrededor de mí buscando a Kayden, pero no le vi por ningún lado. Suspiré con resignación. Daba igual lo que yo dijera, Mark iba a hacer lo que Kayden le había ordenado. Así que, resignada, camine hacia el hospital, seguida por Mark. Nos encontramos con Juan y Miguel en la sala de espera. Ambos estaban manchados de sangre y tenían cara cansada.
-“¿Cómo está?”- Pregunté, intentando que la angustia de mi voz pasase desapercibida.
-“No sabemos mucho.”-Dijo Juan- “Han dicho que la herida era profunda y que la plata se había extendido bastante. Le están operando ahora mismo. Han dicho que tardarán al menos dos o tres horas más.”- Asentí en silencio.
No podía quedarme a esperar, porque tenía que llamar a Marcos y a Lucas a informarles de lo sucedido, y reunirme con Kayden e Ian para estudiar la situación. Miguel quiso acompañarme, pero le insistí en que se quedase con Juan y que me informase de cualquier cambio. Al final y al cabo, yo tenía a Mark de niñera. Salí al jardín del hospital y llamé a mis hermanos mayores.
Cuando les conté a Lucas y a Marcos lo que había sucedido, se pusieron furiosos. Querían venir inmediatamente a asegurarse que Nico estaba bien y a investigar el extraño ataque masivo de los rogues. Después de un tiempo discutiendo con ellos, conseguí sacarles la idea de la mente. Estoy segura de que a Kayden no le gustaría en absoluto que otro Alpha interfiriese en los asuntos de su manada. Al fin y al cabo, aunque Nico estaba herido, el ataque había sido dirigido a Blood Moon.
Cuando por fin colgamos el teléfono, me dejé caer contra un árbol. Con la espalda apoyada en el tronco, me encogí sobre mi misma, agarrándome la cabeza con las manos. Estaba agotada. Además, sentía una enorme culpabilidad en el pecho que no me dejaba respirar. Sabía que no podía venirme a bajo ahora mismo, ya que era la responsable de todo, y debía mostrarme serena y tranquila. Debía solucionar la situación. Pero antes necesitaba calmar mi torturada mente, porque en este estado no era capaz de tomar ninguna decisión.
-“¿Estás bien?”- Levanté la vista y me encontré con la cara de Mark.
-“Si.”- Respondí cansada. –“Solo estoy intentando decidir cual será mi próximo movimiento.”
-“Igual una ducha no estaría mal.”- Dijo con una sonrisa amable, tendiéndome la mano.
La acepté y caminamos juntos hasta la packhouse. La casa estaba llena de bullicio y alboroto. La gente iba de un lado a otro con rapidez y apenas repararon en nuestra presencia. Mark me acompañó a mi cuarto. Después, se despidió para ir a darse una ducha él también. Le prometí que no me iría de mi cuarto hasta que volviese.
La ducha me sentó de maravilla. Conseguí sacar toda la sangre de mi cuerpo. Comprobé como la herida de mi brazo estaba prácticamente curada. Sonreí con satisfacción. Me puse un uniforme limpio y me recogí el pelo en una trenza. Me detuve en el espejo y me analicé. Mi cara seguía teniendo un aspecto terrible, pero al menos estaba limpia. Justo en ese momento, escuché a Cas en mi cabeza: “Tenemos al chico. Esta en el despacho de Kayden”. “Perfecto. Estáis liberados hasta dentro de unas horas, descansad.” Le indiqué.
Salí de mi cuarto. Mark ya estaba esperándome. Comencé a caminar y Mark me siguió sin preguntar. Cuando llegamos al despacho de Kayden llamé a la puerta, y, sin esperar respuesta, entré. Kayden e Ian estaban de pie, ambos tensos y con los brazos cruzados. En uno de los sofás había un chico sentado. No debía de tener más de 15 años. Tenía el pelo cobrizo y los ojos marrones. Sus ojos estaban hinchados de llorar. Su cuerpo entero estaba tenso y sus manos temblaban incontrolablemente. Estaba aterrado.
-“Alpha, Beta”. Dije secamente a modo de saludo. Kayden ladeo levemente la cabeza, pero no dijo nada.
-“Llegáis justo a tiempo.”- Dijo Ian mirándonos a Mark y a mí. -“David va a contarnos que ha pasado esta noche.”
Clavé la mirada en David. El chico no levantaba la mirada del suelo, incapaz de dirigirse a su Alpha y a su Beta. Tenía miedo de haber hecho algo malo. Me acerqué a David y me puse de cuclillas frente a él. Posé mi mano su rodilla para transmitirle confianza. David levantó por fin la cabeza, mirándome a los ojos. Intenté sonreírle, pero la sonrisa no alcanzó mi rostro.
-“David, todos nosotros queremos ayudarte. Vamos a hacer todo lo posible por encontrar a tu novia con vida, pero necesitamos que nos ayudes, ¿Entiendes?”- David asintió- “Bien, necesito que me cuentes detalladamente que ha pasado”
-“Melany y yo estábamos en el bosque. Cerca del borde norte hay un pequeño arroyo donde solemos ir por las noches. No hay mucha gente, así que podemos tener privacidad. Estábamos allí tranquilamente cuando…”- Su voz se quebró y noté como sus ojos se ponían vidriosos. Apreté su rodilla con la mano que tenía apoyada en él, invitándole a seguir.- “Cuando aparecieron cinco rogues. Intenté defenderla, de verdad, pero eran demasiados y se la llevaron. Corrí detrás de ellos. Cuando llegué al borde, vi que había muchos rogues más, y que los guerreros que estaban de guardia estaban luchando contra ellos.”- Su rostro empezó a enfurecerse. Se levantó y miro a Ian.-“ La mate de Beta Ian estaba ahí. Sabía quien era, así que acudí a ella. Pero no hizo nada, ¡¡No hizo nada!!.
David estaba gritando y señalando a Ian acusatoriamente. De la boca de Ian salió un fuerte gruñido de advertencia. David comenzó a temblar de miedo y se sentó de vuelta en el sofá. Mientras todo esto sucedía, me levanté y di un paso atrás. Kayden, Ian y Mark eran los superiores de David, y éste debía hablarles con respeto, por muy enfadado que estuviese. David volvió a mirar al suelo.
-“¿Qué puedes decirnos de Melany?”- Continué, ignorando la tensión en el ambiente.- “¿Crees que hay algo que debas contarnos de ella?¿Es posible que conociese a los rogues?¿Qué tenga algún tipo de relación con ellos?”.
David no contestó, si no que se quedó en absoluto silencio.
-“Contesta alto y claro.” Dijo Kayden usando su tono de Alpha. Cuando un Alpha usa ese tono, cualquier m*****o de su manada debe obedecerle.
-“No”- Dijo David sacudiendo la cabeza. –“Es una chica normal. Muy trabajadora y muy buena persona, jamás se metería en ningún tipo de lío. Y menos con esa gente”
Continuamos haciéndole preguntas a David durante una hora más, pero no obtuvimos nada que fuese de utilidad. Cuando vimos que el interrogatorio no iba a llevar a ninguna parte, dejamos que David se fuese.
-“Algo no encaja en este ataque. No es normal que los rogues se comporten de esta manera.”- dije mirando a Kayden, Ian y Mark.
Ian y Mark asintieron, pero Kayden mi miró con una mirada vacía de sentimientos.
-“Se supone que para eso estáis aquí, ¿No?”- Dijo mirándome fijamente- “Aunque igual no tiene sentido que sigáis aquí. Ni habéis resuelto el problema de los rogues ni habéis conseguido que reaccionemos mejor a los ataques.”
Sus palabras se clavaron como dagas en mi corazón. Mi orgullo herido me pedía que contestase a las hirientes palabras de Kayden con un ataque, pero reprimí mis ganas.
-“Pondré ahora mismo a todos mis hombres-lobo a investigar el asunto.”- dije mirando a Kayden, intentando que no se colase ninguna emoción en mi cara. Yo también sabía jugar a ese juego. –“ En el momento en el que consideres que nuestros servicios no son necesarios, nos iremos sin ningún problema.”
Ian y Mark miraban al suelo incomodos. La tensión en el ambiente era palpable. Kayden y yo nos mirábamos desafiantemente, esperando a que alguno diese el siguiente paso. Como Kayden no decía nada, decidí zanjar la conversación.
-“Si eso es todo Alpha Kayden, debo marcharme al entrenamiento.”- Y sin esperar respuesta me marché de allí.
Nada más me acerqué al hospital para ver a Nico. Ya había salido de la operación y descansaba tranquilo en su habitación. Los médicos nos dijeron que aún no estaba fuera de peligro, pero que podíamos tener esperanza. Mi estomago se retorció de culpabilidad al ver a mi hermano tumbado, pálido y mal herido. Pasé mis dedos por sus mechones rubios.
-“No es tu culpa, ¿Lo sabes no?”- Dijo Juan sacándome de mis pensamientos.
Aparté la mirada de la suya, no quería responder a esa pregunta.
-“He reorganizado todos los horarios de patrulla y de entrenamiento para que alguno de nosotros pueda estar con Nico en el hospital en todo momento.”- Dije sin apartar la vista de Nico. –“Además, he ampliado los horarios de entrenamiento y nuestros horarios de patrulla. Quiero que siempre haya al menos seis de nosotros en los bordes del territorio”.
Miguel me acompañó al campo de entrenamiento. Yo me encargaría de nuestro grupo y él del grupo de Nico y Juan. El entrenamiento discurrió con lentitud. No conseguía concéntrame. No podía dejar de pensar en lo que había sucedido esa noche.
Tenía que llegar al fondo de todo este asunto.